Adentro del tinglado, unos 50 feriantes ofrecen productos de la chacra, frescos y a buenos precios. Conviven con los vendedores de productos no comestibles que se ubican en torno al predio y que transforman el paisaje en una gran feria a cielo abierto. La feria crece en vendedores y en cantidad de clientes, aunque la crisis económica se siente en las ventas, aseguran.

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Posadas (Martes 24 de julio). La Feria Franca de Itaembé Miní, con unos 50 productores dentro del tinglado y un número incierto de vendedores que se ubican en las inmediaciones del predio, ofrecen cada sábado una propuesta pintoresca pero a la vez, una alternativa económica para las economías familiares. La feria crece en oferta y en demanda y si bien el sábado –por la mañana- es el día más concurrido, también funciona los miércoles por la tarde.
Público y feriantes no ocultan la alegría en torno a esta feria “quizás porque es un lugar donde encontrás productos frescos –lo mismo sucede en las 14 ferias de Posadas- o porque nos recuerda la vida en las chacras, con los productores trayendo lo mejor que producen para acercar a nuestra mesa”, ensayan a modo de respuesta.
Esta Feria comenzó como una idea de una comisión vecinal, hace ocho años, y despacio se fue consolidando para convertirse en esta gran feria que si bien se congrega en torno a la venta de alimentos que se produce en as chacras misioneras –los feriantes están dentro del tinglado-, ofrece una amplia variedad de productos, desde indumentarias a ollas o cosméticos, por citar un ejemplo, desde las inmediaciones de la instalación principal, en la intersección de la calle 164 y la avenida 147, al lado de la iglesia Jesús Misericordioso.
Miércoles y sábados, el lugar se transforma, aunque todavía los sábados son los días de más movimiento: los productores comienzan a llevar desde El Soberbio, Panambí o Gobernador Roca, con los alimentos que producen o elaboran en forma artesanal, para esta feria. Y las ventas en este espacio constituyen, en la mayoría de los casos, la única entrada de dinero a las economías familiares mientras que en otros son el ingreso principal.

“Convivimos bien, feriantes y vendedores”

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Carmen Sotelo es la encargada de la Feria Franca de Itaembé Miní. Es evidente que le gusta esta feria cuando resume la historia, de doce años, de un espacio que no para de crecer y que es capaz de convivir con los vendedores ambulantes que superan en cantidad a los puesteros que están dentro del tinglado. “Pero convivimos todos, nos damos una mano, porque ellos necesitan de nosotros y nosotros de ellos. Entre todos, hacemos de esta feria una gran propuesta para la zona”, aunque muchas veces llegan a comprar desde otros barrios.
El predio donde funcionan es un comodato del Iprodha y la infraestructura, cómoda y en crecimiento, se construye con fondos propios. La Asociación de Ferias Francas de Posadas funciona igual para los 14 lugares donde están emplazados. Son más de 480 productores que pagan una cuota societaria de cien pesos, más cien pesos por día, por las mesas donde participan con sus ventas. Con ese dinero, en el caso de la Feria de Itaembé Miní, construyeron el predio que va mejorando mes a mes. Ahora cerraron un costado, para ofrecer más comodidad, y piensan avanzar con el resto del cerramiento, después que mejoraron los baños y una suerte de depósito que tienen. También pagan los servicios y la limpieza del predio.
“Comenzamos hace ocho años. Nos dieron entonces Salón el Bicentenario –el edificio cultural ubicado a una cuadra- donde comenzamos con diez mesas, es decir, con diez productores. Era una feria bastante chica pero como funcionaba bien, con más feriantes nos pasamos a la Escuela 806 para estar de manera provisoria durante un mes; pero estuvimos tres años”, resume Carmen Sotelo, detrás de sus frascos de envasados con los que participa, también, como feriante.
La Feria comenzó a crecer y fue el momento de buscar un nuevo lugar, sin irse del barrio. A través de una Cooperativa lograron que el Iprodha les ceda en comodato el espacio donde están funcionando, y que crece semana a semana. “Acá empezamos sin nada. Solo el terreno y la buena ubicación”. Pronto llegó el piso, el techo y el predio comenzó a tomar forma. “Ahora somos cerca de 50 feriantes que estamos los miércoles y sábados”. Los sábados, la zona se transforma en una gran feria a cielo abierto, con vendedores de todo tipo, alrededor del tinglado de la feria franca. “No sé cuántos son afuera; a veces me parece que hay más de 60 puestitos”, y rescata la posibilidad de que todos puedan trabajar.

-¿Viene mucha gente?
-Impresionante. Cada vez más. Como hoy, que en un momento estaba quieto y de golpe se llenó. Cada vez vienen más a comprar. Los miércoles era una prueba y están respondiendo, pero los sábados siguen siendo los días de más movimiento. Y la verdad que crece y la gente está contenta.

-¿Por qué gusta tanto esta feria?
-A todos les gusta. Los clientes se ven muy contentos porque llevan productos frescos; no escuché quejas. Acá vienen, compran, se encuentran con sus vecinos, charlan. Se hacen amigos y clientes de los productores y compran. Muchas veces también nos piden referencias o consejos y sabemos cómo orientarlos para encontrar los productos que buscan. Hasta ahora no hubo quejas.

-Las ferias francas surgieron en contexto de crisis. Y esta feria empieza a crecer de manera notoria en estos momentos. ¿Incide la crisis económica actual?
-Sí, totalmente. Cada vez hay más vendedores tanto adentro como afuera de la feria. Yo creo que es por la crisis, porque a la gente no le alcanza y recurre a la feria para comprar y a la feria para vender. Pero con los vendedores de afuera trabajamos en conjunto, en convivencia. Ellos están acá porque necesitan vender y nosotros también, así que entre todos hacemos que esta feria sea grande y con muchas propuestas. Nos damos todos una mano. Ahora no sé cuántos puesto hay afuera: comenzaron 20 pero creo que ahora debe haber más de 60 y eso sigue aumentando. Afuera tampoco no hay más lugar. Esto ayuda a las economías familiares, de todos; los que vendemos, ya sean feriantes o vendedores y de los que compran.

“Vendo entre 20 y 25 kilos de caburé”

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El verde es el color que predomina en la feria. Las verduras de hoja pintan el espacio desde cada mesa pero entre medio, están casi todos los productos de las economías regionales de Misiones.
En un rincón, al lado de las escaleras de ingreso, suena unos parlantes desde el puesto de Alcides Alfredo Acuña y su hijo, que cada sábado venden de 20 a 25 kilos de caburé, una comida típica del Paraguay fuertemente arraigada en Misiones: es una suerte de chipa de almidón cocida a las brasas en torno a un palo de madera.
“La verdad que acá vendo mucho y vendo bien. Cada semana son entre 20 y 25 kilos de masa que se convierten en caburé y se vende todo. Esta feria es muy importante para mi economía familiar; cuando empezamos había menos, la mitad de lo que vemos ahora pero creció mucho”, confirma Alcides. Junto a su esposa, y con la ayuda de su hijo, viven solo de la venta de este producto aunque no venden solo en la feria sino que están, también, con un puesto fijo de ventas y un carrito en la Costanera de Posadas. Pero es el sustento familiar, asegura, del que también vive parte de su familia, aunque con otras unidades de producción. “Nos dedicamos a esto, porque funciona”, aseguró.
Hacen su propia masa y se muestran contentos y orgullosos de su producto y de la respuesta que tiene en la feria.

“Traemos carnes: gallinas, pollos y cerdo”

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Sandra y Maitri también son feriantes conocidos en Posadas. Viven en la colonia laosiana frente a Itaembé Guazú donde producen carnes y derivados que venden en la feria: carnes de pollo, gallinas y cerdos y elaboran chorizos y milanesas, que ubican en pocas horas, “aunque se está vendiendo mucho menos que antes”.
Por el tiempo que les demanda, relegaron la producción de jengibre y venden lo que produce un vecino, así disponen de tiempo para la producción de carnes. El matrimonio y su hijo de 14 años trabajan para producir alimentos.
“Hace 12 años que estamos en la Feria. Comenzamos en la Chacra 32/33 pero soy hija de feriantes. Con 13 años ya iba a vender a la feria de Villa Cabello, porque mis padres son fundadores de esa feria, en 1998, así que siempre me moví en este ambiente”, cuenta Sandra.
La familia vive de lo que vende en las ferias, aunque tienenalgunos pedidos de carne en forma particular. “Toda mi economía familiar depende de acá. Trabajamos mucho y no tenemos otro ingreso, así que por un lado estamos agradecidos con la feria y también contentos, porque nos gusta mucho este lugar. Somos feriantes orgullosos”, aseguran.
“Empezamos hace 12 años con gallina, después pollos y después chancho y empezamos a vender de a poco, y vendemos bien. En la granja trabajamos con mi esposa y mi hijo que tiene 14 años ayuda con darle de comer a los animales. Funciona bien esta feria aunque la venta, en este momento, mermó bastante. No sé por qué, pero se vende mucho menos. Cuando la gente cobra mejora un poco, pero después cuesta más vender o compran más poco”, ilustra Maitri, mientras Sandra vende carnes, a su lado.
“Hace dos años las ventas eran muy buenas pero en nuestro caso comenzó a decaer un poco. Se vende de todas maneras, siempre ingresa algo aunque no como antes. Yo creo que la crisis tiene mucho que ver”, dicen.

“Dulces y mermeladas de la fruta que te imagines”

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Susana Morenate vende envasados, desde hace 20 años y llegó a la Feria de Itaembé Miní hace cinco años. “Me dediqué a esto como una salida laboral. Trabajé en otros rubros pero encontré en esto la manera de sustentar los gastos familiares. Hago dulces y tortas artesanales también, algo de repostería. Comencé en el centro, en la vereda de la entonces Casa Tía como artesanos ya hora estamos acá en la Feria, muy contentos con el lugar”.
“Es una maravilla este lugar. Si bien estoy en las Ferias desde hace 20 años, antes en Villa Cabello pero no participaba. Hace cinco años llegué a esta feria que es una belleza lo que se vende, la gente, los productos frescos y a actitud que tienen todos. Yo creo que la respuesta de los clientes tiene que ver con que saben que todo es fresco, y que se elabora y se prepara para cada día de venta”, cuenta, entusiasmada.
La mesa se destaca con los frascos de distintos colores y diferentes tamaños. ¿Qué hay adentro? Todos productos naturales si conservantes: pickles, pepinillos, escabeches de berenjenas o de lengua; coliflor “y el tipo de mermeladas que te imagines, de todas las frutas de estación. Hago dulces en almíbar o mermeladas y dulce de leche casero”, cuenta.
Susana y su esposo, Reinaldo, trabajan juntos en este emprendimiento. Están conformes y si bien no es el único ingreso familiar, aseguran que podrían vivir solo de esto sin ningún problema. “El ingreso económico que representa esta feria es muy importante para mi economía familiar, es mucho lo que nos representa. Si tenés una buena producción, como me ocupo de tenerla, siempre se vende bien y voy invirtiendo el dinero que saco para tener siempre un buen surtido. A nosotros nos resulta, nos va bien económicamente. No digo que me voy a hacer millonaria pero no pasamos necesidades” aseguró.
Aunque no produce la materia prima con la que elabora sus envasados, compra la mayoría de los productos en la misma feria. “Con mi hermana producimos la miel de yatei, que tiene propiedades medicinales y es muy buscada. A otra miel traemos de Cerro Corá. La verdad que me gusta lo que hago, fabrico mis cosas de manera permanente y los clientes lo valoran. A mí me gusta mucho este lugar”.

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