Solo Posadas tiene más de 480 puestos de productores en sus 14 ferias francas. Para la mayoría de ellos representa el único ingreso de dinero. Venden menos, aseguran, pero crece la demanda de puesteros y la cantidad de clientes.

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Posadas (Martes 24 de julio). Las 14 ferias francas que funcionan en Posadas albergan a más de 480 familias que comercializan sus productos, de miércoles a domingo, en distintos puntos de la ciudad. Son, en su gran mayoría, colonos productores que viven exclusivamente de los ingresos que generan las ventas en estos espacios.
El sábado, Misiones Plural recorrió los puestos de la feria franca de Itaembé Miní (al suroeste de Posadas), una de las más concurridas de la ciudad donde los productores de distintos puntos de la provincia llegan dos veces a la semana para vender: miércoles por la tarde y sábados por la mañana.
Las verduras de hoja, en su gran mayoría, llegan de la zona de Gobernador Roca; los lácteos, algo de carne y panificados, desde El soberbio y desde más al sur, desde Panambí, los chorizos ahumados, carne de cerdo, yerba mate y té, harina de maíz y maní, por citar algunos productos. Entre medio, miel; envasados dulces, agridulces y salados; caburé, tortas fritas, pan casero y pasta frolas; huevos, rapaduras, chorizos, planchetas para cocinar y hasta sillones tapizados para niños: son los socios de la Asociación Civil Feria Franca de Posadas que producen mayoritariamente todo lo que venden.
Para la mayoría de ellos, la venta en las ferias representa el cien por ciento de sus ingresos. De esto viven. “Para mí, la Feria es todo; hace 18 años que vengo a Itaembé Miní y con lo que generamos acá hicimos estudiar a nuestros hijos y seguimos viviendo. Se siente que las ventas cayeron mucho pero es lo único que tenemos y hay que seguir remando”, dice Gustavo Ibarra, del kilómetro 8 de El Soberbio, agradecido con la Feria y todavía entusiasmado, pese a que no vende como antes.

“Para muchos es la única forma de vida”

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José Villasanti.

José Villasanti, el presidente de la Asociación Civil Feria Franca de Posadas, ratifica que para muchos, para la mayoría de los cerca de 485 feriantes productores que vienen a vender a la capital misionera, de estas ventas salen sus sustentos familiares. “Para muchos que es la única forma de vida, el sostén, el día a día con lo que sostienen a la familia, con lo que mantienen a sus hijos. Por eso, llueva o haga frío, siempre están en sus puestos porque se preparan toda la semana para venir, ese día, a vender sus productos”.
Villasanti asegura también que pese a que se siente la crisis, las ferias crecen en todo sentido: hay una lista de espera de medio centenar de productores que esperan espacios para entrar o empujan la creación de nuevas ferias para poder llegar con sus producciones. Pero también crece la demanda: es más la gente que viene a comprar, pero compran poco, apenas lo necesario.
A principio de mes es cuando más venden, y va mermando a medida que avanzan los días; hay semanas con altibajos, donde a veces venden muy bien y otras no tan bien, dice los feriantes y ratifican los dirigentes.
“El posadeño viene porque le conviene en cuanto a precio y calidad, pero también viene a las ferias porque tiene muy claro que con sus compras ayuda a un misionero que la rema durante toda la semana y que traen un producto sano y fresco a la feria. Eso también tenemos que destacar”, dice.
La lista de espera para poder participar de las ventas va creciendo, “pero no tenemos espacio; el productor que entró a la feria no se va más y pide más espacio para su hijo que ya armó otra familia y que ya tiene otra unidad productiva. Es así: el que entró no sale más”, enfatiza Villasanti.
Pese a que en los últimos tiempos Posadas abrió dos ferias nuevas, los pedidos de las comisiones vecinales también aumentan y van analizando la posibilidad de que los lugares sigan creciendo. Para ser parte de la Feria, tienen que ser productores; “hay mucha gente desesperada por trabajar y les tenemos que dar una oportunidad; solicitan sus espacios, presentan sus producciones y en algún momento tratamos de ir a constatar lo que presentaron para que no traigan productos de mercado, que sabemos que un poco entra, pero no mayoritariamente”.
La Asociación sin fines de lucro tiene personería jurídica y no depende del Gobierno aunque cuentan con un fondo provincial que recibe la interfería, de unos seis millones de pesos, que se distribuyen en todas las ferias de la provincia y que se destina a la compra de insumos y para mejoras edilicias.
“Acá tenemos muchos gastos; todo hacemos frente nosotros, con cien pesos de cuota societaria mensual y cien pesos por mesa los días de la feria. “Hay que pagar todo, pero aún así, bien administrados, sobra para ir arreglando o mejorando las instalaciones, como las que se ven en Itaembé Miní. Acá la demanda es creciente en todo sentido. Con esta crisis va a aumentar más todavía: las ferias nacieron en un tiempo de crisis; no queremos que nos toque de nuevo esa situación sino que trabajamos para que les vaya bien a todos”.

“A principio de mes se vende bien”

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Matías Prochazka viene a la feria, desde Gobernador Roca, desde hace tres años. “Los miércoles y los sábados traigo mis productos para mis clientes. Casi todo, es verduras de hoja y citrus, a buenos precios, muy competitivos”, asegura.
Al igual que la gran mayoría, Matías y su familia (sus dos padres) viven exclusivamente de lo que producen en a chacra y venden en la feria. “Para nosotros es rentable, si. Mis padres y yo estamos en casa y producimos casi todo; un poco viene a la feria y otro poco va a Puerto Iguazú, pero vivimos de esto. El ingreso que deja la feria es muy importante para la economía familiar: es todo; y sobre todo, porque es lo único que sabemos hacer”.
Matías es uno de los productores jóvenes, con apenas 22 años. Si bien tuvo la oportunidad de estudiar, prefirió dedicarse a la chacra porque es lo que le gusta, dice. “Y porque da resultado. A principio de mes la cosa anda mejor, siempre, y va disminuyendo a media que nos acercamos a fin de mes. De todas maneras, la verdura se vende todo el año, aunque va cambiando la verdura”.
Respecto a los precios, el cliente está conforme, asegura. “Por ahí estaba acostumbrado a que llevaba tres cebollitas por diez pesos y ahora no podemos vender así. Ahora está cinco pesos cada cebollita, pero entienden que todo sube y se adaptan al precio nuevo. Antes llevaban dos plantas de lechuga por 15 pesos y ahora llevan dos plantas por 25 pesos. Todo sufrió un ajuste, ya sea la acelga o la mandioca, que fue sufriendo un ajuste lento, también para no asustar a los clientes”.

-¿Qué vendés bien ahora?
-Todo lo que sea para una sopa: con el frío sale más el zapallo, la cebollita, mandioca, perejil y acelga. Cuando hace calor, salen las hojas para ensaladas.

-¿Todo lo que vendes es producción propia?
-Casi todo lo que traigo es mío; a veces completo con la producción de los vecinos.

-¿Cuánto dinero generás en la feria?
-A veces, no siempre, me quedan tres mi o cuatro mil pesos libres los sábados, que es cuando mejor se vende, pero no siempre. Eso, descontando los gastos de combustible, desayuno o almuerzo, y los costos de la Feria. Un día bajo, te llevás 1500 o 2000 pesos libres. Por lo general se vende todo lo que se produce, pero no siempre; depende de la semana: a veces te sobra, según la altura del mes y la época del año. Pero yo vendo, no tengo quejas. Siempre me compran.

-¿Te gusta esta feria?
-Sí, me gusta esta feria, me adapté y la verdad que la conozco y me gusta mucho; acá me siento bien. Tengo clientes que vienen a mi puesto, que buscan lo que yo traigo.

-¿Los precios son todos iguales? ¿Están regulados?
-No, para nada. No hay precios sugeridos; cada uno pone sus precios, y cada uno se ajusta a sus necesidades. Si a vos te cierra vender tres cebollitas por diez, lo vendés. A otros no les cierra esos precios.

“Produzco casi todo lo que vendo”

danielDaniel trae, desde Panambí, carne de cerdo, yerba, queso, miel, poroto; “lo que puedo traer, traigo. Produzco casi todo lo que vendo, en su gran mayoría”, asegura. Está en esta feria hace quince años.
“Arrancamos acá, en Itaembé Miní, y desde hace 12 años estamos también en Villa Cabello. Venimos desde Panambí solo los sábados: su esposa va a la feria de Villa Cabello y Daniel se instala son su pequeña hija, como ayudante, en Itaembé Miní.

-¿Qué representa esta feria para su economía familiar?
-Esta venta para nosotros es todo. Si bien también planto tabaco prácticamente lo dejamos de lado ya. Lo que produzco en la chacra comercializo todo; vendo todo en la feria. A mí me resulta. Allá la carnicería no me paga bien y acá le saco un poco mejor y vendo bien; siempre te queda algo, pero no me quejo. Yo carneo un cerdo y un ternero por semana. Depende la semana suele andar muy bien.

“Los precios suben y bajan, no sólo por la inflación”

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Marcelo Pilach.

Marcelo Pilach también es de Gobernador Roca. Con su esposa, consiguieron un puesto hace poco en la feria y como al resto, las ventas representan todo su ingreso familiar. “Yo vivo de esto; esta feria me lleva el pan a la mesa. Los miércoles va a la feria de la Chacra 32/33 y los sábados a la de Itaembé. También, como a la gran mayoría, le gusta mucho el lugar. “Soy hijo de colonos, de productores y yo también produzco”.
“Mis ventas dependen de mi producción. Todo depende de la cantidad de producción e influye tener una cadena productiva para tener un ingreso que te pueda solventar. Todo es gasto, hay que invertir para sacar tu ganancia y poder vivir. Más producís, más ganas”, resume.
Marcelo asegura que le es rentable y que piensa seguir dedicado a producir alimentos para vender en la feria. Si bien produce casi todo, admite que también compra algo a los vecinos y trae para vender, para poder tener variedad, “para completar lo que no puedo producir porque si traes poco, se vende poco y si tenés variedad, llama más la atención y se mueve más el puesto”.
Produce verduras de hoja, mandioca y cuando faltan productos como zapallitos o tomate, en esta época, los productos son más caros “pero el público responde bien. Se nota, si, la altura del mes: a principio de mes la gente anda tranquila con plata en la mano. Mes adentro, se nota la situación y pelean los precios, cosa que a principio de mes no pasa, cuando la gente tiene, te dice “dame-dame”. A fin de mes, te piden un morrón, una cebolla, y cuesta un poco más vender todo lo que traes. Es bien marcada la época. Pero siempre se compensa”, asegura.
Los precios suben y bajan, no solo por la inflación. Cuando falta zapallito, sube el precio: “estaba en 10 o 15 pesos y ahora esté entre 35 y 50 pesos el kilo. El tomate ahora cuesta 40 o 50 pesos el kilo, pero es por el clima y cuesta más producirlo. La lechuga bajó porque los productos para ensalada salen poco en invierno. El resto, anda muy bien”, define.
Marcelo asegura que seguirá dedicándose a esta actividad. “Siempre trabajé en esto y vengo de una familia de productores”, dicen, conforme y contento con la tarea que realiza.

“Con esta feria criamos a nuestros hijos”

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Gustavo Ibarra.

Gustavo Ibarra viene a Itaembé Miní desde hace 18 años, desde El Soberbio (del kilómetro 8, hacia el lado de San Vicente, aclara). “Empecé acá y vengo cada quince días”.
En estos 18 años, asegura, crió solo con el ingreso de la feria a sus hijos. “Les dimos los estudios y vamos a seguir hasta que nos aguante el cuerpo. Es importante lo que genera esta feria en el ingreso familiar, es todo, aunque ahora mermó mucho, no se si por los precios o la inflación, pero a la gente no le alcanza el dinero y vendemos de a kilitos”, dice.
El ejemplo: “antes vendíamos 35 lechones por semana; ahora traje cuatro y todavía tengo uno sin vender, pero siempre esto es una platita que entra”. Gustavo y su familia salieron hace cerca de 24 horas de El Soberbio, porque van dejando productores por las ferias del camino, “repartiendo gente; todos los sábados es igual”.
Llegan en camión, pese a que está prohibido el transporte de personas en camiones. Pero los diez productores que padecen esta situación gestionaron colectivos u otros vehículos pero no logran solucionar el problema. Cada sábado, dice, terminan alquilando un camión por ocho mil pesos (800 pesos por productor) y así llegan a vender.
Ahora, su familia está compuesta por dos hijas y ellos dos. Viven de lo que les ingresa en la feria. “El precio anda bien; nosotros nos ajustamos a la economía y no abusamos con los precios; sabemos que la cosa está muy difícil y la gente pregunta mucho los precios antes de comprar. En enero, el kilo de cerdo vendíamos a 120 pesos y ahora vendemos a cien, pero porque cuesta más. Tuve que bajar el precio a pesar que todo subió”.
Traen lácteos, mandioca, dulce de caña y sus derivados, carnes, panificados y producciones anuales, como naranja, mandarinas o maní. “Siempre una u otra cosa, pero siempre tenemos algo para traer. No da para quejarse, se vende; la gente busca, colaboran, deja de ir a un mercado o boliche de barrio para comprar a los feriantes, porque sabe el sacrificio que hacemos”.

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Feria Franca de Itaembé Miní.
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Feria Franca de Itaembé Miní.
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