Las organizaciones sociales se constituyeron en las protagonistas de las marchas contra los tarifazos. Son los que ponen la gente en las calles. Desde el aprendizaje de la pobreza concreta aprendieron que la interlocución por los reclamos y la respuesta estatal no está disociada del color político del Gobierno. Saben por quién jugar en octubre. Se diferencian así de los que comabatieron a Cristina y hoy a los gobernadores homologándolos con Macri y se diferencian de la izquierda que lleva al espacio público la lucha de clases. Las lecciones de la historia explican razones por los que algunos movimientos se desvanecen mientras otros tienen éxito. No basta con resistir, es necesario disponer de una idea clara de un proyecto alternativo, que seduzca a los del otro lado.

Posadas (Viernes, 11 de enero) Organizaciones sociales se movilizaron ayer en Posadas contra los tarifazos. Marcharon en horas de la tarde y se concentraron sucesivamente frente a las oficinas de Samsa y Electricidad de Misiones, para culminar en un acto en la plaza 9 de Julio. De espaldas a la Casa de Gobierno y ante unas dos mil personas, oradores de las organizaciones y de partidos políticos centraron su rechazo a los aumentos de las tarifas en los servicios de agua, luz y trasporte.
Estuvieron presentes en el acto las agrupaciones: la CTEP, Frente Patria, Movimiento Evita; Barrios de Pie; Patria Grande. Converger; Libres del Sur. CTD Aníbal Verón y CCC que son los que movilizaron la mayoría de los manifestantes, que por volumen se puede afirmar fue una de las más numerosas que se registraron en Posadas en los últimos tiempos. Si bien los medios coinciden en que en la Plaza hubo dos mil personas, en las marchas por las calles y avenidas de la ciudad llegaron a participar el doble. Al acto se sumaron además de la CTA y ATE Verde y Blanca como organizaciones sindicales, los partidos de la izquierda dura, Comunista, PCR, PO y el emergente de la CTA, Unión Popular, la Juventud del PAYS y la Multisectorial contra los tarifazos que coordina la Defensoría del Pueblo. No se sumaron en Misiones, ni la Multisectorial 21F, ni camioneros, ni Ctera, ni las 62 Organizaciones Peronistas,que fueron los convocanters en Buenos Aires.
Más allá de esas deserciones que tienen una lectura política, el contraste entre los discursos pronunciados por los dirigentes barriales y políticos, dispara el interrogante sobre la significación y el protagonismo que han ganado las organizaciones, digamos piqueteras, en la dinámica política argentina que en Misiones no se registra con la misma centralidad. De todos modos, es una observación fáctica, que si los movimientos sociales no se manifiestan los partidos y sindicatos que ayer compartieron el palco dejan al desnudo su escasa gravitación en la calle.
Hablamos de contraste en los discursos, porque:
1. La dirigencia de las organizaciones no desvió sus reclamos contra los tarifazos y apuntaron directamente a las políticas neoliberales de Macri. Incorporan además el valor de la unidad de los vecinos para fortalecer reclamos. Pero en sus discursos se desliza cierta disociación con trasferir la lucha del campo popular a la política.
2. Condicionados por su anti-kirchnerismo militante durante doce años, ATE y su expresión electoral, Unión Popular, se ven obligados a huir hacia adelante. El ex candidato a gobernador Chito Pasaman equiparó al gobierno nacional “que se puso de rodillas ante el FMI con el gobierno provincial que se puso de rodillas ante Macri”. El objetivo: apuntar contra Passalacqua. Terminó pidiendo aumento de sueldos para los empleados estatales en un plaza colmada de desocupados.
3. Quien fuera presentado como “representante de la Juventud de Pays” por la maestra de ceremonias (ver aclaración al pie de la nota) fue, lo menos que se puede decir, improvisado. Dividió a los argentinos entre políticos, que dijo son 3 o 4 mil y los otros somos millones. Desde un partido político responsabilizó de todas las plagas a los políticos. Nada dijo de las corporaciones, del poder permanente, del económico, del mediático ni del imperialismo, ni del tabaco ya que es del Pays. También su objetivo fue responsabilizar a Macri y a Passalacqua de igual a igual.
4. Desde la cosmovisión de la izquierda, la crítica incluyó también al kirchenrismo por no denunciar la deuda como ilegítima, razón por la cual se explicó la ausencia de Unidad Ciudadana en el acto. Los discursos de las representantes del PO y el PCR, coherentes con la izquierda anti-sistema, revalorizan el espacio público ante las instituciones, lo que quedó resumido cuando afirmaron que “no importa el resultado de octubre, aquí seguiremos estando. Aquí es la plaza, la calle, el espacio público”.
La posición de las organizaciones sociales y de la izquierda dispara debates, mientras la insignificancia de los otros no quedará en los registros.

DEBATE 1: En la plaza se manifiesta la lucha de clases

La izquierda, la dura, la verdadera que cuestiona al capitalismo lejos de las posiciones progresistas de los partidos que llaman “burgueses”, aunque en Misiones no moviliza como en los grandes centros urbanos, está poniendo sobre la superficie la convicción de que la salida de la crisis no podrá prescindir de la calle como categoría democrática. Se asume que, fundamentalmente desde el proceso de desindustrialización perpetrado por Martínez de Hoz con la fuerza de las armas de Videla, dejó a varios trabajadores sin ocupación. La categoría “calle” o “plaza” o “ruta”, cortadas y colmadas de gente, es para la izquierda la continuidad de la lucha de clases que antes se libraba cara a cara con el capitalista en el seno de la fábrica.
Rescatamos en este sentido formulaciones del filósofo y militante de izquierdas, Néstor Kohan, que afirma precisamente que es “en los espacios públicos donde se libra la lucha de clases. En declaraciones a nuestros periodistas en 2002, después del que se “vayan todos”, al sostener esa interpretación a la vez denuncia la visión dicotómica de la sociedad, que en el afán de revalorizar lo público ante lo privado, terminan por idealizar la plaza como símbolo.
En esa oportunidad destacó que “en los 80, se puso de moda en el plano de la filosofía la teoría de Jurgen Habermas de la defensa del espacio público, a nivel filosófico, que equivaldría al ámbito de la razón pública. Un espacio para el consenso, para el diálogo, para la libre discusión racional, por oposición al posmodernismo que era antirracionalista, que elogiaba al mundo privado al mundo de los fragmentos. Y se puso de moda esta supuesta alternativa de defensa del espacio público como un ámbito incotaminado donde todos somos iguales y podemos discutir libremente nuestras posiciones. Y me parece que también en el ámbito filosófico el espacio público, la esfera pública que surge históricamente en Europa con la Modernidad, está sujeta a la lucha de clases. No hay un ámbito puro incotaminado, donde todos somos iguales y todos podemos intervenir desde una situación de igualdad como plantea Habermas. Hay un crítico cultural inglés, Terry Eagleton, que le hace un cuestionamiento muy fuerte en un libro justamente sobre la función de la crítica cultural en el mundo contemporáneo. Cuestiona a Habermas y le cuestiona esta idea del espacio público como ámbito de la razón pública, incontaminada, igualitarista. Dice no hay un espacio público que esté al margen de la lucha de clases”.
Desde Kohan, que tiene una vasta bibliografía sobre marxismo y su relectura desde una visión latinoamericana, queda claro que la impronta de la izquierda anti capitalista no discrimina ni ve diferencias entre los partidos “burgueses” que dirimirán en octubre sobre la continuidad del modelo neoliberal. Para su cosmovisión, los reformistas son lo mismo.

El documento anti-tarifazo

El documento de los manifestantes de ayer entregado en la Casa de Gobierno y en la Municipalidad, denuncia “la determinación gubernamental de favorecer a las grandes empresas vinculadas a la oferta de servicios públicos.” Incluyó además como víctimas del tarifazo a “las cooperativas, empresas recuperadas y, en general, las pequeñas y medianas unidades productivas y de servicios –que son las que emplean el mayor número de mano de obra en nuestro país– (que) ya no pueden hacer frente a las facturas.” Después de un pormenorizado detalle de las próximas subas en servicios, el documento advierte que “estamos frente a una fracción rapaz de la clase dominante que, incluso, no duda en disciplinar a sus antiguos socios en el bloque de poder con los mismos argumentos judiciales con los que persigue a una parte de la oposición.”
Los organizadores no dieron por agotado el reclamo en la marcha de ayer sino que convocaron a realizar marchas en todo el país los jueves y adelantaron “no nos resignamos ni levantamos bandera blanca y seguiremos en las calles movilizados hasta derrotar la política del hambre y el ajuste. Decimos no a la reforma laboral. Decimos no a la reforma previsional. Decimos no al tarifazo. Basta de atropellos contra el pueblo argentino.”

DEBATE II: Definir claramente lo que se quiere

Como la izquierda, también las organizaciones sociales se quedan en la calle. Pero tienen otra impronta ligada a las movilizaciones sociales y las protestas que tienen en la Argentina una larga tradición.
La consolidación progresiva del régimen democrático y la vigencia del Estado de derecho vinieron acompañadas de una presencia importante de la protesta en la vida política.
La aparición de organizaciones populares por fuera de los sindicatos y de los partidos, se fortalecen en las respuestas del día a día. A diferencia de los anti que van por todo, consideran a la gestión política de los reclamos como aspecto central de una respuesta estatal democrática a los conflictos sociales. Sienten, digamos en los estómagos de sus hijos, que el Poder Ejecutivo puede abrir o, por el contrario, puede obturar las respuestas a las demandas de los manifestantes. No son entonces indiferentes a octubre.
Se diferencian así de las izquierdas e incluso de los que no saben diferenciar entre Macri y Cristina ni entre Macri y los gobernadores. La interlocución sobre los reclamos de fondo que el Poder Ejecutivo esté dispuesto a tener con quienes protestan es un aspecto de gran relevancia que no debe quedar desdibujado en el debate sobre la respuesta estatal a las protestas sociales.
Existen claros motivos por los que algunos movimientos languidecen y se desvanecen mientras otros tienen éxito, y los activistas han de tomarse en serio las lecciones del pasado. Para realmente tener impacto, un movimiento se debe consolidar en un proceso que debe definir el cambio que se quiere efectuar, definir exactamente lo que se quiere que suceda.
Este paso es común en todos los movimientos exitosos, desde la abstención del yrigoyenismo y el 17 de octubre en nuestro país, como la independencia en el movimiento pacifista de Ghandi y el fin del régimen del apartheid en Sudáfica.
Pero, ¿cuál fue el objetivo de las marchas contra el tarifazo? Claramente se opone a determinadas políticas y marcan al gobierno de Macri como enemigo, pero debería preguntarse qué cambio pretenden generar.
La necesidad de un propósito claramente articulado queda en evidencia cuando se examinan los movimientos que fracasaron. Para no entrar en polémicas internas que desviarían el sentido de la observación, vale señalar los fracasos en los movimientos anti-globalización que acompañaron con disturbios a cada realización del G-20 a excepción del organizado en Buenos Aires. También el movimiento Ocupa Wall Street que tenía bastantes quejas, dirigidas sobre todo al poder opresivo de las corporaciones, pero nunca avanzó más allá de sus consignas. ¿Quién recuerda esa movida que entusiasmó tanto a la izquierda argentina?
No basta con resistir, es necesario disponer de una idea clara de un proyecto alternativo.
Una revolución no empieza con una consigna, sino con una clara visión del cambio que se quiere impulsar. Es cierto que un plan de cambio amplio no tiene la capacidad de unificar a los movimientos como las cuestiones específicas como las tarifas. Es lo que genera una tensión difícil de resolver, la resistencia une, pero la lucha por el poder divide. La lucha es también cultural. Por eso, se necesita más que privaciones económicas, el descontento social y las ambiciones frustradas para cambiar un Gobierno. Para ligar a los descontentos y las aspiraciones de clases sociales muy diferentes tiene que existir un cuerpo unificado de ideas, un vocabulario común de esperanza y protesta. El camino hacia la conformación de una alternativa no consiste en formar una coalición basada en torpes compromisos sino en profundizar en sus valores con una claridad tal, que persuada a otros a unirse a la causa. Los imperios caen no porque la gente se oponga a ellos, sino porque se encuentran con que sus apoyos internos del propio poder se han erosionado. Es decir que la tarea es convencer a otros para que cambien de bando, lo que demanda romper la tendencia discursiva de demonizar al otro. Y es aquí donde muchos encuentran obstáculos para superar su marginalidad. La táctica de la grieta renuncia a plantear un escenario positivo con tácticas positivas.
La calle visibiliza, demanda, pero siguiendo los ejemplos históricos, el peronismo se puede decir que nació desde el Estado. Las masas el 17 de octubre no inventaron un líder, se movilizaron para restituir a Perón en el poder. La calle necesita alianzas en Palacio. Sin alianzas al interior de las instituciones los cambios son inviables.

 

 

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Aclaración: Una vez difundida la nota se comunicó con la redacción Martín Sereno, Diputado y referente del PAyS, desconociendo a quien había tomado la palabra en nombre de su partido. “Como referente del PAyS rechazo los dichos vertidos usando nuestro nombre y desconozco a quién haya sido presentado, en esa oportunidad, como representante de nuestra juventud. No tuvo ni tiene relación alguna con el partido. Es una falta de respeto que se tomen ese tipo de atribuciones”, aseveró Sereno.

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