Hoy, 25 de enero, se cumplen 22 años del asesinato de José Luis Cabezas, reportero gráfico de la revista Noticias. Sus colegas de todo el país convirtieron su muerte en la mayor lucha por la libertad de expresión. Reproducimos un texto de Gabriel Michi, su colega y amigo, que trabajaba con Cabezas cuando fue asesinado, en 1997. Michi imagina que Cabezas, hoy, “estaría muy preocupado por la situación que se vive en Argentina, con más de 3000 puestos laborales en el oficio que se perdieron, un cerrojo claro para la libertad de expresión, porque buscan callar miles de voces”.

Por Gabriel Michi.
José Luis se instaló para siempre en mi mente, como una música de fondo que me acompaña todo el tiempo. No reniego de eso, aunque sí me sigue doliendo, y mucho, lo que pasó. Extraño a ese fotógrafo que lo único que estaba haciendo era su laburo mediante una cámara, buscando revelar y combatir a ese poder oculto y mafioso concentrado en el empresario Alfredo Yabrán, el mismo que tenía vínculos con el ex presidente y actual Senador nacional Carlos Menem; y que, además, estaba rodeado de un ejército de custodios entrenados con las represalias de épocas de la dictadura militar.
José Luis logró ponerle rostro a todo eso.
Las movilizaciones sociales en defensa de la libertad de expresión fueron fundamentales para que crímenes como el suyo no sucedieran nunca más en la Argentina. Mi compañero y amigo era un apasionado por las fotos, le encantaba y hacía su trabajo a conciencia. De hecho, todas nuestras charlas se trataban de eso, siempre pensábamos cómo seguir haciendo un periodismo responsable. Sentíamos una adrenalina especial cuando investigábamos al poder, era nuestra militancia. Sabíamos que corríamos riesgos, pero nunca imaginamos que todo terminaría de la peor manera.
Estoy seguro que él estaría muy preocupado por la situación que se vive en Argentina, con más de 3000 puestos laborales en el oficio que se perdieron, un cerrojo claro para la libertad de expresión, porque buscan callar miles de voces. Puedo verlo, con esa sensibilidad tan suya, sufriendo a la par de todos.
Hoy se cumple otro 25 sin él, 22 años de que nos lo quitaron, aunque José Luis nos vaya a acompañar toda la vida en el compromiso de buscar la verdad.
Ahí, es donde siempre va estar presente.
Ahí, es donde siempre lo vamos a encontrar.

“Ninguno de los diez condenados está detenido”

Gabriel Michi, compañero del fotógrafo, repasa en esta nota publicada por Pulso Noticias, los últimos días compartidos en Pinamar y destaca aspectos de la vida íntima de este reportero gráfico que se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad de expresión.

cabezasLa historia de José Luis Cabezas es triste y conocida: después de fotografiar a Alfredo Yabrán en las playas de Pinamar, por orden del empresario y con colaboración de la Policía Bonaerense, un año más tarde, el 25 de enero de 1997, el reportero gráfico fue asesinado a pocos kilómetros de la localidad balnearia. Allí se encontraba realizando la cobertura de verano para la Revista Noticias, junto a su compañero Gabriel Michi, periodista que mantiene viva la memoria de su amigo muerto hace a 22 años.
“Lo que pasó con José Luis es como una música de fondo en mi vida que suena todo el tiempo, pero cuando llegan los aniversarios se me movilizan muchísimos recuerdos, entre ellos los años de lucha por la búsqueda de justicia”, dijo Gabriel Michi a Pulso.
Una lucha que continúa, ya que ninguno de los diez condenados por el crimen está detenido. Al autor material de los hechos, Gustavo Prellezo, el ex policía que acribilló a Cabezas con dos tiros, no sólo se lo benefició en su momento con la prisión domiciliaria y con la libertad condicional, sino que ahora se le permitió matricularse como Abogado en Capital Federal. “Estamos peleando para que se le retire la matrícula, como ya pasó en provincia, teniendo en cuenta que la condena se le termina en 2022”, explicó Michi.
En su libro “Cabezas, un periodista, un crimen, un país”, siendo protagonista directo, Michi abordó en profundidad el trasfondo político y judicial del caso. Entre otras cosas, en su investigación pudo comprobar que, más allá del suicidio del empresario, el imperio de la familia Yabrán sigue intacto, tanto como en los 90. “Lejos de lo que piensa todo el mundo, la familia se pasó a otros rubros y siguen manteniendo una fortuna impresionante”, dijo el periodista.
Tan protagonista es Michi de esta historia, que la noche en que Cabezas fue asesinado, juntos habían asistido a la fiesta de cumpleaños del empresario Oscar Andreani. Gabriel se fue del evento un rato antes que José Luis, que al retirarse fue secuestrado por la banda de “Los Horneros”.
“Durante la investigación del caso recibí amenazas telefónicas y me dejaban balas en la puerta de mi casa. El tema es que hace uno con el miedo. Por mi compromiso con José Luis, lo transformé en energía para poder dar pelea”, explicó Gabriel Michi a Pulso.
La enorme reacción que tuvo la prensa como así también la sociedad, resultó fundamental para que en nuestro país no se repitiesen casos como el de Cabezas. El pedido de justicia y la necesidad de no olvidarlo siguen vigentes. De hecho hoy, en diferentes puntos del país, se realizarán actos en su memoria: “esto es fundamental para que José Luis sea el primero y el último”, dijo Michi.

Un apasionado por su trabajo

Más allá del símbolo que representa José Luis Cabezas, su amigo también trata de recordar lo que fue como persona: su pasión por Independiente, su disfrute de desayunar con su familia los domingos – todos juntos tirados en la cama viendo las carreras de Fórmula 1 -, lo jodón que era, lo cabrón que podía volverse cuando se ponía de mal humor, y su pasión por la fotografía.
“Era un reportero gráfico, pero tenía una gran combinación artística. Se divertía mucho con el laburo, y siempre decía que era un afortunado porque hacía lo que más le gustaba y encima le pagaban por eso”, concluyó Michi.

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