El activista social Jorge Víctor Ríos rescata el valor y el contenido del Día de la Mujer y lo aleja del sentido comercial de la fecha, para que no parezca que el compromiso social termina con la felicitación o un regalo, “neutralizando con mi ignorancia cómplice ese legitísimo reclamo de igualdad”, dice. Hoy ratifica sus palabras con este texto que lleva por lo menos tres años en sus redes sociales.

Por Jorge Víctor Ríos.

Posadas (8 de Marzo, Día de la Mujer). Sería insultarlas si hoy a las mujeres les deseara un feliz día. Sería negarles el derecho a ser felices todos los días, no por ser distintas, sino por ser iguales. Y eso implica, digámoslo con todas las letras, deshacernos de la maldita idea que una mujer vale menos que un hombre (como un homosexual vale menos que un heterosexual, como un negro vale menos que un blanco, como un pobre vale menos que un rico). Es increíble, pero eso creemos como sociedad.
Sería insultarlas si hoy a las mujeres les regalase chocolates o flores (o una licuadora). Sería no querer darme cuenta de que les debo el compromiso de hacer todo lo posible para acompañarlas en la lucha contra esa bestia sutil que es el machismo. Porque a nosotros no pretenden confinarnos al “hogar”, porque a nosotros no nos pagan menos por el mismo trabajo, porque a nosotros no nos obstaculizan los espacios de poder, porque a nosotros no nos socavan el autoestima, porque a nosotros no nos culpan si nos violan. No por el hecho de ser hombres.
Sería insultarlas si hoy me preguntase por qué no hay un día del hombre. Sería no querer darme cuenta de que ser feminista (es decir, defender la igualdad entre el hombre y la mujer) requiere coraje, esfuerzo y compromiso, mientras que ser machista (es decir, defender la predominancia del hombre) sólo requiere crecer en esta sociedad. Y entonces no tendría que avergonzarme por ser poseedor de esos privilegios indignos.
Sería insultarlas si intentase halagarlas diciendo que son las encargadas de dar vida, de traer belleza y delicadeza al mundo. Eso sería más desconocimiento que reconocimiento, porque ellas hacen eso, sí, algunas, a veces, pero también hacen y pueden hacer tantísimo más.
No, no habría en sí mismo nada de malo en decirles feliz día, regalarles una licuadora o decirles que son seres hermosos. Lo malo sería creer que mi deuda con ellas termina allí, neutralizando con mi ignorancia cómplice ese legitísimo reclamo de igualdad.
Prefiero aprovechar el día de hoy para decirles que cuentan conmigo para esa lucha.