Ante el proceso electoral que mañana abre los tiempos al proselitismo, el diputado Wellbach rescató las virtudes de la ley de lemas que, observó se está convirtiendo en un instrumento de participación de la más amplia diversidad cultural de una sociedad que ha cambiado y busca nuevos canales de legitimación institucional. Las minorías, los movimientos feministas, sociales, religiosos, entre otros, integran sublemas para pelearla desde adentro sin delegar la representación.

Miércoles, 17 de abril de 2019. Las listas de candidatos en los municipios inscriptos en sublemas recién quedarán oficializadas mañana por el Tribunal Electoral según lo establece el cronograma referenciado en la fecha del 2 de junio. Mañana también, a 45 días de las elecciones, se hablita el inicio de la campaña proselitista.
Aunque hay que esperar la oficialización, el lunes pasado quedaron habilitados los sublemas del Frente Renovador de la Concordia, de la Alianza Cambiemos que va con el nombre de Juntos por el Cambio, y del Frente Popular Agrario y Social con el Pays como columna vertebral. De todos modos, recién el lunes vence el plazo para que los lemas que no tienen sublemas registren sus candidatos en los municipios. Es decir que faltan los nombres que postulará el Partido Obrero de Misiones que, como se sabe es el único que lleva una candidata mujer a la Gobernación.
Sublemas: la representación de la diversidad
El proceso electoral que mañana se abre a la sociedad con la oferta de los frentes y partidos, ya sobre la superficie, tiene en Misiones la particularidad de la vigencia de la llamada Ley de Lemas, que habilita la elección simultánea de la primaria de candidatos dentro de cada partido con la elección entre partidos en los municipios. Además de permitir ahorrar recursos, como todo sistema tiene fortalezas y debilidades. Una de las ventajas que ya hemos señalado en notas anteriores es la canalización de una mayor participación electoral desde las bases o representaciones directas de la sociedad…
Las críticas, fundamentalmente formuladas desde los partidos tradicionales, se centran en que, en lugar de contener fomenta la fragmentación y la amplitud ideológica que expresa cada sublema debilita las identidades partidarias.
Esta crítica, que se volvió consigna de diferenciación en la UCR y también en el PRO, pone precisamente en cuestión el viejo dilema de la dirigencia, no sólo política o sectorial, sino en cualquier organización social. Tiene que ver con el ideologismo y el fetichismo republicanista, es decir la creencia de que la letra escrita expresa una verdad permanente y fantasmagórica, independiente de los intereses, de la defensa de derechos y de los cambios que se registran en las sociedades. Como dijimos en la nota de referencia, se podría afirmar que la ley de lemas tiene una correspondencia con los cambios que se vienen produciendo en la sociedad muy diferente a la que tenía construcciones de pertenencias con los partidos tradicionales del siglo XX a los que adhería identitariamente y muchas veces por tradición familiar.
¿Qué hacer frente a esos cambios? La dirigencia está condicionada siempre en la toma de decisiones por dos imperativos que muchas veces aparecen contradictorios. Si la sociedad está fragmentada, se expresa en la más amplia diversidad, se mueve por intereses asociados a sectores, minorías o clases, la dirigencia se enfrenta ante el dilema de asumir la representación como mero emergente de las demandas y a la vez conducir desde convicciones y encuadres doctrinarios. Es un tema. En muchos momentos críticos, los grandes conductores parecieran que quedan solos. La historia y aún la construcción de la renovación están atravesadas de esos momentos. Vale recordar un concepto de Raúl Alfonsín: “si la sociedad se derechiza los radicales debemos prepararnos para perder elecciones”.
Como en la cancha se ven los resultados, aquí en Misiones, sin negar esas tensiones, la ley de lemas es innegablemente un instrumento adecuado para el momento histórico.
Ricardo Wellbach que viene recorriendo toda la provincia desde la doble función de legislador nacional y dirigente político, rescata varios aspectos y beneficios de la ley de lemas.
Ante todo se subraya la apertura que genera en los partidos y movimientos como la Renovación ya que prácticamente impide las roscas y las complicidades de los aparatos para postular siempre a los mismos candidatos. Se puede decir que abre cursos de participación por fuera de las castas de directivos que se apropian de los resortes y del manejo de los comités.
Pero Wellbach observa también como un fenómeno de legitimación institucional de la más amplia diversidad cultural. Por ejemplo, las minorías, que pelean siempre desde los márgenes del sistema democrático, están viendo en la ley de lemas la posibilidad de dar un salto cualitativo en sus organizaciones y formar o integrar un sublema para pelearla desde adentro. Aunque no lleguen hoy a consagrar sus intendentes o sus concejales, dan un paso fundamental en la lucha por la defensa de sus derechos.
La misma apertura se genera en los jóvenes que se nuclean como Juventudes de sus partidos. Ya no necesitan el permiso de la cúpula para conformar su propia agrupación y someterse al veredicto de las urnas. La Renovación puede llegar a consagrar intendentes con menos de 30 años de edad.
También hay muchos movimientos sociales que decidieron romper con la delegación de sus representaciones. Si son los que movilizan, los que diariamente están en contacto con la gente, la ley de lemas los habilita a formar su propia propuesta.
Sin dar nombres, alcanza con repasar los sublemas de la Renovación para comprobar que hay organizaciones de profesionales, artistas, obreros y religiosos dispuestos a dar el paso a la política.
Salto de la cantidad a la cualidad.
El lunes quedaron habilitados a participar 627 sublemas en toda la provincia sumando los tres frentes. ¿Es mucho? ¿Es poco?
Hay analistas que se escandalizan con la cantidad al punto de que arriesgan promedios que son inapropiados. No se puede dividir la cantidad de sublemas por los 76 municipios, porque quedan afuera otras variables, como la cantidad por ciudad y fundamentalmente la relación de los sublemas con el total de la población del municipio.
Para una sociedad tan diversa y fragmentada por los cambios estructurales en la economía, y en el que los movimientos feministas, los piqueteros, desocupados, los religiosos, obreros organizados y precarizados, profesionales y artistas vienen ganando las calles y las plazas de la provincia, que en Posadas, haya 26 sublemas no parece un despropósito desde las ganas de la gente de participar.
Los debates políticos ganados por la confrontación de extremos parece haber perdido la capacidad de mantener cierto el sentido de las proporciones.
Existe una relación dialéctica entre cantidad y calidad que fue observada por los clásicos de la filosofía política. Se trata de una relación clave para la crítica de los enfoques positivistas que niegan la existencia de saltos en la sociedad.
Desde esta figura dialéctica del cambio de cantidad en cualidad permite se puede comprender la adaptación de la política a los cambios que ya se registran en la sociedad. Seguir pensando en que el peronismo expresa la justicia social y representa al movimiento obrero organizado y la UCR expresa a la clase media, fundamentalmente la profesional, es perder la noción de la nueva sociedad que busca otros canales de participación. Las identidades con los partidos tradicionales se han diluido en la medida de esos cambios estructurales. La ley de lemas, en este contexto puede aportar canales de construcción de nuevas identidades, más líquidas, como dice el filósofo, pero con más perspectiva de movilidad.
Desde esta perspectiva la cantidad de sublemas habilitados que mañana deberán ser oficializados por el Tribunal Electoral refleja una realidad social que no es reflejada por los partidos tradicionales. Por eso, cuando lo hora de los discursos deja lugar a la necesidad de acción, los más críticos del sistema se encuentran que les abre posibilidades de superar sus conflictos internos y dirimirlos por fuera de las estructuras. Que la alianza PRO – UCR – Puerta presente 231 en 76 municipios, más allá de la contradicción con la prédica demagógica, es una imposición de la realidad.