La Iglesia advirtió ayer que la crisis está afectando el empleo y que ya pega en la clase media. Aunque admite que existe una pobreza estructural configurada en la Argentina desde hace décadas, observa que el desempleo viene aumentando. En un documento difundido ayer salen al cruce también de las promesas de campaña al reclamar que los dirigentes expliquen cómo piensan generar empleo.

Jueves, 2 de mayo de 2019. La Conferencia Episcopal Argentina, no dejó pasar la significación del 1° de mayo y en un documento que difundió ayer salió a reclamarle al Gobierno nacional por la falta de trabajo. Aunque admite que la pobreza estructural en la Argentina está configurada desde hace décadas, revelan que “no podemos dejar de percibir muchas señales de pronunciamiento de la crisis de nuestros vecinos y vecinas” y destacan que “esto se traduce en un marcado aumento de desempleo y precarización laboral, una fuerte falta de ingresos y un desánimo social. La persona que no trabaja está herida en su dignidad, siente que está de sobra, que está descartada”. Y señalan también los obispos que la crisis que pega en la clase media impacta considerablemente en los sectores más humildes”.

El documento:

Es urgente combatir el desempleo

Jesucristo dedicó la mayor parte de los años de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero. Así anunció el “Evangelio del trabajo”, que habla de la dignidad de cada trabajadora, de cada trabajador. El trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, por eso hay que combatir la plaga del desempleo.
Los curas y las religiosas que vivimos y trabajamos en las villas de la zona metropolitana sentimos la necesidad de hacernos eco de lo que vive la gente de nuestros barrios.
Sabiendo la situación de pobreza estructural desde hace varias décadas, no podemos dejar de percibir muchas señales de pronunciamiento de la crisis de nuestros vecinos y vecinas.
Esto se traduce en un marcado aumento de desempleo y precarización laboral, una fuerte falta de ingresos y un desánimo social. La persona que no trabaja está herida en su dignidad, siente que está de sobra, que está descartada.
La crisis que pega en la clase media impacta considerablemente en los sectores más humildes. Así, han bajado mucho las changas. Muchos pobres viven de trabajos que hacen en hogares de clase media: refacciones, pintura, albañilería, plomería, servicio doméstico. En esto ahorran y disminuyen la oferta laboral las familias afectadas por esta crisis. Todo esto hace que decaiga el desarrollo de la economía popular y el cooperativismo.
A causa de esto, surgen problemas comunitarios en el seno de las familias, en la convivencia barrial y en el andar de los jóvenes.
Nuestras hermanas y hermanos no vislumbran un panorama alentador hacia el futuro, lo cual lleva a la desesperanza y a la desesperación. Las organizaciones sociales ayudan a contener a los que quedan afuera del sistema. Se gana así en seguridad y en inclusión.
Nuestro pueblo humilde sabe de sufrimientos y tiene experiencia de sacrificios. Estos barrios obreros tienen menos dosis de individualismo comparado con otros sectores sociales. Somos testigos de experiencias de salvación comunitaria, donde rompiendo las barreras del egoísmo la comunidad se hace cargo del sufrimiento del hermano. Se da así una solidaridad natural que lleva a encarar juntos el esfuerzo por salir adelante. Al compartir los dolores, se los asume mejor. Así se vive aquí esta crisis.
Nosotros sabemos también de la buena voluntad de varios funcionarios y personas influyentes. Pero estamos convencidos de que hay que dar pasos contundentes para mejorar la vida de los sectores más postergados de la sociedad. Es urgente resolver el tema del desempleo.
Los planes sociales son necesarios en momentos como este, pero no tenemos duda de que lo fundamental es recuperar un empleo digno para las familias más desfavorecidas.
La dignidad del trabajo resucita a personas y a familias caídas en nuestra sociedad.
Cuando hay más trabajo, se produce un círculo virtuoso. Se puede llevar el pan a la mesa y la familia reunida vive con más dignidad. La falta de trabajo provoca lo contrario. El signo de la inclusión es la oportunidad laboral.
Pensamos que familias que vienen de generaciones de exclusión se cruzan hoy con gente que viene de generaciones de prejuicios. Se agranda así la brecha entre ricos y pobres.
Sólo la cultura del encuentro es el camino en el que los más favorecidos deben ser sensibles con los que menos tienen, combatiendo así la exclusión en la que viven muchos de nuestros vecinos.
Resulta doloroso ver que mientras unos se dedican a la especulación financiera, muchos pierden el trabajo.
Es conveniente que quienes gobiernan la Argentina actualmente o en el futuro expliquen cómo piensan generar empleo. También sería muy bueno plantear propuestas para la economía popular, en la cual se mueven muchos de los vecinos y vecinas de nuestros barrios.
En este día especial, ponemos en manos de Dios a nuestro pueblo que necesita trabajo genuino. Lo pedimos por medio de la Virgen de Lujan, de San José Obrero y de San Cayetano.
Buenos Aires, 1° de mayo de 2019.