Los dos proyectos de país en pugna quedaron explícitos en el contraste de las palabras pronunciadas por el Presidente de la República y el Arzobispo de Tucumán en el Día de la Independencia. Mientras Mauricio Macri llama a consensuar las transformaciones de su gobierno, el obispo Carlos Sánchez replicó que la Independencia nos llama y nos interpela a construirnos como Casa Común, y sostuvo que “el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo”. Y denunció que se está acrecentando la dependencia

Martes, 9 de julio de 2019. Un marcado contraste de los sentimientos por la Patria que tenemos los argentinos, como lugar de pertenencia por la construcción de vínculos socio – históricos quedó hoy en evidencia en Tucumán, donde se celebró el acto central por el Día de la Independencia.
Mauricio Macri, en un discurso de fuerte impronta electoral, no dudó en comparar a su gobierno con los próceres del Congreso de Tucumán. Pero no mencionó la palabra a independencia, la cualidad de independiente ni la condición de un territorio que no depende de nadie, habló en cambio de “transformación”. Para Macri la independencia fue una transformación similar a la que hoy encara su gobierno y de alguna manera rescató el concepto de la angustia de los próceres por romper con España, como hilo conductor de su esquema de interpretación de las luchas por la independencia.
En la otra vereda, el arzobispo de Tucumán, Carlos Sánchez, en la homilía del tedeum, en el que no participó el Presidente, representado por la vice Gabriela Michetti, rescató el sentido de la independencia asociado a la construcción de la Patria,
Consideró “la Independencia como símbolo que “nos llama y nos interpela a construirnos como Casa Común, como casa de familia y hogar; capaces de integrarnos como un único pueblo”.
El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo”.
La Patria, la Casa Común y el Pueblo
El informe de AICA destaca que “el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, presidió el tedeum por el 9 de Julio en la catedral Nuestra Señora de la Encarnación, en la que invitó a poner la mirada en la Casa Histórica donde se juró la Independencia como símbolo que “nos llama y nos interpela a construirnos como Casa Común, como casa de familia y hogar; capaces de integrarnos como un único pueblo”.
“El prelado invocó la misericordia de Dios para que “sigamos construyendo la Patria de hermanos que soñamos” y exclamó: “¡Cuánto nos falta todavía!, la Patria unida, la Patria fraterna en justicia, equidad y paz”.
“Pidió no confundir el mandato de la paz del Evangelio con “un simple acuerdo de partes, como silenciamiento de los gritos sofocados de tantos sufrientes y víctimas de injusticias y exclusiones, como si fuera ‘una paz de cementerios’”.
“Hay muchas formas de atentar contra la paz, quizás nuevas o antiguas formas de violencias que aunque no aparezcan en los medios, están minando la paz, están socavando la amistad social”, advirtió ante autoridades nacionales y provinciales.
“El presidente Mauricio Macri no participó de la acción de gracias por la Patria en Tucumán, aunque sí lo hizo la vicepresidenta Gabriela Michetti y funcionarios del gabinete nacional.
““El solo hecho de que una franja cada vez más amplia, generaciones enteras, parezcan condenadas a vivir con menos de lo mínimo, sin trabajo, sin acceso real a la educación, a la salud, a la vivienda digna, sin acceso a la justicia; eso, es también violencia. Aunque no se manifieste, es el grito silencioso que no se puede expresar porque parece no haber esperanza de que las cosas cambien”, puntualizó.
Y agregó: “Es la inequidad, a la que lamentablemente parece que nos hemos acostumbrado y que se viene instalando hace ya décadas en nuestra provincia y en todos los rincones de nuestra Patria a la que hoy reconocemos como Independiente y soberana”.
“Parece ser que el hecho de haber nacido en una zona más próspera que otra otorgue más derechos que a los que les ha tocado ver la luz en zonas más inhóspitas, sin poder disponer de los bienes de la sociedad. Hoy más que nunca, dadas las prácticas deleznables de la mala política y de la corrupción, vemos la pobreza no como una desgracia o una maldición sino que más bien parece como una decisión de unos cuantos que instrumentalizan cruelmente esa misma condición dolorosa de nuestra gente para mantener o acrecentar el poder y la dependencia… ¡En un país independiente!. Así, la paz parece más frágil, más lejana”, sostuvo.
“Monseñor Sánchez aseguró que “una forma excelente de alcanzar esa paz es garantizar el sano funcionamiento de esas instituciones de la democracia” y profundizó: “El verdadero equilibrio e independencia de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, no podemos darlo por supuesto. No se da de una forma automática. Hace falta honrar esas instituciones con una conducta nueva”.
“Asimismo, consideró que “otro camino que hay que recorrer es el diálogo maduro y sincero entre los distintos sectores políticos, que se privilegie en respeto a las personas, que pueda darse con valentía el espacio para la escucha mutua, que antes de descalificar personas, se puedan proponer y discutir ideas”.
“Es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones. El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural”, precisó citando al papa Francisco.
“El arzobispo tucumano recordó que “el anuncio de paz no es el de una paz negociada, sino la convicción de que la unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades”, e indicó: “Supera cualquier conflicto en una nueva y prometedora síntesis. La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una «diversidad reconciliada”.
Exhortó también a no olvidarse de las generaciones nuevas, al afirmar: “Si somos responsables, nos daremos cuenta de que somos nosotros, los adultos los que debemos abrir caminos, formar una nueva dirigencia, un nuevo liderazgo, inspirado en estos principios republicanos que nos hablan de derechos y deberes fundamentales para construir día a día el Bien común. La educación en los valores fundamentales de la persona humana para vivir con dignidad y en sociedad”.
“Quizás sea el momento de reflotar un camino que iniciamos hace unos años atrás desde la Iglesia, abierto a generaciones jóvenes de partidos políticos, sindicatos, periodistas, empresarios, docentes. Fue lo que llamamos Escuela de Formación de Líderes, con una buena repercusión en nuestro medio y hoy más que nunca es más que útil, más bien urgente”, propuso.
“No olvidemos que la responsabilidad es de los adultos, desde la dirigencia sea política, social, sindical o empresarial, y hasta de nosotros como pastores, el compromiso indelegable es la ejemplaridad. Sin ese aporte de ejemplo real y concreto de espíritu republicano, respetuoso de las personas, respetuosos de la vida, de toda vida, sobre todo la de los más vulnerables, no podremos alentar a los jóvenes, que vienen avanzando como futuros factores del Bien común en la vida cotidiana”, añadió.
El prelado señaló que “una sociedad que ama y defiende la vida de todos, especialmente la de los más pequeños y frágiles, desde la concepción y en todas las etapas y circunstancias del ser humano, es la sociedad que puede conocer la paz y dar la paz a las generaciones futuras”.
“Nuestros congresales pensaron en nosotros por eso fueron valientes y esforzados para que hoy seamos libres. Recibamos dignamente ese legado”, sugirió.
Monseñor Sánchez recordó que “los hombres de fe de nuestra Patria queremos aportar al bien común de nuestra querida Argentina los valores trascendentes y evangélicos de nuestra profesión, agradezco la presencia de los hermanos de distintas religiones y denominaciones cristianas en este Te Deum y esta presencia es compromiso de ser Nación en diálogo y comunión fraterna, todos hijos de Dios y, para los no creyentes, todos sin excepción, hijos de esta bendita tierra Argentina y por tanto hermanos”.
“Invocamos a la Virgen de la Merced, nuestra madre, celestial protectora de nuestra Patria y que mucho tuvo que ver en la Independencia, para que nos alcance del Señor la luz, la decisión y el coraje de ser una Patria de hermanos que viven y se comprometen por la vida, la justicia y la paz”, concluyó
Consenso sin vuelta atrás
Antes del Te Deum, el presidente Mauricio Macri participó del acto central de la Día de la Independencia junto al gobernador Juan Manzur. Los dos rescataron la trayectoria democrática de Fernando de la Rúa.
Con la campaña electoral como telón de fondo, el discurso del Presidente estuvo enfocado en hacer un paralelismo entre la decisión de los congresales de 1816 y la situación actual del país. “Acá empezamos a caminar nuestra historia. Acá tomaron una decisión de la que no había vuelta atrás, decidieron que estaban listos para hacerse cargo de su futuro, confiar en sus capacidades y construir de cero una nación sin depender más que de ellos mismos”, indicó.
“Hoy vemos a nuestros próceres inalcanzables, con una fuerza sobrenatural, algo que nos parece que nosotros jamás podríamos ser, pero no son muy distintos a los argentinos de hoy”, señaló y destacó: “Eran personas con diferencias e incertidumbres”.
“¿Piensan que era fácil tomar la decisión de separarse de España? se jugaban mucho, su destino, el de sus familias. Nunca es fácil llevar adelante una transformación tan grande y cambiar de raíz lo que estuvo arraigado por años, décadas”, señaló.
Siguiendo el guión de las semejanzas, agregó. “yo veo a esas mujeres y esos hombres de 1816 muy parecidos a los argentinos de hoy. Ellos cambiaron el futuro, igual que nosotros. Ellos no pensaban igual en todos los temas, pero tuvieron la grandeza de ver más allá de las diferencias y hoy la Argentina nos exige ese mismo paso de grandeza”.
Y continuó: “Ellos sabían que había dificultades y que muchos se oponían y que iba a costar muchísimo, igual que nosotros; ellos actuaron desde la convicción, sabían qué querían defender para sus vidas y qué no querían nunca más, igual que nosotros; ellos sabían que era sólo el comienzo, solo el comienzo, igual que nosotros; ellos lo hicieron sabiendo que pasara lo que pasara esa transformación iba a estar acompañada por las palabras “para siempre”, no hay marcha atrás cuando se deciden valores innegociables”.