Un famoso dicho, de esos que se repiten muchas veces sin pensarlos, expresa que una imagen vale más que mil palabras. En literatura no hay nada más falso. Todo depende de cuáles sean esas mil palabras para darles un valor y compararlas.

1-Cuando el escritor devenido en crítico o columnista de arte, de seudónimo Quintín, fundador de la revista El Amante y ex director del festival Bafici (antes cine independiente, ahora un poco de todo) empieza la reseña de Tres truenos, libro de La misionera Marina Closs (editorial Bajo la Luna) ganador Del premio Del Fondo nacional de las artes, lo primero que hace es hablar de la foto de solapa: “miremos la foto de la solapa (una herramienta muy útil para hablar de la obra de un escritor que se desconoce). En esa foto, Closs se tapa la parte inferior de la cara con las manos y el pelo, pero deja al descubierto una sonrisa que tiene algo del inapresable gato de Cheschire. Pero ¿cuál sería la astucia de Closs en relación con la pose adoptada ante el fotógrafo? Creo que Tres truenos se apoya en una conjunción de dos elementos contradictorios, como la intención de ocultar la cara y, al mismo tiempo, dejar descubrir detrás del gesto una mirada incisiva. Como si Closs jugara a ser otra en dos dimensiones opuestas: la que se esconde y la que se muestra con elocuencia, que es exactamente lo que hacen sus tímidos y locuaces personajes”.

tres-truenos-de-marina-closs-D_NQ_NP_694515-MLA30648517766_052019-F

2-No me gustan los álbumes de fotos, cuyas páginas, generalmente páginas de plástico, solía pasarlas, cuando existían, cuando se revelaba, a mucha velocidad para terminar de no encontrar nada. La foto para mirarla quiero tenerla, sostenerla, moverla inclinarla, mirar su reverso para ver si hay notas, anotaciones, sellos, signos de tacto. Prefiero guardarlas desordenadas en un cajón que ponerlas ordenadas en un álbum o digitalizadas en una PC, a menos que nunca hayan sido reveladas, hablo de las fotos de antes, las de papel.

3-Pedro Mairal ya lo declaró: El cuerpo, en la carrera de un escritor, sirve sólo para posar de vez en cuando en las fotos de prensa.
Personalmente, dijo, prefiero los libros sin foto, sin la intervención de la tiranía del rostro, como dice Baudelaire. “No me gusta que el autor me mire desde la solapa y menos que aceche desde la contratapa y mucho menos que se instale ineludible entre las letras de la tapa misma. No me gustan las caras, no me parece que digan tanto acerca de la gente. La cara suele ser un mensaje equívoco”.
“Fabián Casas en su libro de poesía reunida puso un retrato dibujado y me parece un acierto, una atenuación del yo, una manera de mostrarse ya caricaturizado, transformado por los demás. En caso de no poder evitar la foto, hay poses diversas que se pueden adoptar. La editorial Entropía tiene una política interesante de sacarle a los autores de su sello una foto leyendo. Con eso también se evita la mirada a cámara y se captura un momento de intimidad, aunque sea fingida”.
Uno de los trece consejos de Chuk Palahniuk para escritores dice: “Sacate fotos de solapa ahora que sos joven. Y quedate con los negativos y el copyright”.
“Miro mis fotos en solapas y contratapas y no me reconozco” dice Mairal (que se hizo conocido en 1998 por su libro Una noche con Sabrina Love) “ Mi sonrisa dudosa y lampiña, mi cara teen de fines de los noventas.
Cortázar tiene un poco la culpa. Esa foto que le sacó Sara Facio, en un puente parisino, con el impermeable y el pucho apagado en la boca. Ahí quizá se empezó a esperar de los autores que sean fotogénicos. El cigarrillo, ahora algo demodé, es una ventaja en la fotos, porque da un aire de que estás fumando y vienen a vos a retratarte, lo que borra la verdad subyacente, es decir, que estás posando sin naturalidad y no sabés qué hacer con las manos. Quizá la mejor foto de solapa que vi es la de Alejandro Zambra en su última novela, Formas de volver a casa. Ahí se lo ve con la cara oculta por una gran taza de café”.

4-algo fuera de lo común es el libro del cubano Ricardo Pau-Llosa sobre la obra de Rogelio Polesello, que en la dedicatoria incluye la foto de la dedicada en vez de colgar la suya, en vez del gesto narcisista. Por un lado existen escritores que optan por imágenes informativas, “simplemente dar la cara” explicó un escritor, en cambio otros buscan innovación y creatividad a la hora de exponer una imagen de su vida cotidiana o alguna situación inusual como presentación del libro.

5-El asunto Bellarmino, del misionero Jerónimo Lagier (funcionario que estimuló el proyecto para transformar a Misiones en una cuenca exportadora de maíz para abastecer la demanda de Santa Catarina, Brasil, y aseguró no entender las críticas a la idea de sembrar 250 mil hectáreas con especies transgénicas, que “ya se usan en Misiones desde hace 30 años”) es una novela histórica situada en la década del 20’ que tiene como foto de solapa una especie de foto de prontuario del autor, con dos fotos carnet estilo retro, una de frente y otra de perfil, incluida directamente en la tapa, en un diseño innovador.

6- ¿La literatura de un paraguayo es literatura regional? ¿Territorial? ¿Y si ese escritor vivió un tiempito acá, entre nosotros? Benigno Gabriel Casaccia Bibolini era Asunceño, nacido en 1907, pero vivió en Posadas un tiempo, donde probablemente haya escrito su novela La babosa, y donde se desarrolla su novela Los exiliados, en referencia a la situación que él mismo sufría. Sus libros de cuentos se llamaron “El guajhu” y “el pozo”. Además publicó otros cuentos sueltos.
En mayor parte de su obra describe la realidad profunda de su país. En 1999 Augusto Roa Bastos lanzaba la polémica denuncia sobre la agrafía literaria de su país manifestando con contundencia: “Bolivia tiene 22 grandes novelas sobre la guerra del Chaco; Paraguay tiene la de Casaccia Bibolini y una o dos más”
En la solapa de una edición de sus cuentos completos (Ed. El lector en Asunción en los 80’) hay una foto de él a una edad avanzada, pero adentro, en el corpus, se incluye una típica foto de familia, que al ser de 1920 resulta algo muy común para la época sino fuera porque él, Benignito Gabriel, a diferencia del resto de los retratados que miran fijos a la cámara (¿al pajarito?) está leyendo. A los 13 años. Casi anticipándonos su Carrera de escritor.

IMG_1840