“La única política racional en este momento para el peronismo es dejar que el gobierno haga lo que tenga qué hacer y pague los costos que tenga que pagar, para así tratar de llegar con el mayor capital político después de que esto pase”, dice Ernesto Calvo, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Maryland, entrevistado por el periodista Juan Elman, de Cenital. La nota habla del escenario electoral y el presente y futuro del sistema político argentino.

Por Juan Elman
En la semana en la que el cimbronazo se desplaza de lo político -por el desenlace de las PASO- a lo económico, Cenital dialogó con el politólogo Ernesto Calvo (foto) acerca de los factores que influyeron en el voto del domingo, el rol que jugaron las encuestas y los cambios y continuidades en el sistema político argentino.
Calvo es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Northwestern, Estados Unidos, y actualmente se desempeña como profesor en la Universidad de Maryland. A principios de este año publicó, junto con otra destacada politóloga argentina, Victoria Murillo, Non-Policy Politics: Richer Voters, Poorer Voters, and the Diversification of Electoral Strategies, un libro donde abordan la cuestión de la oferta electoral, la relación entre votantes e incentivos que ofrecen los partidos políticos y sus vínculos con electores de mayores o menores ingresos económicos. Una línea de su investigación hace hincapié en la importancia de la economía a la hora de explicar el voto.

– Junto con Victoria Murillo han trabajado, entre otras cosas, sobre el peso del factor económico en el voto alrededor de varios países, incluido Argentina. En esta elección parece confirmarse esa lectura, ¿no?
-Sí, aunque no es una sorpresa. No hay nada que cambie tanto el voto en la Argentina como el rendimiento de la economía. Según lo que hemos visto, en un contexto donde la economía está en baja, los gobiernos piensan que hay otras cosas que les parecen importantes a los votantes y que entonces eso no los va a afectar. Pero todos descubren que sí, que afecta. El voto argentino es estable territorialmente – de hecho si ves los mapas de la elección son muy similares a los de elecciones anteriores- y particularmente sensible a los shocks económicos.

-¿Cómo se relaciona con otros escenarios electorales en el mundo, donde la cuestión cultural ha demostrado tener a veces más peso que lo económico?
-En todos los países, y esto es algo que también trabajamos con Victoria, los votantes votan por un portafolio de cosas, donde hay varios elementos en juego. En Argentina hay un voto peronista que es muy estable, que si la economía sube o baja cambia en la interna del partido pero no mucho afuera; también hay un voto antiperonista que siempre va a votar por la principal oposición contra el peronismo y donde la economía puede hacer que cambie entre las opciones disponibles, pero sin pasarse al peronismo; y después hay otra parte que cambia entre partidos. En eso Argentina no es distinta a los otros países del mundo. La diferencia está en que la ideología y la identidad partidaria pesan menos que en otros lados.

-Con la victoria de Cambiemos algunos analistas hablaron del inicio de un nuevo ciclo político en la Argentina, inclusive de un cambio cultural en la política. ¿Se sobredimensionó?
-Para mí la idea de que Cambiemos representaba un cambio cultural fue marketing. No hay ninguna información entre los votantes muestreados desde 2003 hasta hoy que lo sostenga. Esto es como cuando Alfonsín hablaba de un tercer movimiento histórico, lo que decía el menemismo en el 93 o 94 o cuando la Alianza hablaba del cambio cultural contra la corrupción del menemismo. Cada uno de los movimientos políticos en Argentina han tratado de consolidar su espíritu de época más allá de los ciclos de la economía. Todos lo han hecho y tienen su derecho a hacerlo, y todos han construido cierto capital político al hacerlo también, pero desde el punto de vista de los votantes no hubo un cambio cultural. Los votantes, antes y después de que apareciera el PRO, no cambiaron sustantivamente. Ni siquiera los propios.

-Así como una parte de los votantes se sintieron interpelados por Cambiemos en el 2015, más allá de su aura opositora, ¿logró el Frente de Todos interpelar a desencantados con argumentos basados en sus propios atributos?
-El Frente de Todos es en verdad una confluencia de actores muy distintos, algunos de los cuales no necesitan esa clase de argumentos, como el núcleo duro del kirchnerismo, por ejemplo, o el peronismo tradicional. Pero hay una parte del frente que sí necesita esos argumentos, como los sectores que venían del massismo. Por otro lado, la identificación partidaria que generó Cambiemos es importante: la más alta que se ha observado en un partido de centroderecha en mucho tiempo, con una nueva opción que por primera vez fue gobierno sin ser radical o peronista. Uno no hubiera pensado que por ejemplo la UCD pudiera construir el tipo de capital político que generó Cambiemos. No es un voto oportunista. Del lado del kirchnerismo también hay niveles de identificación partidaria muy altos. Y después hay un voto que es muy pragmático, que no tiene identificación partidaria fuerte ni peronista ni antiperonista, que cambia de partido y en estas elecciones penalizaron al actual gobierno. También hay que pensar que se incorporaron en estas elecciones una masa de votantes jóvenes para nada desdeñable.

-En relación a las identidades me surgen dos preguntas. ¿La identificación con Cambiemos tiene que ver con propiedades de su fuerza política o es más bien una identidad de centro derecha, antiperonista, que podría mutar de envase? Y en segundo lugar, ¿estamos viendo una nueva identidad política en el fernandismo o sigue siendo el kirchnerismo la principal identidad del espacio?
-Del lado del peronismo creo que ahora lo que hay son dos identidades que confluyen y coexisten bien: una es kirchnerista, otra es peronista más tradicional. En el mediano plazo tengo la impresión de que las dos son bastantes estables pero que siendo gobierno el peronismo va a aumentar su representación dentro de la confluencia y el kirchnerismo va a perder espacio. Hay posibilidades reales de que una parte del kirchnerismo migre hacia el fernandismo, para decirlo de algún modo, como pasó entre Duhalde y Kirchner. Respecto de Cambiemos uno esperaría cierta estabilidad porque tengo la impresión de que va a terminar su mandato. Sobrevivir electoralmente al mandato no es una pavada. Implica que se puede dar una narrativa en la oposición -el contrafáctico: el discurso del qué hubiera pasado si las elecciones se hubiesen ganado- que le permitirían sostener mucho de esa identidad. Mucho más difícil es hacerlo si no se termina el mandato o si se está afuera de la política por mucho tiempo. Creo que una gran parte de la identidad de Cambiemos, inclusive la que viene del radicalismo, va a sobrevivir. Después costos va a haber ante una crisis importante. Cambiemos puede tener una narrativa sobre las tareas incumplidas, donde puede deslindar responsabilidades, pero en otras no pueden y van a tener costos en sus votantes y afiliados.

-¿Puede tener costos por derecha, que le permitan a un nuevo espacio o referente lanzarse en la conquista de esos desencantados?
– La derecha nunca tuvo una opción electoral viable hasta Cambiemos, salvo una alternativa en los partidos grandes como el peronismo o radicalismo. Para mi va a sobrevivir como alternativa, está muy bien enraizado en su derecha, donde se encuentra más tenue su apoyo es en el centro. Creo que Cambiemos puede seguir absorbiendo parte del radicalismo y que va a quedar como una opción electoral que tiene más viabilidad a futuro que otra opción de derecha con un nuevo nombre. ¿Dónde cambiaría esta evaluación que hago? Si en los próximos cuatro meses las cosas terminan desquiciándose y tienen que pagar un costo enorme. Por ahora vamos hacia una alternancia política que va a tener por un lado al peronismo, con algunas tensiones internas pero a cargo del gobierno, y en la oposición un Cambiemos debilitado en el primer año o año y medio pero que después se va a reestructurar sin mucho problema para ser competencia electoral nacional en el 2023. La pregunta más importante es cuál es el costo que tiene que pagar por la crisis y eso depende del nivel de profundidad, lo cual no lo vamos a saber por algún tiempo.

-La diferencia fue mucho mayor de la que vaticinaban la mayoría de las encuestas. ¿Qué pasó?
– Las encuestas que tenían los partidos y que no se dieron a la luz no estuvieron muy lejos del resultado. Subestimaban un poco la diferencia final entre tres y seis puntos, pero las encuestas de partidos decían que ganaba Fernández con entre ocho y doce puntos de ventaja. La pregunta es por qué no había encuestas que no fueran desarrolladas por los partidos que fueran buenas y mostraran estos otros datos. En una nota que escribí hace unas semanas intenté explicar que no hay encuestadoras privadas, universidades o medios de comunicación que estén dispuestos a financiar encuestas, como pasa en otros países. Acá vemos una confluencia de eventos: los partidos tienen poco apetito para mostrar los resultados que están viendo desde adentro y hay muy pocas organizaciones con interés y recursos para financiar encuestas que no estén ligadas a la política.

-En esa nota planteabas el hecho de que ambas fuerzas coincidían en la estrategia de filtrar un escenario de mayor paridad que el que arrojaban las encuestas internas. ¿Por qué?
-Creo que en este caso la razón por la cual ambos decidieron atenuarlo es que ni al gobierno ni a la oposición le convenían números que desestabilizaran la economía. Acá la cuestión no es solamente cómo se opera con estas encuestas para tener un poquito más de gente que vaya a votar o que haya más o menos voto estratégico, que es en general lo que tratan de hacer los partidos. El problema es que ambos partidos sufrían si había una corrida como la que vimos el lunes. El gobierno hubiera perdido muchos votos, pero tampoco está muy claro que el peronismo los hubiera capitalizado: cuando hay agua revuelta y se desestabiliza la economía los costos los pagan todos. Al margen de esto, creo que ambas campañas estaban sorprendidas y tenían dificultad para creer los datos que estaban viendo.

-Ante la fragilidad de la coyuntura económica que enfrenta el gobierno en los próximos meses se deslizó, entre otras ideas, la posibilidad del armado de un gobierno de unidad nacional. ¿Lo ves viable?
-No. La única política racional en este momento para el peronismo es dejar que el gobierno haga lo que tenga qué hacer y pague los costos que tenga que pagar, para así tratar de llegar con el mayor capital político después de que esto pase. Si el gobierno saliente llama a un gobierno de unidad nacional es absurdo: no tiene capacidades políticas o económicas para hacer nada y es pedirle al gobierno entrante que entregue una parte de su capital político y eximirse de responsabilidad por lo que ya va a hacer. No tiene mucho sentido. Lo que sí tiene sentido es que el gobierno sea responsable y busque entregar el país de la manera más ordenada posible.