“Los bancos se enriquecen obscenamente gracias a que la complicidad del Estado” sostiene el dirigente alfonsinista, Hugo Escalada, en una análisis en el que describe en forma didáctica cómo los bancos y el sector financiero fueron los ganadores del modelo económico instalado por el macrismo. Diputado provincial entre 2013 y 2017, recuerda haber advertido sobre el mecanismo que gira sobre el endeudamiento y transferencias de los costos al sector productivo y del trabajo.

Por Hugo Escalada*

Durante mucho tiempo, aún antes de asumir Macri, dijimos en el recinto de la Cámara de Diputados, que venían a gobernar con deuda y sostenidos por el capital financiero. Hoy queda absolutamente claro que los bancos están entre los grandes beneficiados de la política económica del macrismo. Y no es de extrañar, porque se trata de un esquema que desde el comienzo se basó sobre el endeudamiento externo y local a tasas ruinosas, pero a la vez otorgando todas las garantías necesarias de repago a los acreedores. Este magnífico negocio que siempre gozó de buena salud, el de prestarle al Estado a tasas siderales, en la gestión de Macri ha llegado a niveles no vistos desde la década del 90 y amenaza al futuro gobierno, condicionando desde antes de las elecciones de octubre, con el valor del dólar y el reaseguro de pago de vencimientos usurarios.
Mientras 2018 fue un año pésimo para la amplísima mayoría de la población, empezando por asalariados, siguiendo por los comerciantes y terminando por los jubilados -y aun importantes sectores empresarios la pasaron mal-, los banqueros se aburrieron de ganar plata. En números: el sistema financiero en su conjunto ganó 172.106 millones de pesos, un 121% más que los ya abultados 77.709 millones de 2017. Debe ser el único sector, por fuera del campo, que aumentó sus ganancias incluso medidas en dólares. Estamos hablando, en cada año, de 4.500 a 5.000 millones de dólares, de los cuales la parte del león se la llevan no más de 20 o 30 bancos nacionales y extranjeros, que se quedan con alrededor del 1% del PBI.
¿Cómo son posibles estos resultados?
Por supuesto, no hay chance de que se trate de la mayor eficiencia, productividad, tecnología o visión estratégica de los banqueros. La respuesta es, como dijimos, que los bancos se enriquecen obscenamente gracias a que le prestan al Estado.
Ahora bien: ¿de dónde sacan los bancos la plata para prestarle al Estado? Pues de los ahorristas, grandes y pequeños. Para que se vea la dimensión del curro: el banco recibe dinero -que le dan los ahorristas- y paga al público una tasa de, digamos, el 37 % anual. Pero esa misma plata el banco privado se la presta al Estado (el BCRA), que a su vez le paga un 75%. Esa diferencia grosera, única en el mundo, es la base de las ganancias monstruosas de los bancos. Los recursos financieros de todo un país están al servicio de la timba y no de créditos a alguna inversión productiva.
¿Por qué el gobierno convalida esto? Primero, porque estamos entre parientes y amigos: los últimos directivos del BCRA son gente que viene de la banca privada y mantiene lazos orgánicos con ella. Y segundo, porque la necesidad tiene cara de hereje: el efecto bola de nieve de las Leliq equivale a una droga que para surtir efecto debe aumentar siempre la dosis. Así, el 28 de marzo, el BCRA anunció que daba permiso a los bancos para invertir en Leliq no ya el 65% de sus depósitos -tope anterior que ya era altísimo-, sino el 100%. Sí: cualquier banco le puede prestar al Estado comprando Leliq por la totalidad de sus depósitos y de su patrimonio (El Cronista Comercial, 29-3-19).
El dinero que desde el Estado le retacean a las Pymes, a la salud, a la educación, a los jubilados, a la ciencia, se despilfarra escandalosamente pagando intereses!
Reiteremos la cifra: 4.500 a 5.000 millones de dólares por año sólo para los banqueros, sin hablar de la que se llevan los grandes inversores privados que ganan tanto como los bancos.
Tanto discurso en contra del gasto público y su aumento exagerado sosteniendo el déficit del Estado y ni una sola palabra acerca del sideral aumento del gasto público que para peor, se va en el pago de intereses de deuda interna y externa.

Fuga de divisas
Otro agujero inmenso por donde se esfuma la riqueza generada en este país es la fuga de divisas, operativo que sólo puede hacerse con la ayuda–mejor deberíamos decir complicidad– de los bancos. Y en esto, hay que decirlo, la Argentina tiene el récord del mundo. No existe país de tamaño comparable cuya clase adinerada sea tan adicta a atesorar sus ganancias en el exterior en vez de invertirlas.
El famoso blanqueo de capitales de 2016 -que también denunciamos en el recinto- permitió conocer mejor el volumen aproximado de la fuga de capitales: el total blanqueado anduvo por los 115.000 millones de dólares… pero, como señalamos en su momento, por los montos promedio se deduce que los verdaderos grandes millonarios no entraron, y se estima que esa cifra es menos de la cuarta parte del total. Esto es: los argentinos tienen un PBI íntegro fuera del país casi sin declarar ni pagar impuestos.
¿Como hacemos para atraer inversiones productivas reales, mientras nuestros propios “inversores” la tienen afuera?. La fuga de capitales, sólo en la era Macri, supera el monto de lo prestado por el FMI y ronda los 60.000 millones de dólares, si bien no todos van a parar al exterior: la “formación de activos externos” incluye las tenencias en dólares dentro y fuera del sistema bancario.
La actual estructura financiera argentina, desde los bancos privados hasta los públicos -y esperemos que al menos los directores del BCRA sean argentinos, cosa que cambiará si prosperan las recomendaciones del FMI al respecto-, están al servicio de un capitalismo argentino disfuncional para los trabajadores y para la nación en su conjunto, pero muy lucrativo para sus beneficiarios.
Los bancos privados viven de prestarle al Estado y de facilitar el curro del conjunto de la clase adinerada local. Los bancos públicos languidecen prestándole al Estado a pérdida -ver al respecto la crítica situación del Banco Nación- y sin cumplir ninguna de las funciones “sociales” que en algún momento dijeron cubrir, como créditos baratos a quienes más los necesitan y menos acceso a ellos tienen. Tan grosero es todo que ya ni siquiera tienen la excusa de “ayudar a la clase media” con préstamos personales, ya que las tasas de interés siderales han transformado a cualquier crédito -ni hablar, por ejemplo, de los créditos hipotecarios UVA- en una trampa mortal.
No hay posibilidad de que -como funciona actualmente- este organismo enfermo sirva de palanca para las necesidades de desarrollo económico y social, porque está atado al funcionamiento perverso de un capitalismo financiero local que prioriza el curro financiero, el negociado cambiario y la fuga de divisas. El capitalismo productivo clásico basado en el crecimiento con reinversión y la acumulación ampliada “normal”, nunca se desarrolló como tal en este gobierno

*Abogado. Diputado provincial MC, dirigente del Movimiento Nacional Alfonsinista