El verdadero riesgo para la mayoría de los argentinos no está en el cepo, el corralito, las Leliq o el desdoblamiento del mercado, sino el otro mercado, en el de los alimentos, bienes y servicios que consumen diariamente. Las mercaderías que deben llegar a los mayoristas para su distribución a minoristas carecen de precios de referencia que fueron demolidos por la inflación y el desmanejo de la economía. Por eso, el problema no es sólo la emergencia alimentaria sino que hay riesgos de desabastecimiento.

(*) por Hugo B. Escalada

Lunes, 2 de septiembre de 2019. En tiempos de crisis han salido a relucir los términos economía real y economía financiera, dos campos de la economía, diferentes pero siempre interdependientes.
La economía financiera es aquella economía basada en el sistema financiero, en los papeles comerciales, en bonos y títulos valores, acciones, inversiones, etc. La economía financiera es especulativa cuando rompe los puentes con la economía real, de allí la actual crisis, puesto que todo se basa en valores subjetivos. Hoy una acción puede valer un dólar y mañana por simple manejo especulativo puede valer 20 dólares o no valer nada. La economía financiera fácilmente se evapora, sube o baja como por arte de magia. Un rumor es suficiente para que el desastre se haga presente sin avisar, de allí la consigna de “mandar señales positivas a los mercados”.
La economía real es la economía de siempre, son las industrias, las fábricas, el comercio, la agricultura, la explotación de materias primas, la de trabajo duro.
La economía real requiere años de esfuerzo y grandes capitales para surgir. La economía financiera puede crecer de un momento a otro sin que sea necesario un enorme esfuerzo.
Al presentarse crisis en la economía financiera, se afectó también la economía real, puesto que esta se quedó sin liquidez –efectivo- y sin clientes, ya que la crisis financiera destruyó empleos y capital, y lo peor de todo, destruyó la confianza de inversionistas y de consumidores, y la economía real precisamente necesita de consumidores y de inversionistas.
El Dinero, es decir el Capital, en el sistema capitalista fue indispensable para el desarrollo de la economía real. Un círculo virtuoso entre la función del Dinero para producir más Mercancías y a la vez demandar mano de obra, es decir Trabajo.
La economía financiera que rompe los puentes con la economía real y deja de invertir en las fábricas para valorizar el Capital en forma especulativa comprando y vendiendo papeles, se puede decir que es un invento moderno, es un invento de Wall Street y de sus pares. Es la mejor forma de ganar dinero fácil y rápido, y de perderlo también.
Hoy puede verse en todos los programas periodísticos a diversos analistas preocupados por la economía financiera. Los ves hablar de control de capitales, tasas de interés en Leliq, riesgo país y la vuelta al cepo. Casi no hablan de la economía real.
La parte más importante de la economía hoy, es aquella de la que no están hablando. La que concierne a los mercados, no los financieros, sino los que usamos a diario para hacer las compras: el almacén, la verdulería, la carnicería, los supermercados.
¿Por qué digo esto? Simple: tiene que haber productos.
La misión más importante en la actual fase de la crisis argentina es mantener bienes y servicios, o sea evitar el desabastecimiento.
¿Hasta cuando tendremos insumos básicos? Si la semana que se inicia no mantiene un valor cierto del dólar correremos el peor de los riesgos, ya no el especulativo-financiero sino el económico-real. Si no se presenta un programa serio y detallado en los días venideros es inexorable el desabastecimiento.
¿Cuánto tiempo más las energéticas seguirán vendiendo combustibles correspondientes a un dólar de $46 mientras el viernes en el pos-venta el dólar cerró a $65?
Las mercaderías que deben llegar de las fábricas a los mayoristas para su posterior distribución a minoristas esta semana que se inicia, carecen de precios de referencia. Hoy no se sabe el valor real del dólar y esto trabará las importaciones de productos esenciales y el mercado interno.
El Cepo, las Leliq, el desdoblamiento cambiario y todos los temas de los que se hablan en cuanto medio periodístico hay, parecerán un juego de niños, si entramos en desabastecimiento. Sin embargo nadie habla de ello. Ninguna mención.
Veo dirigentes políticos opinando acerca de lo que pasó y no de lo que va a pasar. La política debe pensar lo que viene, no lo que pasó.
Hoy pasamos de necesitar profesionales que manden señales a los mercados financieros, a profesionales que sepan administrar los mercados centrales que abastecen de frutas y verduras, profesionales que sepan coordinar frigoríficos y que consigan hacer llegar la leche a los mostradores.
Con o sin desdoblamiento cambiario, con o sin restricciones para girar utilidades al exterior, con o sin cepo cambiario, hoy el problema es otro: estamos sin tipo de cambio.
Mientras se sigue hablando y analizando la parte menos importante –hoy- de la economía, sería muy bueno empezar a escuchar que alguien se está ocupando de la otra; la real; o inexorablemente ella se ocupará de nosotros.

(*) abogado diputado MC