Parece el nombre de una telenovela mala, pero no. Son dos títulos de los libros (probables best sellers, es decir, muy vendidos) escritos por mujeres referentes de la política argentina presentados en Posadas con apenas días de diferencia aunque con significante diferencia en su impacto.

Lo importante es ver la calle, medir la convocatoria de una visita. El objeto impreso es obra para análisis de lectores, y lectores analistas, pero no analistas profesionales sino simples comunes que tienen ganas de pensar, de pensar como críticos, observadores, como cualquier pensador que lee algo y lo mastica, lo digiere, mira entre líneas y reflexiona. El hecho de una presencia, un viaje, una ceremonia, genera diferentes estupores. Porque escribir libros y venderlos a altos precios en medio de la crisis es algo que apunta a ¿qué lectores? Los libros, esos objetos extraños de papel, pasan casi a un segundo plano, quedan como testimoniales, sin valor. Ningún lector, o muy pocos, van a dejar de ir a ver, y escuchar, a CFK o Carrió por la simple razón de haber leído previamente el libro y no haberle gustado (su contenido, su formato, su prosa, su estructura, su hilo narrativo) Nadie recuerda: -vinieron dos escritoras- y eso es lo que son, puesto que escribieron, y para hacerlo debieron recluirse frente a una hoja en blanco, electrónica o no, frente a un espacio vacío para escribir algo más allá de lo decible, algo paralelo a la oralidad, un material que debieron suponer digno de ser perpetuado y encuadernado, distribuido y vendido.
Indudablemente el objetivo de ambas publicaciones no es comercial, pero cuál es sino el percibido a simple vista de ambas apariciones: la milenaria ambición de un escritor (eventual, profesional, novel, experto, quien fuera) de mostrar unas ideas a unos silenciosos (eso es lo que son realmente, desde hace varios siglos, las personas que están leyendo, no en cambio, las muchedumbres, los asistentes a una presentación, a un acto masivo, la calle). En el prólogo mordaz de Matadero cinco Kurt Vonnegut aseguraba: “[…] Sólo hay una única persona de todo el planeta que ha extraído algún beneficio del bombardeo de Dresde. Yo soy esa persona. Escribí este libro, que me hizo ganar mucho dinero y forjó mi reputación tal y como es. De una manera u otra, he obtenido uno o dos dólares por cada muerto”. Con su clásica ironía y humor negro Vonnegut practica el sincericidio: él ganó con la catástrofe. (Dilema eterno y filosófico planteado lúcidamente por Susan Sontag “Algo feo o grotesco puede ser conmovedor porque la atención del fotógrafo lo ha dignificado”).
Si bien los libros de las dos mujeres argentinas (con casi opuestas visiones del feminismo) no hablan explícitamente de la situación económica y social de la Argentina, país bombardeado, son indefectiblemente tarjetas de presentación, o movidas personales justo en medio del infierno de estrategias electorales . Cuántas personas, entonces se habrán acercado a apoyarlas, conocerlas, leerlas, palparlas, escucharlas, sentirlas. Dicen que cien mil personas estuvieron en famosa “la bajada del puerto” en aquella visita del entonces presidente Néstor Kirchner en 2003. Y el 22 de octubre de 1983 también cien mil personas (aunque no es exactamente lo mismo cien mil personas en Posadas veinte años antes) escuchaban a Raúl Alfonsín saludando a los misioneros con un “Buenas noches ñande gente” en la Avenida Roque Pérez.
Este viernes 13 de septiembre, la diputada nacional y co-fundadora de Cambiemos Elisa “Lilita” Carrió presentó en Posadas su nuevo libro llamado “Vida”, una obra donde cuenta sus experiencias con el poder, desde su infancia en contacto con Arturo Illia, pasando por Alfonsín, la alianza, hasta sus vínculos con el actual presidente. Narra también el lugar central que tuvo su padre, su infancia en Chaco, su conversión religiosa, por primera vez contado con detalles. Con humor y optimismo, anticipa sus proyectos para cuando se retire del servicio público: continuar con la defensa de la república, volver a ejercer la abogacía y lanzar una marca de ropa, By Carrió.
Cuando CFK se cruzó con el gobernador electo Oscar Herrera Ahuad recordaron el trágico momento en que, ella como presidenta y él director del hospital local, caminaron juntos en San Pedro conteniendo a las víctimas y planificando ayuda por el tornado que arrasó y se cobró la vida de once personas del 7 de septiembre de 2009.
“Teníamos que reconstruir todo, y eso hicimos” recordó Cristina, quien no había ganado nada con la catástrofe.
A Carrió le tocó recordar a Misiones como un lugar de parranda en sus épocas de estudiante de Derecho en la Universidad Nacional del Nordeste. Fueron años felices en que viajaba constantemente a fiestas de sus compañeros de la Facultad. “Posadas siempre tuvo el galetto más rico de la Argentina” expresó. Tiene razón.

D.M