La selección de periodistas “moderadores” del debate presidencial sigue siendo cuestionada por su mirada porteña. Ni bien se conocieron los nombres y los medios en los que trabajan, aquí desde la Asociación Posadeña de Propietarios de Radios y Canales de Televisión calificaron de discriminatoria la resolución de la Cámara Nacional Electoral y afirmaron que tiñe sus fallos en favor de los intereses porteños. El triste papel de los periodistas “moderadores”. El colmo: no podrán hacer preguntas.

El colmo del periodista: los candidatos pidieron que no hagan preguntas en el debate presidencial

De acuerdo con voceros de la Cámara Nacional Electoral los periodistas seleccionados para “moderar” los debates presidenciales, no estarán habilitados para hacer preguntas. El viernes 4 los doces seleccionados firmaron un compromiso de moderación, casi un juramento de que respetarán el guión escrito por la Cámara. ¿Qué es eso? Un periodista que se compromete a no preguntar. Si el periodismo está en crisis en el mundo por los cambios que introducen las nuevas tecnologías, en la Argentina, en los últimos años, cuando los trabajadores se sometieron a la “guerra” contra un gobierno y el gobierno los enfrentó con las mismas armas, esta firma lleva al extremo el renunciamiento a la función básica de un periodista que es indagar.

Sin vergüenza alguna, Rodolfo Barili, de Telefé, después de poner de manifiesto su alegría por haber sido seleccionado confiesa a La Nación, si confiesa, que su función en el debate será la “moderar los distintos segmentos, en mi caso junto a María Laura Santillán, que es la apertura y el segundo segmento del debate. Mi función es ser lo más cuidadoso posible en el respeto de las reglas, no es la de preguntar. Tengo que seguir un guion escrito por la organización, dar el paso a cada uno de los candidatos y hacer respetar los tiempos que ellos saben que tienen para cada una de sus exposiciones.
En el mismo sentido, Guillermo Andino, también feliz por la vidriera que significa ser parte del escenario, al menos, del debate, dice algo parecido, en la misma producción del diario fundado por Bartolomé Mitre como formación de doctrina. Dice Andino: “mi función es presentar cada uno de los temas, controlar los tiempos, intentar ser ordenado, que no haya baches, y estar atento en el devenir por si alguno de los candidatos se pasa de tiempo y recordárselo. Acá el tiempo es muy preciado y si a alguno de ellos le sobran algunos minutos para hablar, también debo indicárselo”. Es decir que su función es tocar un timbre.
A su turno, Gisella Vallone que ingresó a la TV Pública en el gobierno de Macri, sincera en su comentario, el perfil “espectacular”, de espectáculo televisivo, de la rémora de la “telepolítica” en que los jueces de la Cámara convirtieron el debate establecido por ley. Cuando La Nación le pregunta como a los otros compañeros cuál será su función, también confiesa: “Repartir el juego. Ese es el rol de los moderadores. No podemos proponer temas, cambiar el orden o repreguntar. Nuestra función es que se cumpla el protocolo y los candidatos presenten sus propuestas en cada una de las áreas que fueron acordadas por las distintas fuerzas políticas. Mucha gente me manda mensajes o me arroba en redes sociales para pedirme que pregunte una u otra cosa y eso va a ser imposible. La dinámica del debate no lo permite y tampoco el reglamento que se desprende de una ley. Es importante aclararlo porque hay cierta expectativa y mucha desinformación respecto a nuestra tarea. No es una entrevista: vamos a moderar un debate en formato televisivo”.
No hace falta abundar más para darle la razón a Carlos Valenzuela, titular del Cana 4 de Posadas que fue uno de los primeros medios de provincia que objetaron la selección con mirada porteña de los periodistas trasvestidos en moderadores. Sostuvo que el debate es como las Paso, no sirve para nada, de la manera en que está estructurado. En realidad, como lo vimos anoche el show de los candidatos porteños, no se discuten ideas, sino que se exponen o defienden posiciones, que en el corto tiempo de la televisión caen en las consignas. Y eso que el debate en la CABA habilitó preguntas entre los candidatos.
El pedido, diríamos exigencia de los candidatos, está fundado en el antecedente de 2015, cuando los responsables de la moderación, Bonelli y Novaresio, manipularon las preguntas para favorecer a Mauricio Macri y condenar ya en el enunciado las dirigidas a Daniel Scioli.
Y bien que hacen, porque, como lo denuncia Miguel Croceri en Vaconfirmamendoza, los doce seleccionados tienen antecedentes gorilas, aunque él dice antikirchneristas.
Lo que es seguro, la cuestión federal como desafío de la nueva Argentina, estará ausente, más que en el debate que quizá lo instale Alberto Fernández, en la cosmovisión de los periodistas seleccionados.