El estallido social en Chile visibiliza lo humano oculto debajo de las estadísticas de crecimiento del PBI y la expansión de las exportaciones. El sentido anarquista de la calle es una respuesta también a la organización institucional. Chile es un país unitario y su soberanía radica en la Nación y en la práctica en el Consejo de Seguridad Nacional. Si el “milagro” fue metáfora para las derechas argentinas, su implosión revaloriza los modelos locales con rostro humano como el proyecto de la Renovación y la “Visión para el nuevo siglo” que Sergio Lanziani elaboró concibiendo el desarrollo en un mundo sostenido en las seguridades: alimentaria, ambiental y energética.

Viernes, 25 de octubre de 2019. El estallido social en Chile visibiliza lo humano oculto debajo de las estadísticas de crecimiento del PBI y la expansión de las exportaciones.
Visibiliza el otro Chile del “milagro económico” que se cae como utopía latinoamericana.
El pueblo en la calle arrasa así con el conservadurismo explícito de Piñera y la alternativa progre de Bachelet que no modificaron los determinismos estructurales heredados de Pinochet y arrasa con el mito del éxito de las derechas neocoloniales de Latinoamérica.
La mayoría de los analistas o políticos explican la rebelión popular que salió a las calles de Santiago en los límites del neoliberalismo como modelo de acumulación capitalista basado en la autonomía del sector financiero de la economía real lo que, forzosamente, genera exclusión.
Y es cierto, es el modelo.  Chile es uno de los países más desiguales del Mundo. Es un país con un desarrollo industrial bajo, que principalmente se dedica al extractivismo, con una gran deuda de las familias y con un Estado ausente que no cumple con las funciones de sostener los servicios de Educación y Salud, que en los Estados presentes constituyen salario diferido. Nada de eso..
Chile es un país unitario
Como lo consagra la Constitución Política de 1980, Chile es un país unitario, lo que determina la concentración en la toma de decisiones y dota de un gran poder al Presidente y a los Consejos de la democracia “protegida” al establecer taxativamente que “la soberanía reside esencialmente en la Nación”. Y aunque en el mismo artículo determine que “su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas”, seguidamente vuelve sobre conceptos ambiguos al precisar que el ejercicio de la soberanía se ejerce “también, por las autoridades que esta Constitución establece”. Pero no es todo, en el mismo párrafo restringe el ejercicio de la soberanía al subrayar que “ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio”.
Es decir que claramente en desmedro del modelo de la soberanía popular, consagra al Estado como sinónimo de Nación como el poder para ejercer la soberanía.
La encrucijada de la historia y el modelo misionerista
Desde esta perspectiva de país unitario y su modelo de Estado y economía constituyen un espejo que pone en valor el proyecto misionero distribución del ingreso con un Estado que garantiza la Salud y Educación y el diseño de un desarrollo de contenido humano sustentado en la soberanía alimentaria, la seguridad ambiental, y en la defensa de la potestad de la Provincia sobre sus recursos naturales. Un ejemplo es la puesta en valor del agua con nexos en la vida, la seguridad ambiental y también como recurso. Más allá de las demandas todavía insatisfechas, es el camino iniciado por Carlos Rovira mucho antes del 2003 cuando desde la Intendencia de Posadas empezó a promover las ferias francas trasladando a la ciudad las realizaciones del campo.
El espejo también devuelve la imagen del 2001 y el que se “vayan todos”. Así como las calles de Santiago nuevamente ensangrentadas, el estallido argentino que tuvo sus muertos en Plaza de Mayo, y las asambleas populares de principios de siglo, tuvieron un alto condimento anarquista. Es el contexto que explica la conformación del Frente Renovador de la Concordia como expresión de ruptura autonómica con el viejo orden político.
Están claras las diferencias que devuelve el espejo: unitario – federal; Estado ausente – Estado presente; crecimiento para afuera – vivir con lo nuestro.
Hay una prédica en el camino andado por la Renovación que es conocido como la marcha del misionerismo. Si bien a veces las palabras de tanto utilizarlas van perdiendo fuerza en la construcción del relato, las batallas por mantener el rumbo y ampliar la autonomía en la toma de decisiones son permanentes.
Y es lo que está en juego el domingo. La lucha por un modelo provincialista subsumido en la pulseada nacional entre el neoliberalismo y el populismo.
Misiones, una visión para un nuevo siglo.
Para no abundar en lo que se conoce como acción de gobierno en los últimos 16 años y la sanción de leyes como la de soberanía energética, se puede sostener como axioma que el proyecto de la Renovación es más que económico, social o político, es un proyecto cultural que integra en una misma dimensión cuántica todas las esferas de la sociedad misionera.
El ministro Sergio Lanziani ha ganado el centro de la escena política en Misiones. Primero por su gestión que tiene logros indiscutidos y que son reconocidos por todo el arco de las oposiciones con representación parlamentaria como haber conseguido cobrar las regalías de Yacyertá y haber logrado sin poner un peso que los chinos elaboren y costeen por 12 millones de dólares un proyecto acabado para construir las redes de trasmisión en la provincia. Segundo por la llegada al candidato Alberto Fernández que se mostró deslumbrado por sus conocimientos del área y su capacidad de concretarlos.

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Por esto es oportuno repasar su tratado “Misiones, una visión para un nuevo siglo”.
No sólo los incendios en Chile descubren que estamos en una encrucijada de la historia, lo venía advirtiendo desde hace un tiempo el ministro Lanziani que ya hablaba de encrucijada histórica en el libro que publicó la Fundación Misiones 21.
La obra, en la primera parte relata sus impresiones acerca de lo que será el Mundo para el 2050, impresiones que en realidad son proyecciones ancladas en la rigurosidad de los datos, referidos a la oferta y demanda de energía, alimentos, el agua y el desarrollo sustentable.
El contraste de la distribución de los ingresos y los consumos altamente inequitativos en el período de mayor prosperidad en toda la existencia de la humanidad está presente en toda la obra, con profusión de estadísticas, para definir un esquema conceptual y referencial para las definiciones de las políticas públicas.
Pero Lanziani no se queda en la elaboración teórica, que si bien es sustancial como “un aporte para el conocimiento y la formación de nuestros jóvenes y la discusión de ideas”, en su gestión frente el Ministerio de Energía demostró la articulación del corto plazo con la mirada del futuro y al mismo tiempo la articulación del área energética con, la seguridad alimentaria, la ambiental y un esquema de desarrollo económico humanista. En la praxis se muestra su defensa del proyecto misionerista que en el libro de mención considera una nueva era que tiene “a la continuidad de la organización política, la educación y el desarrollo con inclusión como la consigna de estos tiempos”.
Con el respaldo de la conducción política de la Renovación, y referenciado en el proyecto de desarrollo Lanziani tuvo la capacidad de anclarlo en las oportunidades que genera la brecha entre los polos de poder, China y Estados Unidos.
La mesa de cuatro seguridades
En las consideraciones generales de “Visión para un nuevo siglo”, Lanziani plantea como metáfora un mundo plano como una mesa donde cada uno de los apoyos son sustentaciones necesarias para la vida de los 7 mil millones de habitantes actuales y de los que vendrán en el futuro.

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Las patas de sustentación, como muestra la ilustración son la seguridad alimentaria, el desarrollo económico, la seguridad energética y la ambiental.
Destaca que la primera de las patas de sustentación es la seguridad alimentaria que es la primera de las necesidades básicas de la población. Precisamente, la soberanía alimentaria, es una de las prioridades de la gestión de gobierno más allá del ritmo de aplicación de las políticas y leyes que se fueron sancionando.
Considera que el desarrollo económico presenta dos aspectos bien diferenciados y para explicarse plantea un paralelismo con el funcionamiento de una computadora: el software y al hardrware.
El software es aquello que no se puede tocar, lo intangible, es decir los sistemas operativos que dependen de la inteligencia. Y afirma que para el desenvolvimiento económico de un país no es otra cosa que la educación y la organización institucional, la seguridad jurídica y las políticas de estado a largo plazo. En un repaso sobre el debate en la Argentina subraya el valor del sistema educativo en la Argentina que llegó a ser potencia mundial, para admitir el retroceso por el poco aprecio que tiene nuestra sociedad al conocimiento.
Después del software viene el hardware, que lo que se puede tocar, lo material, en el caso de la computadora, el teclado, la pantalla o el disco rígido, en el desarrollo económico serían los bienes y servicios que tienen los ciudadanos para consumir.
Con este encuadre se pregunta “¿cuál de todos los bienes y servicios será el más importante o fundamental para sustentar el desarrollo económico de un país actualmente?”
Aunque admite que la respuesta no es tan obvia, abre la hipótesis que expone a lo largo de libro para demostrar que es la Energía. Sita al Consejo Mundial de Energía para sostener que “la energía es el principal combustible para el desarrollo social y económico”. Esboza así la hipótesis que considera central: “los humanos somos una especie energética. Y el hombre moderno un verdadero “homo sapiens energéticus”.
No se trata en este espacio de profundizar en la profusión de datos, estadísticas y referencias bibliográficas del libro, sino de aceptar la conclusión de que la tercera pata que sustenta la mesa de las cuatro seguridades es, sin dudas la energía, a la que considera un derecho humano de inclusión social. Reafirma que el consumo de energía es uno de los indicadores centrales para medir las desigualdades en el mundo y el grado de desarrollo económico.
La cuarta pata es la seguridad ambiental. Subraya que todo se interrelaciona en el Planeta donde cada vez somos más. Y donde tenemos derecho a desarrollar nuestras economías para vivir más tiempo y mejor en sociedades evolucionadas hacia la era tecnológica; para lo cual necesitamos alimentarnos y consumir mayores cantidades de energía. Pero todo –subraya- se desploma si no cuidamos nuestro medio ambiente; el que a su vez es seriamente amenazado por la presión antrópica y demográfica”.
El estudio pone la lupa en una segunda parte en el agua en nuestro Planeta. Si bien hace un despliegue de la importancia del agua para la vida humana no sólo como la que se ingiere sino también la que está presente en la producción de alimentos, destaca la relación del agua con el desarrollo sostenible.
Esta breve referencia al tratado de Lanziani no agota en absoluto el despliegue del libro, pero resume la existencia de una visión estratégica para Misiones y el país articulada al proyecto de provincia de la Renovación.
Chile impone avanzar en el camino de la vivir con lo nuestro.

 

 

 

 

imágenes ilustrativas: Sergio Lanziani