La presencia de Alberto F. junto a gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales en el acto de asunción de Juan Manzur en Tucumán ganó la tapa de los diarios porteños que se excitan y alientan una puja por el poder al interior del Gobierno entre el albertismo y el kirchnerismo. Oponer territorialidad al ideologismo. Si bien no se puede negar que el Presidente electo está construyendo poder, la alianza con los gobernadores no podrá escindirse de la cuestión de fondo: no sólo el desarrollo económico y social en las provincias sino, fundamentalmente, el refuerzo de las autonomías.

Miércoles, 30 de octubre de 2019. “Vamos a hacer la Argentina federal que todavía no se construyó, tienen mi compromiso. Empezamos una Argentina que va a ser gobernada por un presidente y 24 gobernadores. Vamos a hacer la Argentina federal. No va a ser un discurso, va a ser una realidad”, anunció ayer Alberto Fernández en Tucumán donde asistió al acto de reasunción de Juan Manzur.
Con estos conceptos, que reafirman su construcción de poder desde que fue ungido como candidato, el presidente electo, anuncia un nuevo tiempo en la política argentina.
Desde esta perspectiva, indudablemente gana Misiones como todas las provincias, fundamentalmente las del norte y del sur argentino que llevan más de doscientos años relegadas en el desarrollo social.
Alberto F. es el primer presidente que propone una mirada provinciana de las prioridades políticas y económicas del país e invertir la lógica en la toma de decisiones.
Sin los gobernadores, el pacto social que vuelve a sonar como la solución para salir de la crisis, se limitaría a un intento de controlar los desequilibrios macroeconómicos a través de la política de tregua entre gremios y empresarios. En la campaña, Cristina F. de Kirchner rescató el pacto social de Gelbard de 1973. Fue un acuerdo entre trabajadores y empresarios en el que cada sector renunció temporalmente a sus reclamos para intentar controlar los problemas económicos coyunturales. El objetivo hoy sería recomponer el salario sin que eso acelere la inflación. Los empresarios deberán comprometerse a limitar el aumento de los precios y suspender los despidos; los sindicatos, a moderar los reclamos salariales.
El pacto social es, en esencia, una bomba de tiempo. Va contra las leyes de la economía y se basa en una lógica política. Pretende amortiguar las tensiones en forma provisoria sin suprimir las causas de fondo, por lo que no hace más que postergar las soluciones y acentuar el problema. La historia demuestra que son acuerdos hechos para romperse y, lejos de ser el germen para políticas de Estado, las eluden e introducen confusión.
La contradicción entre el trabajo y el capital, que es objetiva e imposible de eliminar, se traduce en una puja por la distribución del ingreso. Ningún acuerdo que pretenda atar las manos a las reivindicaciones económicas y sociales de la comunidad podrá borrar este conflicto. La concertación es, además una política contraindicada para el desarrollo de la economía nacional porque distorsiona los precios y los salarios, lo que se traduce en un freno en el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. El control de precios redunda en una menor producción, menos puestos de trabajo, menores salarios reales y caída del ingreso.
La alternativa al pacto social es un acuerdo nacional para el desarrollo. Es decir que el pacto no debe limitarse a precios y salarios, sino a un amplio consenso sobre políticas de Estado que vayan más allá de la coyuntura. Es el rol que deben asumir los gobernadores desde una visión que articule objetivos compartidos para alcanzar un estadio superior de producción y distribución del ingreso. No es viable pedir al empresario que renuncie a su ganancia, que es su motivación, ni a los trabajadores que declinen sus aspiraciones de una remuneración digna y la oportunidad del ascenso social. Las fuerzas productivas pueden aliarse en un programa concreto de desarrollo, que las beneficie a todas. Y esto no se puede imponer desde la Casa Rosada. Es el turno de los gobernadores. Y Alberto F. lo sabe.
La interpretación partidista
Este nuevo tiempo que anuncia Alberto F. al denunciar las desigualdades entre el centro y la periferia en la Argentina, no es sin embargo percibido adecuadamente desde Buenos Aires.
La interpretación antikirchnerista, digamos, se queda en la construcción del albertismo como nueva fase del peronismo. Así, se entiende que cuando el presidente electo vuela a Tucumán, lo hace con el propósito de desagraviar a los gobernadores que fueron marginados del palco en la noche del domingo 27. Más allá de la ponzoña, la prensa porteña interpreta que “Alberto F. envió ayer desde Tucumán un fuerte mensaje puertas adentro del peronismo y aseguró que a partir del 10 de diciembre la Argentina “va a ser un país gobernado por un presidente y por 24 gobernadores”. Sumando a los intendentes del conurbano y a la dirigencia sindical, el albertismo sería territorio contra el ideologismo de los K en la disputa al interior del Frente que ganó las elecciones el domingo.
Vale en este sentido repasar el entusiasmo de los títulos de Clarín y La Nación.
Clarín: “Alberto F. ratificó su alianza política con gobernadores, intendentes y sindicalistas.
La Nación: “Fernández refuerza su alianza con los gobernadores, la CGT y los intendentes”.
Demasiado parecidos para ser casualidad.
En los dos diarios se pone la lupa sobre la construcción del poder. Sostienen que la “foto política” del acto del martes de Alberto Fernández en Tucumán fue muy distinta a la del domingo pasado por la noche durante los festejos de su triunfo en las elecciones, que lo convirtieron en el sucesor de Mauricio Macri. En el escenario se mostró junto a gobernadores peronistas, sindicalistas e intendentes del conurbano, que quedaron relegados del escenario en la celebración por el resultado de las presidenciales.
En un fuerte mensaje puertas adentro del peronismo el presidente electo se mostró junto a Julio Piumato Secretario General de Judiciales; Norberto Di Próspero de la Asociación de Personal legislativo; Luis Hlebowicz pasteleros; Antonio Caló de la UOM, Marcos Castro capitanes de Ultramar; Rodolfo Daer alimentación; Omar Viviani peones de taxi; Osvaldo Iadarola telefónicos; Fernando Gray intendente de Esteban Echeverría y titular del PJ bonaerense; Carlos Acuña de la CGT, Mario Ishii intendente de José C. Paz; Víctor Santa María del PJ porteño y dueño de Página 12; Carlos West Ocampo Sanidad ; José Luis Lingeri Obras Sanitarias; Andrés Watson intendente de Florencio Varela; Sergio Uñac, gobernador de San Juan; Alejandro Granados intendente de Ezeiza; Sergio Massa líder del Frente Renovador y próximo presidente de la Cámara de Diputados de la Nación; Fernando Espinoza intendente electo de la Matanza; Gildo Insfrán gobernador de Formosa; Sergio Uñac, de San Juan; Sergio Casas de La Rioja; Gerardo Zamora de Santiago del Estero y vicegobernadores además de Manzur.
Este marco habilita a loa analistas a hablar de “la de Tucumán fue una foto de peronismo puro, en la que hubo pocos referentes del kirchnerismo e incluso no hubo menciones a la vicepresidenta electa Cristina Kirchner, a la que Fernández no mencionó en su discurso”.

AF tucuman 29oct asuncion de manzur
El fenómeno y la cosa en sí
Este abordaje de la política como lucha por el poder se queda en la superficie y no ahonda en el contenido de la construcción albertista. “Ahora le queda al nuevo Presidente buscar en el ejercicio del Gobierno la ratificación interna del liderazgo político que las urnas le asignaron”, sostiene Ignacio Fidanza, director de la políticonline en una columna que anuncia el advenimiento del quinto peronismo. O la columna de Clarín que reduce el protagonismo de los gobernadores a una pulseada entre Alberto y el peronismo “puro” enfrentado al kirchnerismo.
No se puede negar que Alberto está construyendo poder, pero la alianza con los gobernadores no podrá escindirse de la cuestión de fondo: no sólo el desarrollo económico y social en las provincias sino, fundamentalmente, el refuerzo de las autonomías.
Y el Presidente electo lo dice claramente: “empecemos a pensar la Argentina de otra manera, porque si seguimos haciendo las mismas cosas sólo vamos a tener los mismos resultados. La Argentina no es un país que tiene una Argentina central y otra periférica; la Argentina es una toda y allí viven argentinos. No hay argentinos de primera y de segunda; hay simplemente argentinos”.