A Brian Gallo lo discriminaron por su vestimenta y a Estanislao Fernández, también. Uno por pobre y el otro, por vestirse de animé o mostrarse femenino. Los dos casos sucedieron esta semana: uno involucra la imagen de un presidente de mesa en el acto eleccionario del domingo y otro, a los hijos del presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, y del presidente en función de Brasil, Jair Bolsonaro. En ambos casos hubo fuertes muestras de discriminación y rechazo a la imagen que cada una de las víctimas ejerce en libertad y sin violentar a nadie.

Por Raúl Puentes.

Jueves 31 de octubre de 2019. Los jóvenes son los más estereotipados, los que más sufren la violencia, la estigmatización y también, la pobreza. Esta semana, dos casos de violencia hacia la imagen adoptada por dos jóvenes ocuparon las redes sociales y después los medios de comunicación, ambos por sus miradas discriminatorias y clasista –uno- y sexista -el otro-.
Una de las víctimas es Brian Gallo, el joven -27 años- bonaerense al que fotografiaron como presidente de mesa y estigmatizaron con cientos de miles de borlas en las redes sociales por su apariencia: gorrita y campera deportiva que lo convertirían –según el imaginario de la clase media argentina- en un pibe chorro: de hecho, su foto se viralizó con una leyenda que decía, más o menos, que si vas a votar, no lleves nada de valor. Y con ese estigma fue sumando burlas sobre todo en los sectores sociales de la Argentina que se precia de distintos, de superiores. Fue tal la repercusión que el presidente electo, Alberto Fernández, lo recibió en una reunión a la que el joven fue con su familia y se colocó -Alberto- la gorra de la discordia para demostrar que ni la apariencia ni la vestimenta definen a una persona: “para que todos entiendan cómo es la historia. La gorra no cambia nada”, dijo Fernández, abrazado a Brian, con una sonrisa que quedó inmortalizada en los portales de noticias, como una suerte de desagravio a un trabajador que fue presidente de mesa el domingo de las elecciones. Pero que también es joven. Y también es pobre.
El otro caso, el de Estanislao Fernández -de 24 años-, el propio hijo del presidente electo, Alberto Fernández, burlado por su apariencia por Eduardo Bolsonaro -de 35 años-, diputado federal de San Pablo, Brasil, y a la vez hijo del presidente de ese país, Jair Bolsonaro.
Si, el hijo del presidente de Brasil se burló del hijo del presidente electo de Argentina, por su imagen. Y apeló, para el acto de discriminación, a un imaginario social que otorga menor valor a las personas que exhiben una imagen afeminada y un valor superior al quienes exhiben una postura de rudo o de machote.
Bolsonaro hijo compartió un tuit de otro usuario (@DougDavid_) que compara dos fotos: en la primera aparece Estanislao Fernández caracterizado como Pikachu, el personaje principal de la serie de animé Pokémon y en la otra, el propio Eduardo Bolsonaro, rodeado de armas de guerra y con una de ellas en las manos, y una remera negra con la imagen de un perro defecando. El texto que acompañó la imagen compara, en tono de burla, a ambos “hijos de…”: “El hijo del presidente de la Argentina / El hijo del presidente de Brasil”. Bolsonaro, en su posteo, escribió que no era un meme, dando a entender que no era una broma sino la realidad.
En realidad, el joven Fernández en sus momentos de diversión es “Drag Queen”, nombre que reciben los varones que se visten y actúan con los estereotipos y rasgos exagerados de las mujeres. El joven argentino no oculta esa parte de su identidad, que dicho sea de paso –aunque sea irrelevante- cuenta con la aprobación de su entorno y la indiferencia de otros cientos de miles de personas que respetan la diversidad sin mayores problemas. Y también tiene seguidores, claro, que alientan sus personificaciones.
Brian Gallo –el chico de la gorrita el día de las elecciones- es joven y pobre. Estanislao Fernández –que gusta de mostrarse como Drag Queen o vestirse de personajes de animé, es joven y –estima el autor de esta nota que desconoce su patrimonio- al menos de clase media sin urgencias. Ambos fueron víctimas de la violencia de una sociedad que se concibe superior a uno por su aspecto de “pibe chorro” y a otro por su aspecto de “afeminado”, ambos calificativos extremadamente estigmatizados en las sociedades vernáculas.

Estigmatización y juventud

bolso
El tuit de Bolsonaro: “esto no es un meme”.

En el resumen del artículo “La estigmatización social como factor fundamental de la discriminación juvenil” de los investigadores Leopoldo Callejas Fonseca y Cupatitzio Piña Mendoza, sostienen que entre las problemáticas que enfrentan los jóvenes para su incorporación a la sociedad en general, “uno de los mayores obstáculos es, sin lugar a dudas, el de la discriminación” y que “uno de los mayores actos discriminatorios que sufre la población juvenil, no sólo en México -los autores son mexicanos- sino en América Latina, es el del estigma social, ya que son un colectivo al que constantemente se le limitan o cancelan sus derechos. El problema es que sus valores se ven permeados por una cultura de la discriminación, la cual, sin lugar a dudas, multiplicarán en la etapa adulta”.
Este estudio del año 2005 de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco del Distrito Federal de México, sostiene que el estigma social se convierte en un impedimento para el desarrollo de la juventud, aunque –entiendo como redactor de este artículo de Misiones Plural-, no sea el caso de Brian o Estanislao por las repercusiones y el lugar desde donde pudieron confrontar este acto de violencia y discriminación.
La sociología entiende al estigma como condición, atributo, rasgo o comportamiento que lleva al rechazo de la persona estigmatizada y que se la considere inferior o, al menos, con rasgos inaceptables desde lo meramente cultural. Fue el sociólogo canadiense Erving Goffman –en 1963- que publicó el reconocido libro Estigma: la identidad deteriorada, donde precisa el concepto sociológico del término como pertenencia a un grupo social menospreciado (ya sea un grupo étnico, religioso o por su nacionalidad) y las distingue de las nociones anatómica (abominación del cuerpo) y psicológica (defectos del carácter del individuo).
Curiosamente en Brasil (país de Bolsonaro), Carlos Roberto Bacila llevó adelante estudios inéditos sobre las condiciones históricas de los estigmas, que están plasmado en un libro de consulta permanente, no sólo en ese país: Criminologia e Estigmas: Um Estudo Sobre os Preconceitos.
Y el estereotipo, esa percepción simplificada de las personas que surgen de prejuicios de sociedades que establecen su ideología -su ideario- de cuál es el modelo al que deben ajustarse los demás, ya sean conductas o características físicas que indefectiblemente van cambiando con el tiempo.
El estigma que pesa sobre Brian –el nombre ya es objeto de burlas permanentes y sinónimo de chico sin educación, que va estereotipado con el tipo de vestimenta e, incluso, de gustos musicales –considerados inferiores- se contrasta con el estereotipo que la sociedad, caprichosamente, busca en sus jóvenes y cuando no los encuentra, de acuerdo a su imaginario social lo rechaza, solo porque lo diferente se normalizó como inferior-. Lo mismo pasa con Estanislao, que no puede ejercer su derecho a vestirse –o travestirse- sin recibir el rechazo –y la burla- que no son más que manifestaciones de violencia y discriminación.
El estigma será siempre, en la simplificación mental, un estereotipo que limitará la creatividad. La sociología insiste con que “los estereotipos son alegatos comunes del pasado” que “incluyen una amplia variedad de alegaciones sobre diversos grupos raciales y predicciones de comportamiento basadas en el estatus social o la riqueza” y que resultan en “esquemas de pensamiento o esquemas lingüísticos pre construidos que comparten los individuos de una misma comunidad social o cultural”.
Lo cultural, se sabe, está en cambio permanente.

La intención es desacreditar

estanislao
Estanislao Fernández en uno de sus personajes.

Para analizar el estigma, desde la sociología, hay que reconocer que se trata de un atributo únicamente desacreditador. Brian con la gorrita y Estanislao con sus personificaciones son mirados por la sociedad como inferiores o inaceptables, porque exhiben características que –entienden algunos- van en contra de las normas culturales establecidas.
Para Goffman, las tres categorías que causan el estigma social son tribales (etnia, religión); las diferencias físicas (obesidad, enfermedad mental y otros) y los estigmas asociados al comportamiento o a la personalidad (como delincuencia, homosexualidad).

De “diferentes” y “normales”

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Eduardo Bolsonaro en su personaje.

El actor y pedagogo Pasquale Marino, que desarrolla proyectos de circo social y espectáculos de clown gestual, también rescata a Goffman para reflexionar sobre el estigma social, como actitudes y creencias de personas que rechazan y evitan (¿temen, quizás?) a quienes perciben como diferentes porque las consideran distintas, menos apetecibles e inferiores respecto a las que son normales y corrientes.
Y explica Marino que para Goffman, en realidad, el concepto de estigma no debe entenderse de un modo esencial sino relacional: “en la diversidad funcional esta no es necesariamente un atributo desacreditador. El atributo que en apariencia identifica a una persona como discapacitada lo que hace en realidad es contraponerla a una idea de normalidad atribuida a otras personas”.
La elaboración, construcción y reproducción de argumentos estigmatizadores no es algo propio de sociedades y épocas concretas y son, en realidad, fenómenos universales de la propia esencia humana, que se dan donde existan relaciones humanas que tengan cualquier norma de identidad.
La construcción del estigma surge como contraposición a los grupos que con considerados como verdadero y que muestran rasgos diferentes. Destaca, en este sentido, la relación que varios autores e intelectuales señalan al vincular la estrecha relación que existe entre estereotipo, prejuicio y discriminación.
Según Gabriela Alemany y Teresa Rossell, “las actitudes de una población sobre el comportamiento de una parte de la misma no se basan nunca en un conocimiento objetivo, ni tan solo aproximado del fenómeno, si éste no forma parte del bagaje cultural de dicha población y, por tanto, no se ha experimentado ni vivido”. Las actitudes son consecuencias de “fantasías y temores que surgen frente a algo desconocido que no se comprende fácilmente, sobre todo, cuando además atenta contra los valores, las ideas o las normas que prevalecen en esa sociedad concreta”.
Brian y Estanislao, parece, atentan contra los valores, las ideas o las normas socioculturales de nuestra sociedad.
Y concluye, Pasquale Marino, que mientras que el “estigma” es una actitud o creencia, la “discriminación” es una conducta que se desprende de esas actitudes o creencias. La discriminación tiene lugar cuando los individuos o las instituciones privan injustamente a otros de sus derechos y oportunidades debido al estigma. La discriminación puede tener como consecuencia la exclusión o marginalización de personas y la privación de sus derechos civiles, como el acceso a opciones de vivienda justa, las oportunidades laborales, la educación y la plena participación en la vida cívica.
Sin etiquetas que buscan reacciones negativas, como la pérdida de la confianza y la capacidad de llevar adelante una vida normal, es decir, una vida sin sobresaltos producidos por aquellos que en su concepción social pretenden la imposición de su estilo y sus creencias, más el descrédito y el menosprecio de aquel a que no solo rechazan, sino que no pueden comprender.

Discriminación juvenil

brian y alberto
Brian con Alberto, el presidente electo.

En el ya mencionado estudio sobre “La estigmatización social como factor fundamental de la discriminación juvenil”, rescatan que el Programa Especial para el Fomento de la Cultura Democrática de México entiende que la discriminación se refiere a la construcción social de una relación de superioridad e inferioridad entre distintos grupos sociales o individuos. Y que la discriminación siempre parte de la premisa de que el otro es inferior o poco apto y merece ser relegado, excluido y señalado como inferior.
La discriminación no valora la riqueza de la diversidad social sino que limita la participación de los que son distintos, limita su acción social y disminuye o acabar con su presencia en la comunidad: es por ello que el estigma se convierte en un factor fundamental que facilita la discriminación, ya que la estigmatización social puede definirse como una teoría que explica la inferioridad de las personas, en tanto que son diferentes. En este sentido justifica el ejercicio de la discriminación.
La discriminación, entonces, representa relaciones asimétricas que niegan derechos y reducen oportunidades a quien consideran inferior por sus diferencias. La discriminación limita las oportunidades y cancela los derechos fundamentales. La discriminación, entendida como el trato injusto que recibe una persona por pertenecer, o porque perciben que pertenece, a un grupo social particular, se deriva directamente del estigma y hace que con frecuencia se vulneren los derechos humanos de las personas.
El estudio concluye, incluso, que para consolidar la democracia, es necesario que los fenómenos de la discriminación, la estigmatización, la pobreza y marginación sean eliminados o por lo menos reconocidos y combatidos por las autoridades.
Al mismo tiempo, exhorta a ampliar los canales de participación y oportunidades a toda la población, en particular a la niñez y la juventud, así como fortalecer la cultura política democrática y los valores que la fomentan: el pluralismo, el respeto y la tolerancia. El estigma, la discriminación y la violación de los derechos humanos, están estrechamente entrelazados, pueden ocurrir en el lugar de trabajo, en las escuelas, en el seno de las familias y dentro de las comunidades.
El reto sigue siendo el mismo: construir los mecanismos necesarios a partir de los cuales haya un indeclinable respeto a la diferencia, al otro y a los otros. La diversidad de prácticas que actualmente despliegan los jóvenes en cuanto al apropiamiento de los espacios públicos de las ciudades, la construcción de sus estéticas, entre otras, deben respetarse y antes de etiquetarlos como punks, darks, entre otros, deben percibirse como ciudadanos y por tanto como sujetos con derechos civiles, políticos y culturales.
El asunto es vivir juntos, no pese al otro sino junto con el otro u otros. Es por ello que para cambiar esta percepción, se deben considerar a los jóvenes como un potencial más que como un problema.
Asimismo, se debe trabajar en la generación de condiciones de igualdad de oportunidades para que estos jóvenes puedan realizar sus proyectos de vida. Las y los jóvenes tienen necesidad de ejercer el protagonismo que les corresponde, las sociedades necesitan de su aporte, y de sus ideas innovadoras.
En un mundo signado por el conocimiento y el cambio, las personas jóvenes son las que tendrán mayores capacidades de adaptación a las nuevas tecnologías, a las nuevas estructuras de las instituciones sociales, y a la propuesta de ideas frescas, innovadoras, y osadas. Sin el acceso a una salud integral, a una educación de calidad, oportuna y pertinente, y a una vida digna, la posibilidad de convertirse en actores estratégicos de su propio desarrollo y el de sus comunidades, se ve seriamente amenazada.
El material analizado y en parte reproducido en esta nota, invitan a la reflexión, al análisis pero sobre todo a la práctica, puesto que urgen políticas públicas que se adecuen a las condiciones y modos de vida reales de los jóvenes en Latinoamérica.