Los obispos argentinos anuncian “un nuevo tiempo en nuestra democracia” que consideran “irreversible”. Reunidos en asamblea plenaria, sus reflexiones cargan de contenido la búsqueda de consensos en sintonía con la convocatoria que viene haciendo el Presidente electo en un mensaje que no casualmente se titula: “El fortalecimiento de nuestra Nación”. Se exhorta a los argentinos a formar un Pueblo, que, “más allá de las discrepancias, sostenga referencias estables que conformen un proyecto común”. Pueblo como categoría anterior a Nación y que sólo se constituye en una “síntesis superadora” promoviendo un “desarrollo integral” que defienda la identidad nacional en el mundo globalizado.

Jueves, 7 de noviembre de 2019. Los obispos argentinos de la Iglesia Católica, reunidos en asamblea plenaria, exhortaron ayer a “fortalecer nuestra nación” en un mensaje que anuncia “un nuevo tiempo en nuestra democracia” y que consideran “irreversible”.
Aunque breve, el texto del documento difundido por la Conferencia Episcopal está cargado de significantes que resumen los desafíos políticos de la Argentina ante las tensiones objetivas internas y las generadas por la globalización.
La mayoría de los medios pusieron foco en el llamado de los obispos al diálogo y la búsqueda de consensos en sintonía con la convocatoria que viene haciendo el Presidente electo. Pero, los obispos no se refieren a la “grieta” que, es una guerra civil cultural o ideológica sino a la verdadera división de la Argentina reflejada en la fragmentación social. Por eso especifican “consenso en orden de generar síntesis superadoras”. Un abordaje dialéctico para hacer posible el inicio de un tiempo que incluya en un proyecto popular los intereses de la Argentina oligárquica. Síntesis dialéctica que no destruye lo viejo, sino que establecería esquemas conceptuales de matriz nacional para superar la forma nefasta de ideologismo que domina el debate sobre la economía y la sociedad argentina.
El orden de los factores es indicativo en la redacción del mensaje episcopal. Empieza por el contexto y, como dijimos anuncia “el inicio de un nuevo período de nuestra democracia, por la cual hemos optado de manera irreversible”. Los obispos así marcan la cancha. Con “irreversible” afirman que no vuelve a la Argentina, o son inviables las políticas neoliberales.
Antes de llamar al diálogo y los consensos, el mensaje primero subraya que “las mayores hipotecas del país siguen siendo la pobreza, la exclusión y la desigualdad”. También marca las prioridades y los objetivos de ese diálogo, pero no habla de distribución sino de “desarrollo integral” como el camino. Y un nuevo tiempo democrático para que sea irreversible, debe programarse desde la conciencia de que la crisis económica en la que termina el gobierno de Mauricio Macri explicita una reiteración del péndulo que signa el debate ideológico argentino hace más de medio siglo respecto del rol del Estado en la economía, y los modelos de política económica alternativos y contrapuestos, unos de desregulación en los ámbito financieros, económicos, laborales y aduaneros, promercados. Otros hiperreguladores en todos esos ámbitos e intervencionistas.
“La síntesis superadora” y el “desarrollo integral”, que el documento episcopal menciona como categorías en el Mensaje de Pilar, están indicando que, además de la prioridad social, el nuevo Gobierno (o la “nueva etapa” que se inicia, para ser más precisos, porque “nueva etapa” trasciende a los gobiernos), debe atender el verdadero problema de la economía argentina, que es su descapitalización y su baja competitividad. Inexorablemente, la “nueva etapa”, para lograr un “síntesis superadora” tiene que proponerse duplicar la inversión productiva por años para retomar el sendero del desarrollo sostenido.
Se instala de manera sutil que la verdadera discusión pendiente en el país es el desarrollo para terminar con los ciclos que se iniciaron en la posguerra y no los debates ideologizados de modelo y contramodelo.
Naciones – Estados en tiempos de globalización
No puede pasar inadvertido también que esta prédica de la jerarquía de la Iglesia tiene una invocación a “fortalecer la nación”.
Remite a la predica de El Vaticano, ya desde los tiempos en que las encíclicas papales sostenían que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. En un mundo que iniciaba la inercia de la globalización los Papas ya advertían que la contradicción fundamental del mundo, no era ideológica: capitalismo o comunismo, sino la contradicción norte – sur, es decir desarrollo – subdesarrollo.
Esta matriz está presente en el Mensaje de Pilar. Llamar a “fortalecer la nación” encierra la advertencia de los efectos de la globalización sobre las soberanías de las naciones. Francisco admite que la tendencia a la globalización es objetiva, pero aclara “la globalización no es mala, al contrario, la tendencia a globalizarnos es buena, nos une. Lo que puede ser malo es el modo de hacerlo. Si una globalización pretende igualar a todos como si fuera una esfera, esa globalización destruye la riqueza y la particularidad de cada persona y de cada pueblo. Si una globalización busca unir a todos pero respetando a cada persona, a su persona, a su riqueza, a su peculiaridad, respetando a cada pueblo, a cada riqueza, a su peculiaridad la globalización es buena, nos hace crecer a todos y nos lleva a la paz. Me gusta usar un poco la geometría aquí: si la globalización es una esfera donde cada punto es igual, equidistante del centro, anula, no es buena. Si la globalización une como un poliedro donde están todos unidos pero cada uno conserva su identidad, es buena, y hace crecer a un pueblo, y da dignidad a todos los hombres, y les otorga derechos”.
Desde esta perspectiva, el título del Mensaje Episcopal, aunque no tenga un desarrollo extenso en el texto, es más que sugestivo. Más, en el sitio de la CEA, como puede observarse, arriba del título del Mensaje se despliega la bandera nacional.

conferencia episcopal fortalecimiento
Otro párrafo que define conceptos es el que introduce la categoría “pueblo” en el Mensaje. Reflexiona que “como ciudadanos responsables estamos llamados a formar un pueblo que, más allá de las discrepancias, sostenga referencias estables que conformen un proyecto común.
Sin entrar en disquisiciones académicas, los obispos dan por sobre entendido que “pueblo” es anterior a “nación” que es una categoría histórica. Incluso dejan en claro que “pueblo” no es la suma de individuos ni de clases o sectores sociales, sino que debe “formarse”, y no es de otra manera más que en función de una pertenencia cultural en común. Y ese proyecto común es el sentimiento nacional. La nación no es así una entidad natural sino una entidad creada por la historia.
Es otro llamado a la unidad, pero mucho más profundo que a la “unidad nacional” a la “unidad en el sentimiento de pertenencia, El pueblo es anterior a la nación y al Estado. ¿Qué están diciendo los obispos? Que un “pueblo” puede llegar a configurarse como nación cuando su existencia histórica le permite ir generando vínculos de integración cultural propios que trasciendan el marco limitado de las relaciones políticas y económicas, de clase y de sectores sociales”.

El fortalecimiento de nuestra Nación
“En el inicio de un nuevo período de nuestra democracia, por la cual hemos optado de manera irreversible, queremos caminar con los argentinos para consolidarla cada día más.
Pedimos a Dios que nos ayude para que la senda democrática se traduzca en vida digna, desarrollo integral, trabajo para todos, acceso a la salud y educación de calidad. Reconociendo la inmensa dignidad de cada persona podemos decir que las mayores hipotecas del país siguen siendo la pobreza, la exclusión y la desigualdad.
La Patria requiere de todos un renovado esfuerzo de diálogo sincero y búsqueda de consensos en orden a generar síntesis superadoras. La grandeza de nuestra dirigencia se manifestará en este intento si sabe incorporar también los esfuerzos y las búsquedas de los más pobres.
Nos permitimos recordar que “la nueva cuestión social abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia.”
El delito de la corrupción nos tienta a todos de distintas maneras y no será posible un real fortalecimiento de nuestra democracia, sin una firme opción ética en los distintos niveles de la vida social, sin una real división de los poderes del Estado y una participación cotidiana y generosa de cada argentino.
Como ciudadanos responsables estamos llamados a formar un pueblo que, más allá de las discrepancias, sostenga referencias estables que conformen un proyecto común. Esto supone un renovado esfuerzo por superar las distintas formas de violencia y por construir la amistad social.
Jesucristo Señor de la historia, te necesitamos. Virgen de Luján, ponemos a tus pies nuestro futuro.

Los obispos de la Argentina
118º Asamblea Plenaria. Pilar, 6 de noviembre de 2019.

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