El golpe a Evo, el asilo en México, la consagración del provincialismo en Salta, la rebelión popular en Chile y el repudio al Golpe de Estado ponen en la superficie la vigencia de la disputa por la hegemonía en América Latina. No es sólo una disputa entre neoliberalismo y populismo, sino la disputa por la identidad. “Porque los pueblos tienen un alma, tienen un modo de entender la realidad, de vivir la realidad”, como dice Francisco. ¿Cómo logra Argentina mantener la estabilidad democrática? La CGT, que sabe medir los tiempos, los movimientos sociales que dialogaron para negociar y contener, y los gobernadores que asumieron una “actitud colaborativa” y acompañaron leyes, fueron actores centrales para mantener a Macri dentro del sistema.

Miércoles, 13 de noviembre de 2019. El golpe militar en Bolivia constituye un punto de inflexión en la geopolítica de América Latina y como lo sostuvo el presidente electo de la Argentina es el retorno del militarismo respaldado por Estados Unidos. Es un dato duro de la realidad que de un mazazo ha recortado expectativas en los cambios políticos que anuncia la consagración de Alberto Fernández y el retorno de Cristina Kirchner.
Es un Golpe que define el escenario.
La discusión sobre la naturaleza del “quiebre institucional” como la pulseada en el Congreso por el pronunciamiento repudiándolo, tiene sustancia simbólica. Juan Carlos Monedero lo subraya: Es un Golpe, por eso “ningún demócrata en el mundo puede guardar silencio. O regresará la noche de las dictaduras al continente latinoamericano. Y la amenaza de la extrema derecha, que alcanza desde Estados Unidos a Asia pasando por Europa y golpeando en África terminará por devorarnos a todos”.
El debate instalado burdamente por “el accidente desgraciado en la diplomacia argentina”, expresado en el tándem Macri – Faurie, ha logrado agitar la grieta en la sociedad que se posiciona fanática e irracionalmente en la reproducción de consignas aberrantemente discriminatorias.
Pero algo se mueve, la destitución de Evo marcó un límite en la conciencia de la dirigencia de la UCR. El golpe, el militarismo y el liderazgo de un reconocido paramilitar fascista y fundamentalista formado en sectas neonazis, ya es mucho para los radicales. El comité nacional no podía dejar de pronunciarse: es un golpe de Estado.
Lo concreto, como lo subraya Juan Gabriel Tokatlian, vicerrector de la Universidad Di Tella: “la cuestión militar está de vuelta en América Latina en general y en América del Sur, en particular. El gobierno entrante debe estar atento a esta tendencia para actuar en consecuencia. En ese sentido, parece imprudente que se llegara a llevar a cabo la eventual disolución de la AFI. En las actuales circunstancias regionales, lo más relevante para un país como Argentina es poseer una sólida inteligencia estratégica”.
Inteligencia estratégica
Con las fuerzas militares y policiales sublevadas, Evo Morales no pudo haber evitado el Golpe por más “inteligencia estratégica” que haya organizado para tener informes de los preparativos y movimientos del “loco” Luis Camacho contactando a Bolsonaro, agentes de la CIA camuflados como pastores evangélicos y hasta con el neonazi croata Branko Marinkovic.
La “inteligencia estratégica” no se agota en la información que pueda suministrar una red de espionaje. La lógica de ese esquema de poder es la estalinista ya que forzosamente derivaría en la detención de Camacho, Carlos Mesa y otros conspiradores. No lo podía hacer sin el control de las fuerzas armadas. Pero aunque así fuera, no es silenciando ni reprimiendo como se logra gobernabilidad. Ese “loco” como dijo Macri de Camacho, si tiene seguidores se constituye en un emergente. Los Camachos son síntomas de una sociedad enferma. En Bolivia la existencia de una parte de la sociedad, simplificadamente diríamos europeizada, replica la todavía vigente tensión que en Argentina Sarmiento sintetizó magistralmente como civilización o barbarie. Un sector de la sociedad colonizada en su subjetividad, se horroriza de la plurinacionalidad que el gobierno de Evo intentó construir en el Estado como síntesis de toda la diversidad. Se sienten indignos por ser gobernados por un indígena.
En su reciente visita a Bucarest, el Papa Francisco habló de la necesidad de que la sociedad y la política tengan corazón para hacer que las cosas funcionen bien. Porque, afirmó Francisco, “no es suficiente con actualizar las teorías económicas, ni con las técnicas y las habilidades profesionales, aunque sean necesarias, sino que se trata de desarrollar, junto con las condiciones materiales, el alma de vuestro pueblo. Porque los pueblos tienen un alma, tienen un modo de entender la realidad, de vivir la realidad”.
Así, lo que hace avanzar al pueblo, según el Papa, pasa a través de la vuelta siempre al alma de ese pueblo.
Desde esta perspectiva, la inestabilidad crónica de Bolivia está ligada a la lucha por su identidad. El gobierno de Evo deja más de una década de crecimiento económico, a un promedio anual de 5%, que es muy superior al de Estados Unidos y el resto de los países sudamericanos, una inflación anual de 1,7%, y reducir la pobreza a la mitad.
Es cierto que los millonarios de Santa Cruz vieron afectado su poder de concentración de la riqueza y que las multinacionales pretenden apoderarse de recursos naturales como el litio y el gas, pero reducir el Golpe a los intereses económicos es demasiado determinista. Está en juego el “alma del pueblo boliviano”.La plurinacionalidad no sólo afecta los dogmas del libre mercado sino también los dogmas religiosos. Por eso tanto silencio de las iglesias. “Ha vuelto a entrar la Biblia al palacio. Nunca más volverá la Pachamama”, sostuvo un pastor cuando Camacho irrumpió en la Casa de Gobierno para pedir la renuncia de Evo.
El “alma” de Bolivia, la colonizada, la blanca, es también puesta en disputa por los Estados Unidos. El imperio en decadencia extrema su violencia para defender su influencia en lo que considera su “patio trasero”. Reaccionan ante la presencia de China y Rusia en la Región y un imperio asustado puede desatar toda su capacidad de destrucción en su caída.
El alma del pueblo salteño
El mismo día, en Salta, que tiene una extensa frontera con Bolivia, se realizaban las últimas elecciones del año en la Argentina.
Otro clima. La celebración de la democracia que habilita el pronunciamiento del pueblo a través de las urnas, que por los sucesos bolivianos quedó marginada en la atención de los medios y analistas.
Quizá el sitio LetraP rescató el espíritu del pronunciamiento de los salteños en las elecciones. “Lejos de la polarización nacional macrismo-kirchnerismo, Gustavo Sáenz se convirtió este domingo en el sucesor de Juan Manuel Urtubey, con el armado de una alianza amplia que, a la manera de otros provincialismos triunfantes, incluyó a diferentes sectores políticos y lo consagró con un triunfo contundente”, sostiene el sitio que es uno de los alternativos más leídos por la burbuja.
Reflexiona… “el flamante gobernador llegó a la elección con una construcción amplia, que incluyó desde sectores del peronismo hasta el macrismo, puso el foco en su gestión como intendente de la capital salteña, consiguió el apoyo de parte de la estructura de gobierno Urtubey y aplicó una lógica puramente provincialista”.
Destaca la nota: que como sucede en otras provincias los armados provinciales exceden la lógica nacional y revela que el Frente Sáenz Gobernador incluyó 14 partidos provinciales, entre los que figuran PARTE, que lidera nada menos que Alberto F.
Aunque la columna omite la mención al Frente Renovador de la Concordia en Misiones, y se limita a mencionar a Neuquén, Río Negro y Santiago del Estero, rescata la decisión política de la agrupación de diferenciarse de los partidos tradicionales que concurrieron a las elecciones con el apoyo de Cristina Kirchner o de Mauricio Macri.
La estabilidad democrática argentina
El pronunciamiento popular en Salta, allí no más en la frontera sur de Bolivia, el mismo día del Golpe de Estado que largó a las calles hordas fascistas lideradas por mercenarios, marca un contraste palpable que también se hace evidente con las movilizaciones en la otra frontera salteña: Chile.
Hay un putsch del imperio que está logrando que las democracias en América Latina se muestren altamente inestables. Aunque también hay una onda mundial que está poniendo en cuestión el funcionamiento de las instituciones republicanas de gobierno. Sin dudas, la evolución del capitalismo ya en su fase de valorización financiera globalizada está destruyendo las instituciones que lo sostienen. Con el debilitamiento de los estados nación, y el manejo arbitrario de organismos como la OEA, se va perdiendo la capacidad de regulación.
No sólo Bolivia es un espejo. Las movilizaciones populares en Chile, sin claros anclajes en proyectos políticos institucionales, espeja una salida anárquica.
La Argentina no es una excepción y está en la mira del panóptico de Washington. El gobierno de Mauricio Macri, logró en menos de cuatro años destruir sustentos de soberanía nacional y dejar campo minado al gobierno que inicia el 10 de diciembre Alberto Fernández. Al mismo tiempo las políticas neoliberales generaron una crisis económica y social sin precedentes que trajo aparejada la pérdida de derechos, fundamentalmente en sectores bajos y de medios.
A pesar de todo, se consolidó la democracia y se mantuvieron funcionando las instituciones de la República, más allá del law-fare, de las intromisiones del Ejecutivo en el Poder Judicial, que están en la mira de las Naciones Unidas.
Una recorrida por la política a partir del 10 de diciembre de 2015, es necesaria para entender cómo a pesar de todo, la Argentina logró consolidar su democracia.
Desde antes de asumir, Mauricio Macri anunciaba su intención hacer lo que tenía que hacer por cualquier medio. Los DNU designando jueces en la Corte fue un anunció explícito.
Era un deber de la dirigencia comprometida con la democracia estar atentos a esa alerta temprana sobre los riesgos del estatus republicano.
Más de una vez hemos apuntado que los nuevos tiempos de Washington, explícitos después con Trump y sus halcones, respaldaban al gobierno de Macri que llegaba con la legitimidad de los votos, un país dividido, con el alma en disputa diría el Papa, con el respaldo también del poder económico, jueces, servicios de espionaje y organizaciones como el Colegio de Abogados.
Sostener la democracia a pesar de los retrocesos sociales y la destrucción de derechos, no fue mérito de Dujovne, que se pavoneó en Washington diciendo que a pesar del ajuste perpetrado en complicidad con el FMI, las movilizaciones sociales no desestabilizaron al Gobierno.
La estabilidad democrática no fue tampoco mérito de los partidos que en el Congreso intentaron bloquear las iniciativas del Ejecutivo sí, porque eran retrógradas y alentar la calle como resistencia.
La estabilidad democrática ante todo, radica en el “alma” del pueblo argentino, que el 30 de octubre de 1983 inició un camino con la consagración de Raúl Alfonsín. Camino que no se propone ser heroico ya que renuncia a la toma del Palacio de Invierno y ni siquiera la toma de la Bastilla. No es casual que los partidos anti-sistema, en los extremos como la izquierda o a la derecha como los neonazis, en Argentina no tienen gravitación electoral.
El mérito político de estos años fue mantener a Macri dentro del sistema con la lógica del sindicalismo: negociar, ceder, avanzar cuando la relación de fuerzas lo permite. La CGT, que sabe medir los tiempos, los movimientos sociales que no dudaron en sentarse con la ministra Stanley para negociar y contener, y los gobernadores que asumieron una “actitud colaborativa” y acompañaron leyes, fueron actores centrales para la estabilidad democrática en la Argentina.
Y Cristina, a pesar de que suele pasar factura a los que votaron leyes a Macri, fundamentalmente a Sergio Massa, dio muestras de estadista cuando encuadró en la realidad geopolítica la decisión de nominar a Alberto como candidato. Evo es un espejo de lo que hubiese podido suceder si la candidata era Cristina. Es indudable que Washington cuestiona los liderazgos progresistas de la región.
El golpe a Evo, el asilo en México, la consagración del provincialismo en Salta, la rebelión popular en Chile y el repudio al Golpe de Estado y al retorno del militarismo, ponen en la superficie la vigencia de la disputa por la hegemonía en América Latina. No es sólo una disputa entre neoliberales y populares, sino la disputa por el alma. “Porque los pueblos tienen un alma, tienen un modo de entender la realidad, de vivir la realidad”.