Terror social

Si existe orgullo prejuicio y zombis, puede escribirse el Tristam zombie, y alguien seguramente lo estará escribiendo. El terror, a pesasr de las producciones clase Z nunca fue un género menor.
Mariana Enriquez, escritora argentina que acaba de recibir el Premio Herralde por su nueva novela Nuestra parte de noche, dijo que “le daría el Premio Nobel a Stephen King”.
En Misiones el terror fantástico, aunque pareciera estar todavía preservado por la guardia imperial de los seres mitológicos, asoma de la mano del auge audiovisual impulsado por las nuevas tecnologías.
A pesar de que terror social es lo que está pasando en Chile y Bolivia, hay otra categoría también llamada así en el cine: terror social en la selva misionera. En ese tópico ubican los expertos a “Los que vuelven” de Laura Casabé, despegándola un poco de la frivolidad con se suelen mover los muertos vivos en cámara.
El productor misionero nacido en Córdoba Santiago Carabante la catalogó en redes sociales como: delirio de época en pleno monte misionero. “Filmamos 21 jornadas y llovieron 28” comentó acerca de las dificultades. Carabante es quizá la persona con más experiencia en producciones audiovisuales en nuestra provincia, con trabajos como por ejemplo en “Ese fin de semana” de Mara Pescio; “Los abismos” de Agustina San Martin; “Fantasma vuelve al pueblo” de Augusto Gonzalez Polo. “El silencio del cazador” de Martin Desalvo; “El ultimo yaguarete” de Sebastian Toba; “Una especie de familia” de Diego Lerman; “Panambi” de Verena Kuri y Laura Bierbrauer; “Los vagos” de Gustavo Biazzi; “Le blu” de Guillermo Rovira; “Los padres” de Iñaki Echeverria; “Respiro” de Diego Bellocchio; “Ana Czeikowski” de Hector Jaquet; “La patota” de Santiago Mitre; Cara sucia, con la magia de la naturaleza” de Gastón Gularte; Todo lo que me gusta de Sergio Acosta; miniserie web “Manduricio” de Sergio Acosta; documental “Iguazu en concierto” de Federico Jacobo; “Siete vuelos” de Gaston Gularte, entre otros, es decir, en casi todas las producciones de los popes y los independientes de la industria misionera y las realizaciones nacionales que tuvieron lugar en nuestra tierra desde la amplia promoción y el destape de la selva como gran locación.
La película está participando del 34° festival internacional de cine de Mar del plata. El crítico Bruno Calabrese la resumió: una mujer ruega por el regreso a la vida de su hijo a una enorme cascada de agua. Sus ruegos son escuchados por la Iguazú, la madre del día y la noche, y el bebé abandona la muerte en un llanto ensordecedor, como el potente sonido de la inmensa cascada misionera. El poder de la Iguazú está prohibido, según el mito y romper ese pacto está prohibido.
“Los que vuelven” es relato de terror inmerso en un tiempo muy lejano. Épocas de colonización, en donde las tribus originarias eran esclavizadas por los patrones. Donde las esposas de los patrones usaban corsets y eran asistidas de manera permanente, hasta para desvestirse. El espesor de la selva misionera, tanto de noche como de día le da el marco ideal a una película que tiene zombies, venganza, rituales paganos y leyendas aborígenes y una reflexión sobre el terror social en argentina y latinoamérica.