El legado de Marilú Leverberg es un sindicalismo democrático en función de entender que el Estado no es neutro políticamente y un gobierno popular no es un patrón sino un aliado con el que se dialoga en defensa de los derechos. Su incursión en política como diputada de la Renovación fue coherente con su ideario. “Las luchas gremiales se realizan en la política”, solía aclarar. Frente a las críticas, la razón se la dieron las bases. No hubo otra sindicalista capaz de reunir a cinco mil personas en jornadas de deliberación. Su inesperada muerte es una irrupción intempestiva en el sindicalismo y la política misionera que pone en suspenso a la historia.

Lunes, 6 de enero de 2019. La muerte de Stella Maris Leverberg conmovió en la provincia a todo el arco de dirigentes políticos, gremiales y sectoriales además de a docentes. Las muestras de dolor y tristeza fueron manifiestas desde el viernes a la noche cuando se conoció el trágico deceso. La multitud que asistió a sus funerales en Oberá fue la más clara demostración de afecto y del liderazgo que ejerció.
Pero hay dos textos que ponen de manifiesto el verdadero legado de Marilú y que vale la pena reiterar:
Hugo Passalacqua: “Inmensa tristeza por el fallecimiento de una hermana de la vida: Marilú. Nos queda recordarte firme en la lucha, solidaria, familiera, apasionada y comprometida en la defensa de los derechos de la educación toda. Estarás siempre en mi corazón y en el de cada docente”.
Adolfo Safrán: “Pocas veces me he cruzado con alguien que haya defendido con tanta vehemencia los derechos de sus representados como lo hizo Marilú por los docentes. Despido sentidamente a una gran militante, dirigente y amiga. ¡Quedarás por siempre en nuestra memoria!”
No es propósito de esta nota abundar en las cualidades humanas de Leverberg ni en su trayectoria como docente y militante gremial ya que fue ampliamente resumida en los medios sino volver a las reflexiones que hubimos de hacer en este espacio en varias ocasiones.
Los mensajes de Passalacqua y Safrán son en ese sentido disparadores del análisis. Passalacqua no sólo fue gobernador y ministro de Educación en 2003 sino también “hermano de la vida” de Marilú por haber compartido las luchas por la dignidad docente en los años 90 que fueron visibilizadas en las famosas carpas blancas y después desde el Ministerio haberse sentado a dialogar de igual a igual, con los roles diferenciados pero sin asignarse el ser patrón.
Safrán, responsable de las erogaciones del Estado, dice que es testigo de cómo defendía los derechos de sus representados, seguramente en su despacho y en las mesas de consenso.
Repasando las crónicas que hemos publicado en Plural desde hace años, se puede precisar que el verdadero legado de Marilú es un sindicalismo democrático. Y no nos referimos a las formas en que se dirimen los cargos directivos al interior de UDPM, ni al mando que ejercía por peso propio en el Consejo, sino a la relación del sindicato con la sociedad.
Su gestión gremial partía de la interpretación del rol del sindicalismo representativo de empleados públicos que consideró inidisolublemente ligado y determinado por el entendimiento de que el Estado no es neutro políticamente. Un Estado tomado por intereses antinacionales no es lo mismo que un Estado popular. Ante un Estado que se erige en patrón, Marilú no dudó en ganar la calle. Ante un Estado que expresa cabalmente la alianza de clases y sectores sociales de la nación, que tiene funcionarios involucrados con los derechos de los trabajadores, Marilú se sentaba a negociar. Cuestionada por izquierda por ceder y cuestionada por derecha por exigir. Pero no es el teorema de Baglini el que le termina de dar la razón a la racionalidad que ponía en las negociaciones paritarias y en las mesas permanentes de diálogo. La razón se la dieron las bases. Siempre. No hubo otra sindicalista capaz de reunir a cinco mil personas en jornadas de deliberación que realizaba en forma periódica.
Por eso, no fue una contradicción cuando fue consagrada por dos veces como diputada. La doble representación, política y gremial, confluyeron en su quehacer en función de la defensa de los mismos intereses. “Las luchas gremiales se realizan en la política”, solía aclarar repitiendo las lecciones de Raimundo Ongaro, en respuesta a las críticas. Es el concepto que define su legado.
Por eso, su inesperada muerte es una irrupción intempestiva en el sindicalismo y la política misionera que pone en suspenso a la historia.