Sobre libros, historiadores y escritores.

Lucas Braulio Areco fue historiador, y un museo lleva su nombre.
Aníbal Cambas fue historiador y un museo lleva su nombre.
Otros historiadores pero sin museo son Julio César Sánchez Ratti, Casiano Carvallo, Anibal Lesner, Carlos Silveira Marquez, Aristóbulo Basterra, Felipe Kuri. Salvador Cabral Arrechea.
Muchos de ellos no fueron historiadores profesionales sino que su avidez y pasión por el pasado de su región los llevó al trabajo.
Ricardo Piglia dijo que estudió historia para poder hacer libremente literatura. Sin esa carrera no hubiera podido escribir.
Cabral Arrechea formaba parte, como uno de los representantes de Misiones, del Instituto de Revisionismo Histórico, una nueva academia en condiciones de asegurar que existan las dos versiones de la historia nacional. “La que teníamos era una sola y muy antigua. Además le faltaba este proceso revisionista que, también le dará la razón de ser al entusiasmo de los jóvenes. Una historia que comenzó en 1810 con Mariano Moreno, discutiendo con los otros miembros de la Junta de Gobierno, siguió con Artigas, con San Martín, continuó con Yrigoyen y con Perón”.
La otra representante por Misiones es la profesora Liliana Rojas. Para ser miembro del Instituto resulta necesario tener publicados diez libros, como mínimo, y contar con título académico en ciencias sociales.
Cabral alguna vez soñó con la creación de un Instituto Misionero de Historia que funcione en el ex hotel Savoy. “Allí en salas reconstruidas podrían darse los debates. Porque hay que invitar también a los liberales, para que los jóvenes conozcan las dos versiones de la historia y después elijan con cuál quedarse” había dicho, en el marco de la lucha que se estaba dando en el campo de la cultura para diferenciar la perspectiva historiográfica nacional, popular y federalista, de la historiografía tradicional de corte liberal, heredera de la historia oficial extranjerizante, porteñista y elitista que se escribió al fin de las guerras civiles.
Ni Bernardino Rivadavia ni Pueyrredón, ninguna de las figuras del unitarismo porteño estuvieron en el frente de batalla, a diferencia de Don Andrés.
Andresito Artigas en la emancipación americana es uno de los libros más exitosos de Salvador Cabral. Un libro fundamental para comprender la relación entre lo particular y lo general, lo local y lo global. No todos los lectores atienden, cuando en la tapa de un libro dice Quinta edición, que ese libro fue vendido y agotado cuatro veces, señal de que ha sido leído y anda circulando por anaqueles de lectores y curiosos.
La edición corresponde a Editorial Corregidor. En la contratapa se lee “Los héroes de la provincias argentinas son casi siempre figuras menos estudiadas y conocidas que los hombres ligados a la hegemonía de Buenos Aires… Esta obra viene a salvar ese olvido de nuestra historiografía” y el verbo salvar es usado en coincidencia con el nombre del autor del libro: Salvador, se podría decir en este caso que es casi un sinónimo de historiador si recordamos la condena de silencio que se le dio al héroe por tanto tiempo.
En el prólogo Mario Oscar Guerra dice “este libro es el verdadero monumento al prócer, mejor aun que el bronce de Garupá” exaltando la prevalencia de la mirada sobre el General Andrés Artigas de dimensión humana por sobre el Andresito mítico. Agrega una cita de Mauriac donde pregona que la más grande caridad para con los grandes muertos no es exaltar sublimes actitudes sino acercarlos y hacerles perder la pose.
Salvador Cabral era abogado, magister en Educación, doctor en Ciencias Políticas, profesor de Historia Argentina y Latinoamericana. Fue Secretario de Estado de Cultura, diputado provincial, senador y parlamentario del Mercosur entre otras cosas. Escribió los libros Artigas y la patria grande, Artigas como caudillo argentino, La revolución cultural del Mercosur, Las misiones jesuíticas del Guayrá, Los guaraníes: historia y cultura, La desesperación nacional de Lugones, Revolución y crisis del Mercosur, entre otros.