La cuarentena si es odiosa. Pero intentemos entender que no es un castigo sobre el castigo del virus. El aislamiento en una posición de capricho o antojadiza: es, por ahora, lo único y lo poco conocido para enfrentar a un virus que te causa muerte a vos, o a tu entorno afectivo.

 

Miércoles 8 de julio de 2020. Todos estamos cansados de la cuarentena, una medida odiosa que toman los Gobiernos –bueno, algunos no lo hicieron- para cuidar la salud y la vida de la población. Reclamarle al Estado por esta medida tediosa es, o de una gran irresponsabilidad por desconocimiento, o de una gran irresponsabilidad para horadar los ánimos.
La cuarentena, el aislamiento, son por ahora las únicas medidas más o menos eficaces para frenar el avance de este virus que en el mundo ya enfermó a cerca de 12 millones de seres humanos y mató a unas 550 mil personas en el planeta. A siete meses de este año, todavía no se conocen vacunas ni otras medidas capaces de cuidar a la población que no sean esas de las que renegamos a diario: aislamiento, encierro, distanciamiento, cuarentena o cientena, como la quieras llamar.
Europa intenta volver a la normalidad con algunas actividades. Acá, en nuestra América, el epicentro de los contagios y las muertes se instaló en los Estados Unidos de Norteamérica y en la República Federativa de Brasil, acá al lado, rodeando a nuestra pequeña provincia por el Norte y por el amplio Este, con cerca de 66 mil víctimas fatales.
Números y situación que la mayoría conoce pero que viene a cuenta para tratar de entender el reclamo que va sobre el Gobierno: “no aguantamos más”, dice una caterva de ciudadanos que solo prefieren las reuniones sociales y las acciones económicas antes que preservar la salud o cuidar la vida, dejando a la determinación del aislamiento en una posición de capricho o antojadiza. El aislamiento es, por ahora, lo único y lo poco conocido para enfrentar a un virus que te causa muerte a vos, o a tu entorno afectivo.
La cuarentena si es odiosa. Pero intentemos entender que no es un castigo sobre el castigo del virus: es el único remedio que tenemos por estos tiempos, tedioso, injusto, molesto pero medianamente eficiente.
Hasta el domingo, hace 24 horas, morían cinco mil personas por día, una cifra extremadamente alta considerando las medidas de mitigación que algunos países llevan adelante, a pesar de la incomodidad que genera. Los contagios siguen marcando, día a día, nuevos récord y la preocupación crece en todo el mundo.
América Latina registra el mayor número de casos y de muertes en estas últimas semanas. Estamos lejos de que las autoridades sanitarias y políticas tengan la situación bajo control, pese a que toda la atención está puesta en la salud y en la reactivación de la economía, con asistencias que seguramente no alcanzan y con políticas públicas de acompañamiento para el día después.
Entonces… ¿qué reclaman los que reclaman? ¿A quién reclaman los que reclaman?
El presidente argentino tuvo que salir a explicar que no está enamorado de la cuarentena sino enamorado de la vida. ¿Necesitamos que nos expliquen eso? ¿No podemos entender por nosotros mismos que una pandemia es un desastre planetario que en este caso todavía no tiene solución?
El alquiler, la cuota del auto, el cable, el crédito del celular; las costumbres gastronómicas del domingo o las reuniones con amigos, mirando el río, son –para los posadeños- ¿más importantes que la propia vida?
Si la respuesta es no, ¿Por qué reclaman los que reclaman?