Definitivamente, llegó el momento de pensar en respuestas que responden más a objetivos cualitativos y menos a menos a objetivos cuantitativos únicamente. El resultado, esta vez, debe ser distinto a todo lo anterior. Debe ser mejor a todo lo anterior. ¿Podremos?

Por Jorge Posdeley (*)

Miércoles 26 de agosto de 2020. La Cámara Argentina de la Media Empresa (Came) -en su informe de agosto- comunicó que “el turismo regional perdió ingresos por 77.890 millones de pesos entre marzo y agosto” de este año. El balance es sobre los seis fines de semana largos y las vacaciones de invierno que no se pudieron cumplimentar a raíz de la cuarentena.
La Came estima que de este total de pérdida, unos 66.347 millones de pesos corresponden a mermas por turistas y que 11.543 millones de pesos son de mermas de excursionistas e indicó que la mayor pérdida se dio en el receso invernal donde el sector de turismo perdió de recaudar unos 41.000 millones de pesos, que representan un 52 por ciento de la merma total de la actividad. Sin dudas, un duro golpe a las economías regionales ya que lo perdido no se recuperará nunca más. Es que el turismo, como actividad, no se puede stockear: lo que no se vende hoy, no se podrá guardar para vender mañana.
Mientras el Ministerio de Deporte y Turismo de la Nación a través de su Secretaria de Promoción Turística anunció que trabajan para que en el verano pueda reabrir la actividad turística en todo el país, apelando a responsabilidad individual para no poder generar daños en la responsabilidad colectiva. Esta noticia genera mucha expectativa con fecha cierta de reapertura para romper con el turista cero en los destinos turísticos domésticos.
El turismo fue y resulta una de las actividades económicas del sector terciario de la economía perteneciente a la rama los servicios más perjudicada en todo el mundo por efecto del virus Covid19 y seguramente será el sector al que más tiempo le llevará recuperarse, restablecerse comercialmente y retroalimentarse con toda su cadena de proveedores de servicios.
La actividad es la única que al momento, en Argentina y en algunos otros países del Cono Sur está casi paralizada en su totalidad, salvo en algunas provincias que transitan la llamada Fase Tres de “Segmentación geográfica” o por la Fase Cuatro de “Reapertura progresiva”, situación dentro de las Fases de Administración del Asilamiento que permitieron -en algunos casos- la reapertura al turismo interno de sitios con atractividad, complementándose con la reapertura parcial de servicios aislados de hotelería y gastronomía. Esto, por ahora a modo exploratorio o a modo de cuantificación de experiencia piloto, está destinado a satisfacer la demanda del turismo puramente interno y de cercanías, mejorando de esta manera la oferta de actividad del excursionismo o la recreación, actividades tan necesarias tras el prolongado aislamiento social preventivo tan extenso en el tiempo.
Estas actividades con principios de aroma a turismo de la nueva normalidad, están pura y exclusivamente pensadas para el mercado local, puesto que las barreras fronterizas de carácter interno e internacional siguen de la misma manera y con los mismos formatos que hace más de 120 días: sin conectividad interna de trasportación terrestre, sin vuelos y con aeropuertos cerrados.
Al momento se evalúan unos pocos números que cuantifican pura y exclusivamente cantidades de visitas y de visitantes, que miden más expectativas que certidumbre. De cualquier manera y cualquier número que arroje estas experiencias son más favorables, mucho más favorables que cero, la pandemia equiparo a los destinos a todos por igual, con turista cero.
El verdadero resultado está más allá de la cuantificación de los viajeros. El ojo del resultado deberá estar en la evaluación responsable que acarrea esta apertura en el territorio (destino turístico) identificando el grado de consecuencia responsable en forma positiva, confrontando la responsabilidad sanitaria.
El primer dato más importante y relevante resultará de evidenciar que nuestro destino turístico es relativamente seguro y que las medidas tomadas son por cierto acertadas; por lo cual estas movilidades a modo de prueba piloto no generaron inconvenientes alguno en la propagación del virus, situación sanitaria realmente beneficiosa para el turismo y aprobada de cara a un futuro con reapertura total de la actividad. Solo recordemos que alguna provincia se adelantaron a la etapas de la fase de administración del asilamiento, posibilitando la reaperturas de bares, restaurantes y del turismo interno, como es el caso de la provincia de Jujuy (Jujuy para los jujeños) entre otras. Esa provincia fue una de las primeras en apresurarse y de abrirse al turismo interno. A los pocos días volvieron sobre la decisión tomada: hoy la provincia está con el sistema de salud colapsado. De tener muy pocos casos de Covid19 pasó a esta situación dramática.

Refundación del turismo

Por lo pronto se sigue hablando de la refundación del turismo, de las ventajas que presentan el turismo de cercanías, de la enorme capacidad que presenta la actividad para generar resiliencia en los destinos, de las nueva modalidades que debemos afrontar de cara a la nueva eco-logización del turismo, pero son pocos los que comienzan a hablar de que es necesario un nuevo turismo que se base en los criterios de abandono de la masificación y que se deberá buscar refundar un nuevo turismo a partir de los principios de responsabilidad y sustentabilidad.
Todos estos análisis nos hacen pensar que la primera dosis de recuperación pasará principalmente por la salud del destino turístico y su responsabilidad sanitaria de cara al futuro; nadie viajará a visitar atractividades o a alojarse en un establecimiento hotelero de un destino sin responsabilidad sanitaria. Todos los análisis también apuntan a que la recuperación de visitantes y económica será lenta y que llevará mucho tiempo obtener las mismas cantidades de visitante a un destino y que los establecimiento turísticos y comerciales obtengan la mima rentabilidad al último ejercicio económico financiero de sus emprendimientos. Definitivamente, el mejoramiento de la salud económica irá de la mano de la salud del destino y de la responsabilidad sanitaria del sector de los servicios y de la gobernanza.
Pero pocos -o muy pocos- están analizando la secuela inesperada de la pandemia que se originó con el primer síntoma de la actividad: el turista cero. Mientras los informes de la actividad 2019 presagiaban un crecimiento sostenido y sin techo para la actividad en carácter mundial, donde los destinos más tradicionales se preparaban a competir unos con otros para ver quiénes recibirían la mayor cantidad de turistas o qué destino recaudaría más dinero en concepto del turismo. Hoy la pandemia no le permitió competir e igualó a todos a cero, más allá de tener el atractivo más importante o el menos importante: todos igualaron en cero.
Las experiencias de reapertura paulatina de las atractividades naturales o a cielo abierto en su gran mayoría permite evaluar y medir comportamientos responsables por parte de los visitantes y la puesta en práctica las nuevas mediadas sanitarias adoptadas, para tal fin, haciendo cumplir con los protocolos establecidos por los organismos de aplicación. Esta situación de responsabilidad compartida debería ser el puntapié inicial para repensar en nuevas estrategias. Hasta antes de la pandemia, los destinos turísticos y sus componentes de oferta solo evaluaban -casi siempre- cuestiones cuantitativas: primero saber la cantidad de visitantes, dato clave que indica en qué situación de la escala de preferencia se encuentra nuestro destino y que califica de alguna manera el accionar positivo de la implementación de políticas turísticas correcta. Cuanto más turistas nos visitan es sinónimo de que mejor hicimos las cosas políticamente. Comparar las visitas con los años anteriores resultaba fundamental para medir crecimiento, fidelidad del destino y preferencias.
Esto lo analizamos con la variable lugar de origen: cuanto más lejos venían, más mejoraba el símbolo de posicionamiento y segmentación de mercados. A estos hay que sumarles más cuantificación aún. Saber cuánto gastan los turistas en destino y el dato, cuál es la cantidad promedio de pernocte, una información básica que permitían inferir cuánto dejaba en pesos el turista en el destino.
Hoy los destinos se enfrentaran a un nuevo escenario donde se necesitara conocer datos -si bien- son cuantitativos, responden a indicadores un poco más elaborados sobre los cuales no estamos acostumbrados a tener o por lo menos son muy poco sociabilizados: tales como el ADR promedio de ingresos por habitación ocupada por un determinado tiempo, o como el RevPar variable que se utiliza para conocer el ingreso obtenido por habitación disponible en un determinado establecimiento hotelero o par hotelero por un tiempo dado.
La situación pos pandemia llevará a que los destinos turístico -indefectiblemente ante la merma de la demanda y la reducción de masividad por imperio de los protocolos sanitarios y el distanciamiento social obligatorio- deberán esta vez repensar su estrategia de cara al futuro. Nada será igual que antes y nuevamente hay que salir a conquistar al turista, pero esta vez desde cero, lejos de la masificación y con mayor responsabilidad sanitaria.
Entonces es un buen momento y quizás el momento único para pensar y no equivocarnos en la elección de las estrategias para la nueva refundación del turismo. Es el momento de pensar en la Gestión de los destinos turísticos y de cómo generar políticas consensuadas para distribuir de manera más acertada los flujos turísticos; de cómo compensar la estacionalidad reduciendo los picos de masividad y elevando la ocupación en los periodos de baja ocupación. El desafío de los destinos estará en la capacidad de mejorar sustancialmente la calidad de los servicios. Estarán a la altura de poder diversificar su oferta tradicional, serán capaces de poder reducir la dependencia de sus principales centros emisores.
Podremos, a partir de esta mala experiencia como destino, reducir el impacto negativo del turismo sobre el entorno y en relación con la comunidad local y sus pobladores. Seremos capaces de generan un cluster turístico responsable que agregue valor en toda la cadena productiva del sector.
Definitivamente, llegó el momento de pensar en respuestas que responden más a objetivos cualitativos y menos a menos a objetivos cuantitativos únicamente. El resultado, esta vez, debe ser distinto a todo lo anterior. Debe ser mejor a todo lo anterior.
¿Será posible?

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