El Papa Francisco habló ante la ONU de los efectos de la crisis sanitaria en la humanidad y de la necesidad de garantizar los derechos humanos, unir esfuerzos ante el cambio climático y enfrentar la cultura del descarte.

Sábado 26 de septiembre de 2020 (AICA). Los efectos de la pandemia por Covid-19 en la humanidad, garantizar los derechos humanos, pero también unir esfuerzos ante el cambio climático y hacer frente a la cultura del descarte, fueron los principales dramas que afrontó el papa Francisco en su mensaje a la Organización de Naciones Unidas (ONU) con ocasión del 75º aniversario de su creación.
El pontífice recordó al secretario general, António Guterres, a los jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a los que están siguiendo el debate general, que este aniversario de la ONU “es una oportunidad para reiterar el deseo de la Santa Sede de que esta organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a toda la familia humana”.
En un momento en el que el mundo atraviesa grandes trastornos, agravados por una crisis sanitaria mundial sin precedentes que acarrea graves repercusiones económicas y sociales, el Papa recordó que la pandemia del Covid-19 “llevó a la pérdida de muchas vidas” pero también está “cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas”.
La pandemia, afirmó, “llama a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. Es por esto, que consideró que es un momento oportuno para “la conversión” repensando “nuestra forma de vida” y “nuestros sistemas económicos y sociales”, pero también es una oportunidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas.
En este sentido, el Papa señaló que podemos elegir entre dos caminos: “el que conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo” o “al que da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales”.

Garantizar la futura vacuna de Covid19
En su videomensaje, Francisco abordó varias problemas que afligen actualmente al planeta y a la humanidad. La más reciente y notoria: la pandemia por Covid19. El Papa aseguró que “ha puesto de relieve la urgente necesidad de promover la salud pública y de realizar el derecho de toda persona a la atención médica básica”. Es por ello que renovó su llamado a los responsables políticos y al sector privado “a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra el Covid19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos”. “Y si hay que privilegiar a alguien –puntualizó– que ése sea el más pobre, el más vulnerable, el que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos”.
Garantizar un trabajo digno sin que la tecnología perjudique al empleado
Francisco se detuvo después en la situación de precariedad que amenaza a gran parte de los trabajadores: “Es particularmente necesario encontrar nuevas formas de trabajo que sean realmente capaces de satisfacer el potencial humano y que afirmen a la vez nuestra dignidad. Para garantizar un trabajo digno hay que cambiar el paradigma económico dominante que sólo busca ampliar las ganancias de las empresas”. Además, consideró que el progreso tecnológico “es útil y necesario” siempre que sirva para hacer que el trabajo de las personas “sea más digno, más seguro, menos pesado y agobiante”.

La cultura del descarte, un atentado
El concepto “cultura del descarte” no podía faltar en este mensaje. Francisco aseguró que es “un atentado contra la humanidad” ya que se trata de “una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy”.
De hecho, sostuvo, “es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad”. La lista de estas violaciones es muy larga y nos hace llegar a la terrible imagen de una humanidad violada, herida, privada de dignidad, de libertad y de la posibilidad de desarrollo. “En esta imagen –subrayó– también los creyentes religiosos continúan sufriendo todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias. También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura”.

Crisis humanitarias: armas, destrucción, huida
El pontífice continuó su mensaje centrándose en las crisis humanitarias, asegurando que se han convertido “en el statu quo, donde los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad personales no están garantizados”. “De hecho –añadió– los conflictos en todo el mundo muestran que el uso de armas explosivas, sobre todo en áreas pobladas, tiene un impacto humanitario dramático a largo plazo. En este sentido, las armas convencionales se están volviendo cada vez menos “convencionales” y cada vez más “armas de destrucción masiva”, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población”.
En este drama, las únicas víctimas son los civiles, que se ven obligados a abandonar sus hogares; miles son interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos y muchos son víctimas de la trata, la esclavitud sexual o el trabajo forzado, explotados en labores degradantes, sin un salario justo. “¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!” exclamó el Papa.
Francisco explicó que una de las respuestas para hacer frente a esta crisis es los dos Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración pero que al carecer de apoyo político no están teniendo éxito. Es por ello que afirmó que la crisis actual es una oportunidad para la ONU “para generar una sociedad más fraterna y compasiva”.

Acuerdo de París sobre el Cambio Climático
El Papa recordó también que cuando visitó a la Asamblea General en su 70 aniversario hace 5 años, unos meses después, se adoptó el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. “La crisis ambiental está indisolublemente ligada a una crisis social”, dijo el Papa, a la vez que aseguró que el cuidado del medioambiente “exige una aproximación integral para combatir la pobreza y combatir la exclusión”. Ante este drama, el Papa pidió que nos preguntemos seriamente si existe –entre nosotros– la voluntad política […] para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables que son las más afectadas. Además, aprovechó su mensaje para recordar que la Santa Sede seguirá desempeñando su papel.

Garantizar derechos
Entre su lista de llamamientos en este mensaje, no podía faltar su pensamiento hacia los menores, sobre todo los migrantes y refugiados: “Imploro a las autoridades civiles que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación”, pidió. Francisco explicó que la violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y la pornografía, “también aumentó dramáticamente”. Además, prosiguió, “millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza con un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición”.
En este sentido, el Santo Padre quiso denunciar también la promoción del aborto que se está viendo en muchos países, y que lo denominan como “servicio esencial” en la respuesta humanitaria: “Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido”.

Trata de mujeres: práctica perversa
Este año se cumple el vigésimo quinto aniversario de la Conferencia de Beijing sobre la Mujer y Francisco aprovechó para recordar el importantísimo papel de la mujer en todos los niveles de la sociedad: “toman las riendas con gran coraje en servicio del bien común”. Sin embargo, “muchas mujeres quedan rezagadas” expresó el Papa: “víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes. A ellas y a las que viven separadas de sus familias, les expreso mi fraternal cercanía a la vez que reitero una mayor decisión y compromiso en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran no sólo a las mujeres sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice”.

La ONU, un taller para la paz
El Papa también habló del desarme nuclear y planteó cuestionarse si las principales amenazas a la paz y a la seguridad como, la pobreza, las epidemias y el terrorismo, entre otras, pueden ser enfrentadas efectivamente cuando la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural.
En este sentido, subrayó que hay que desmantelar “las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social” y en especial “la disuasión nuclear”, pues “fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo”.
Es por eso que es tan importante, recalcó, “apoyar los principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear, no proliferación y prohibición”. “La Santa Sede -puntualizó- espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta ‘de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear’”.
Francisco afirmó en su mensaje que nuestro mundo en conflicto “necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz” y explicó que la reciente adopción del alto al fuego global durante la presente crisis “es una medida muy noble, que exige la buena voluntad de todos para su instrumentación continuada”.

De una crisis no se sale igual
Por último, exhortó a repensar el futuro de nuestra casa común y proyecto común: “Es una tarea compleja, que requiere honestidad y coherencia en el diálogo, a fin de mejorar el multilateralismo y la cooperación entre los Estados” y sostuvo que la pandemia mostró “que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro”.
“Las Naciones Unidas fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos; usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos”, concluyó.