Las «fuerzas del cielo», a pura lluvia y gases, no pudieron apagar esa rabia que crece. Miles llenaron las plazas de todo el país. La del Congreso fue otra vez escenario de una marcha masiva pero con una resistencia que no veíamos hace tiempo. Dejó claro que hay moral y equipo para animarse a desafiar al gobierno. La izquierda se juega a organizar esa bronca y tiene una propuesta para derrotar a Milei y sus planes.

Sábado 8 de agosto de 2026 (Lucho Aguilar para LID). Al mediodía, el cielo parecía que se caía. En miles de casas, escuelas, barrios, miraban hacia arriba esperando una tregua. Pero no la querían mirar por TV. Así que agarraron las camperas más abrigadas, algún paraguas, carteles artesanales y las banderas que habían quedado del Mundial.
Los trenes se llenaron de un público inusual a esas horas. Los subtes también. Empezaban los cantos. La patria no se vende. Por los pibes de Malvinas. Milei cipayo. Siempre que llovió paró, al pueblo no lo para nadie…
Iban a un partido difícil, pero no se iban a borrar justo ahora. Desde Once, la 9 de Julio y los laterales de la Plaza de los Dos Congresos la hinchada se iba juntando pasado el mediodía.
Uno los veía venir y lo que sobraba era mística. Como si miles de “Licha” Martínez, madres sin tierra, niños mapuches, obreras sin patrón, jóvenes anti-imperialistas, jubiladas, militantes ambientales, de izquierda y de quienes se sienten parte del “pueblo peronista”, se hubieran jurado un compromiso imposible de traicionar.
Las fuerzas del cielo ya tenían su primera derrota.
También llegaron las columnas de la CGT, la CTA y el sindicalismo peronista, hay que reconocerlo. Puntuales, orgánicas, formales. Como si estuvieran marchando “a reglamento”. A su tibieza de siempre hay que sumarle que el viernes 7 tienen su cita más apasionante: la congregación de San Cayetano.
Siguen creyendo más en las fuerzas del cielo que las del suelo.
Muchos delegados de base, trabajadoras que llegaron con sus gremios, se contagiaron el ritmo que los rodeaba. Fueron quienes se quedaron cuando las banderas oficiales se fueron. Temprano, no vaya a ser que los agarren haciendo lío.
Hay en esos miles de rostros una mezcla rara. Lo dice bien Hernán, del comité de artistas de Almagro: “Se notaba en las caras las dos cosas: alegría y bronca, la necesidad de estar a pesar de todo y ser escuchadxs”.
La alegría de quienes se sienten “de local”, que se saben multitud, que los une una causa gigante, más grande que cualquier reclamo individual. De quienes se sienten un poco envalentonados por haber derrotado el capítulo “tierras” en la previa.
Y la rabia de quienes están re calientes. Con el presidente títere y cipayo, la estanciera Luro Bullrich Pueyrredón, los ladrones Benegas Lynch y los piratas como Joe Lewis. Con su Congreso vallado, sus mulos de uniforme y mucho fierro.
Con esos mismos sentimientos, la gente seguía llegando. Una joven gritaba su bronca al micrófono de La Izquierda Diario: “vengo de Capilla del Monte, todos los años nos la pasamos apagando incendios y esa casta que gana 12 palos por mes quiere entregar y quemar la tierra”.
Otra pintura reflejaba que estábamos ante una jornada masiva, nutrida desde abajo. Cientos de carteles hechos a mano, llenos de bronca y poesía. “Sin suelo donde saltar, todos somos ingleses”. “La patria no está de remate”. “Yanquis go home”. “El que no defiende Argentina, para qué carajo alienta”. “Que caiga toda la ley, no se negocia nada”. “Que no ardan los bosques, que arda al gobierno”. Esa es buena.
Las paredes también hablaban. ¿Cuánto tardará Jorgito en borrar los “Milei cipayo” de cientos de paredes?

Las columnas de la izquierda también ocupan la Plaza. Sobresale la del PTS, que no tiene horario de partida como la CGT. Ya se sabe. Ahí también empiezan a verse las banderas de los comités por un partido de la nueva clase trabajadora. Algunas banderas impresas pero la mayoría pintadas a mano. Almagro, Lanús, Avellaneda, Berazategui, Ramos Mejía, Esteban Echeverría, Tigre. Sigue.
Otra bandera se alza como un símbolo. La de MadyGraf. Las gestiones obreras sí que son un desafío a la «propiedad privada» capitalista. Por eso junto a ella se juntan obreros y familias de Fate, del Astillero que luchan por la reincorporación de dos obreras, de Mondelez, Secco, Lustramax y agrupaciones clasistas que ya tienen mil batallas pero no faltan a ninguna.
Serán los últimos en irse, junto a miles que quedaron a resistir. Pero ya viene esa parte.
16.30. La lluvia paró. Lo que hay son ríos de gente llegando por Callao, Entre Ríos, Solís, Rodríguez Peña, 9 de julio. Los canales transmiten en cadena nacional. Adentro a la comandante Pato no le dan los números. Deciden activar el protocolo de guerra.
Sobre Avenida Callao empiezan las provocaciones policiales. La gente quiere pasar. La Federal empieza con gas pimienta. Nadie corre. Nadie deja solos a los que están adelante. Sería un código de hermandad durante toda la jornada. Como en diciembre de 2017, el día de las hinchadas o contra la reforma laboral.
Cantan el himno. No es un ritual escolar. Lo asumen como un grito de guerra. “Ohh juremos con gloria a morir…”
Al gas pimienta le siguen los chorros dolorosos del hidrante, las balas de goma y finalmente los lacrimógenos. Pero lo que hacen es alimentar la rabia. Un grupo decidido se toma prestadas dos vallas a la policía. “En tu cara, Bullrich” ríe una parejita que se “rateó” del colegio.
Las vallas robadas servirán para montar una trinchera de avanzada durante un par de horas. No fue la única técnica de autodefensa. Luca Bonfante difundió un luminoso video donde se pueden ver cómo grupos de jóvenes van apagando gases con bidones y guantes.
El comité de Ramos Mejía flashea con “los cazagases”, como los llaman. Michelle, de un comité pero de feministas de CABA, se emociona: “amo que se estén organizando para desarmar esas mierdas lacrimógenas”.
Malena Pichot dice que son héroes. A Jony Viale, en cambio, le parecen terroristas organizados. Le gusta que le organicen las entrevistas y la represión, pero no la resistencia. Pobre tipo.
Otra vez, los tachos y pallets sirven de contención. Hay gente que sale de los bares a insultar a la policía y proteger a los manifestantes.
Otra vez, las marchas masivas desbaratan los protocolos de Milei y su banda. Pero esta vez había algo más. No solo eran decenas de miles, sino que había una avanzada que quería avanzar, resistir, pelear, y el resto estaba dispuesto a hacerle el aguante.
Las banderas del PTS y los comités siguieron ese ritmo en el terreno. Sobresalía entre los gases para marcar una línea de resistencia, si tocaba avanzar o retroceder con miles que estaban allí. Así lo tuvieron que reflejar los portales de Clarín, La Nación y otros grandes medios.
Un integrante del comité de Avellaneda lo sintió así: “Felicitaciones a la garra y valentía del Comité Avellaneda, resistiendo con todxs sus participantxs el atropello policial que impiden defender Nuestra Soberanía territorial!! Hoy no fue un día más, hoy fue el día que le dijimos NO a los atropellos de un gobierno autoritario y agresor!!”.
Casi todas eran banderas argentinas o rojas. Había dos más. La de Estados Unidos que fue arrancada de la fachada de un hotel y una de Gran Bretaña que ardió a pesar de la lluvia. Todo batalla merece sus trofeos.

A las 16:50, Pablo recibe un balinazo en la cara. Sus amigos lo sacan. Le sangra la zona del ojo. Dice que no es nada. Encara las cámaras. “¡No nos vamos a ir, no vamos a regalar el país!”. Al final aceptan que se lo lleven los paramédicos.
La Posta de Salud y el CeProDH informó a las 20 horas que atendieron a 250 personas con distinto tipo de heridas. No lo dice el informe, pero la mayoría no se fue a la casa con el alta. Los vieron volver hacia las columnas. Para Lucy es la primera vez: “Un gran placer haber trabajado codo a codo con ustedes, un bautismo a puro gases lacrimógenos”.
Según la Comisión Provincial de la Memoria, los heridos y heridas atendidos por las distintas brigadas sanitarias fueron más de 1500.
Esta plaza es para Myriam Bregman “su segundo hogar”. Mientras se prepara para dar la pelea en el recinto de Diputados, camina entre la gente. Caminar es una forma de decir. Mucho no la dejan. “Aguante Rusa”, “Yo soy peronista pero estoy con vos”, “Gracias por estar siempre”, “Quedate con nosotras”. Hay fotos también, obvio. Pero no hay ningún cholulaje. No los subestimemos. Es un reconocimiento a una militante y una fuerza política que representan esas causas. Lo mismo Nico. Este cronista quiso hablar con él unas palabras pero tampoco pudo.
La más linda que le sacaron es una donde está rodeado de pibas. Una de ellas tiene un cartel: «La tierra será el paraíso». Muchas quizás no sepan, pero es una estrofa de «La Internacional», el himno de la clase trabajadora mundial. Los socialistas no nos conformamos con ponerle porcentaje o nacionalidad a los terratenientes.
Una columna del diario La Nación de estas horas, a su manera, analiza el dato. “El fenómeno es el crecimiento que viene registrando la dirigente de la izquierda trotskista Myriam Bregman. El descontento juvenil no migra hacia la moderación: busca radicalidad y autenticidad, y hoy encuentra ese atributo en una outsider de izquierda como antes lo encontró en un outsider libertario”.
Lo de outsider es discutible. Myriam expresa una corriente política y social que no viene desde “afuera” sino desde las entrañas mismas de esos sentimientos y valores que la izquierda “troska” siempre defendió. El peronismo progresista nunca los abrazó profundamente y hace rato los abandonó. Por eso “el fenómeno”.
Esa simpatía sirve para tratar de marcar un camino. No para 2027, para ahora. Lo resumió en su discurso en la Plaza. «Por los pibes de Malvinas, por todos ellos, basta de traidores, basta de agachadas, hay que ir con la huelga general hasta derrotar a Milei».
A las nueve de la noche el agite sigue. Bullrich sigue recibiendo goles. Baja el capítulo criminal de (des) manejo del fuego. En la 9 de Julio cientos siguen agitando banderas. Las bocinas tapan el ruido de los cartuchos. Algunos colectivos hacen el aguante. Una chica le convida mate a un chofer.
Cae la noche. En los celus de la militancia llegan mensajes mientras vuelven a sus casas.
“Un orgullo ponerme la camiseta de Myriam y salir a calles con ustedes!! Nos la re bancamos ! La unión se notó, estuvimos y resistimos hasta lo último. Nosotres tenemos toda esta alegria, amor y pasión por este suelo argentino y por todo el territorio latinoamericano!!” (Mari de Alsina).
“Fue muy difícil. Corrí mucho. Y también me pareció una gran victoria, porque estábamos juntos en la calle con mucho frío, pero felices de hacerle frente al gobierno” (Dani de Almagro).
«Cambió el ánimo de la gente, ven que no tenemos que tener miedo y tenemos que salir a las calles, que depende de nosotros junto con la izquierda» (Saavedra)
Siguen llegando. Después publicamos más.

Detrás del “fenómeno” y la “imagen positiva”, se empiezan a organizar trabajadores, trabajadoras, mujeres que son parte del movimiento feminista, artistas, secus y jóvenes precarios. Muchos vienen de otras experiencias políticas. Pero ven la oportunidad de construir una fuerza política anticapitalista, que gane la conciencia de miles y miles para convertirse en una alternativa de poder.
Para ese camino, las jornadas como la que vivimos el 6 de agosto son batallas importantes. Escuelas de debate político, campañas masivas y combates callejeros. Así lo tomaron un centenar de comités que participaron de cada espacio unitario para construir una gran marcha. Que se prepararon para ser protagonistas de la jornada. Y mantuvieron sus banderas en alto hasta que hizo falta.
Y que con toda esa moral y esa fuerza, se van a preparar para voltear toda la ley en Diputados y estar en cada una de las peleas que ayuden a derrotar a Milei y sus planes. No es solo un aviso. Es una invitación a que te sumes a cambiar la historia con nosotros y nosotras.