“Está en nuestras manos poder transformar el nuevo turismo, vencer a la pandemia y pensar en sostenibilidad”, según el secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili.

Por Jorge Posdeley (*)

Jueves 27 de mayo de 2021. El flagelo de la pandemia produjo una retracción en todo el sistema económico mundial y generó un estado de incertidumbre también globalizado. Las actividades comerciales, productivas, industriales, turísticas y de exportación se frenaron acorde al nivel sanitario y las restricciones fueron avanzando conforme al progreso y al avance del Covid19 en cada país.
Dentro del sector terciario de la economía y del sector de los servicios, el turístico y su clúster económico resultaron ser los más perjudicados por la pandemia. Su párate fue total y en algunos casos y en algunos países, la actividad no se ha reiniciado en su totalidad y tampoco se avizora fecha probable para su vuelta certera.
En muchos sectores pero más aún en el turismo, prima hoy la incertidumbre y hasta el momento solo se evalúan pérdidas cuantiosas. Según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), solo en los primeros seis meses de pandemia la actividad registró pérdidas cercanas a los 320.000 millones de dólares estadounidenses, poniendo en riesgo a más de 120 millones de empleos en el mundo.
En su informe de enero de este año, la OMT caratuló al año 2020 como el peor año de la historia del Turismo, exponiendo un dato por demás elocuente: la pérdida de mil millones de llegadas internacionales, con una caída del 74%. Según su propio barómetro, las pérdidas estimadas resultaron cercanas a los 1.3 billones de dólares en ingresos por importación; este dato que representa once veces las pérdidas económicas registradas durante la crisis económica del 2009 son, en sí mismo, un dato muy fuerte.
Los datos del organismo rector de la actividad para nada son muy alentadores; las perspectivas generales para un repunte en el presente año no son, para nada, positivos. Según una encuesta organizada por la misma OMT, un 50% de los encuestados no considera factible un repunte hasta el 2022, pero si algo se puede avizorar en un futuro cercano cuando sea que se reanude la actividad turística, es que el grupo de expertos de la OMT prevé un incremento de la demanda de actividades turísticas de naturaleza y aire libre, con un creciente interés por el turismo interno y las experiencias de “viajes lentos”. Por ahora, entonces, habrá que seguir pensando en el mercado interno, de cercanías y de proximidad, algo que al momento promete mucho pero recauda poco o poco y nada.
La pandemia perjudicó a todos los países en general, pero en especial, desde el punto de vista económico, a aquellos que son considerados predominantemente turísticos. España, por citar un ejemplo, como país precursor y turístico por excelencia en la Unión Europea -según datos de su Instituto Nacional de Estadística (INE)- vio afectada su actividad económica y registró una pérdida cercana de 116.402 millones de Euros; la llegadas de turistas internacionales disminuyó un 77.3% con solo 19.000.000 visitantes en el año 2020. De igual manera el gasto promedio se desplomó un 78.5% con una recaudación anual de tan solo 19.740 millones de Euros en tanto que 841.436 empleados de la actividad fueron asistidito por el Estado el primer año de pandemia.
La apuesta al turismo, sin embargo, sigue siendo primordial para ese país con sello turístico de manera inminente: una vez abiertas las puertas para los turistas vacunados y con pasaporte sanitario Covid -pauta completa reconocida por la OMS o la Agencia Europea del Medicamento (EMA) el próximo 7 de junio-. Esta misma apuesta es redoblada ya que este mismo día se pone en vigencia una intensa campaña de marketing de Turespaña denominada ‘Te mereces España’, operación apuntada a los mercados de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Polonia y Suecia, países que en el 2019 representaron un poco más del 65% de los viajeros totales.
Durante ese día tan esperado, España reabrirá sus puertas al turismo internacional apuntando a recuperar un 60% o 70% de turistas internacionales que supieron llegar durante 2019. Este porcentaje estimado corresponde a recuperar entre 50.2 millones y 58.5 millones de turistas, sobre un total de 83 millones de turistas que recibió en 2019. Únicamente para la presente temporada de verano, España posee entre sus objetivos primarios recibir cerca de 10 millones de visitantes.
La crisis del Covid también afectó fuertemente a otro de los países emblema del turismo, los Estados Unidos de Norteamérica. Si bien al principio la gestión del entonces presidente Donald Trump minimizó al fenómeno de la pandemia, llegando a decir y comparar al Covid con una “gripe común” y asegurando además que el virus desaparecería con la llegada del calor, sin reconocer nunca la medida de distanciamientos social. Sin embargo la crisis económica que le deja esta pandemia al sector de los viajes ya se hablaba el año pasado, según un estudio de la Asociación de Viajes de los Estados Unidos, de una perdida aproximada de 519 mil millones de dólares en cuanto a toda la producción del rubro en el país. Esta pérdida representaba nueve veces el impacto económico que el día 11 de septiembre del 2001 causó en la facturación del sector de los viajes en los EEUU.
Francia, otros de los países que se encuentran en el top five de los países turísticos (ocupaba en 2018 el tercer lugar después de EEUU y España), según Hosteltur ya llevaba una pérdida de 40.000 millones de Euros en agosto del año pasado, con una caída en la facturación del turismo internacional entre un 20% y un 25%, cuando normalmente la actividad le reporta por año un ingreso mayor a 180.000 millones de euros, de los cuales 60.000 corresponden a la recaudación del turismo internacional. La crisis le ha resultado tan significativa a este país que el propio secretario de la cartera de Turismo francesa explicó en agosto del año pasado que “uno de cada dos hoteles está cerrado y que el Louvre recibe únicamente 10.000 visitantes al día en lugar de 50.000 como lo hacía habitualmente en temporada normales. Pero desde este 19 mayo los franceses de a poco pudieron regresar a las terrazas de los cafés y de los restaurantes, visitar los museos, cines teatros y salas de conciertos, después de seis meses de restricciones y más de un año de pandemia. Disfrutar, pero con toque de queda a las 21 horas.
Con estos números, vale la pena recordar que la actividad turística y su sector representaban el tercer sector de exportación más importante de la economía mundial, solo superado por el sector de los combustibles y productos químicos. En 2019, según datos de la OMT, el sector representó el 7% del comercio mundial y las llegadas de turistas internacionales llegaron a los 1500 millones, alcanzando una década de crecimiento ininterrumpido.
Frente a esta situación sanitaria general tan compleja, el mundo económico del turismo nuevamente recurrió a priori a repasar sus protocolos de desarrollo buscando una pronta salida para su recuperación; esta vez la situación amerita una intervención rápida para reposicionar pérdidas apenas el orden económico mundial se restablezca, partir de las nuevas normalidades pos Covid19.
Pensar en la salida de esta crisis económica-social, es una oportunidad única para fortalecer definitivamente los principios de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS); nadie saldrá entero de esta crisis si no es acompañado. Este momento amerita volver al llamado universal para acabar con la pobreza y el hambre, proteger el planeta y garantizar que todas las personas disfruten de la paz y la prosperidad.
De alguna manera se hace necesario acelerar los tiempos para trasformar nuestro mundo según la propuesta de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una agenda que cuenta con 17 objetivos y 169 metas incluyéndose en los mismos temas nuevos como los de cambio climático, la desigualdad económica, la innovación, el consumo sostenible, la paz y la justicia, entre otras prioridades universales de los 169 países miembros. Para lograr alcanzar estas metas específicas los tiempos se acortan y cada país miembro deberá hacer su parte en los próximos 10 años.
Los ODS no son otra cosa más que una verdadera guía, un mapa conceptual que permitirá a las empresas del sector privado y al estado poder identificar su impacto social, económico y medioambiental aportando valor a la sociedad y, en consecuencia, fortalecer su notoriedad y sus relaciones con los distintos grupos de interés.
En este contexto de cambios constante ahora acentuado por la incertidumbre de la pandemia, la sostenibilidad y la competitividad se entrelazan tanto en los destinos turísticos como en las empresas o emprendimientos que operan en el sector y pueden resultar más competitivos si “hacen un uso eficiente de los recursos y promueven la conservación de la biodiversidad y medidas para abordar el cambio climático”. La sostenibilidad debería ser entonces es un elemento clave de las políticas de turismo.
El secretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili, viene afirmando hace un tiempo que: “la sostenibilidad no debe ser ya un nicho del turismo sino la nueva norma en todos y cada uno de los segmentos del sector”. Zurab sostiene que sostenibilidad es uno de los elementos centrales de las Directrices globales de la OMT para reiniciar el turismo. “Está en nuestras manos transformar el turismo y que la superación de la pandemia se convierta en un punto de inflexión para la sostenibilidad”.

(*) Magister en Turismo. Docente Universitario de Turismo.