Se conformaron, sin jefes, desde los movimientos sociales. La producción de alimentos agroecológicos para consumo en comedores y merenderos y para comercialización es la actividad más frecuente. En las zonas urbanas, unidades textiles y de carpinterías ayudan entre 10 mil y 20 mil misioneros, explica la médica Carolina Cordero -integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena-, en Plural TV, programa periodístico de Canal 4 Posadas.

Miércoles 18 de agosto de 2021. Desde las organizaciones sociales que impulsan el desarrollo a través de la economía popular, Carolina Cordero, repasa las acciones de contención que realizan desde comedores y merenderos y unidades productivas de alimentos, textiles y de carpinterías que permite que en 50 municipios, con unas 500 unidades productivas, entre 10 mil y 20 mil personas puedan vivir de lo que producen.
Las unidades productivas están conformadas por grupos de personas que se reúnen en torno a la necesidad de trabajar y comienzan un emprendimiento. “Cerca del 70% de estas unidades productivas producen alimentos” bajo la modalidad agroecológica, sin venenos, resalta Cordero, médica de profesión, asentada en Comandante Andresito.
Resalta el trabajo asociativo dentro de la economía popular, donde o existen jefes y si bien destacó el acompañamiento del Estado para sostener la actividad, la asistencia no es suficiente porque de manera permanente, dice, surge la necesidad de abrir nuevos comedores o merenderos, desde donde también intentan sustentarse con la producción de alimentos.

La entrevista

-¿Qué vienen haciendo desde las organizaciones sociales en Misiones?
-Si bien vengo de militar en el Movimiento Nacional Campesino Indígena desde hace muchos, a lo largo de los años nos encontramos con otras organizaciones que tienen un trabajo más urbano. Nos juntamos, como con la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Utep), hoy ya sindicato del gremio de la economía popular del sector que históricamente no tuvo acceso a los derechos como cualquier trabajador. Trabajamos en ese marco, con aquellos que sin empleo formal, se inventaron un trabajo, que también hacen tareas que tienen que ver con el cuidado, que llamamos sociocoumunitarias y que implican un montón de actividades. Por un lado, los comedores y merenderos, que crecieron mucho desde el comienzo del Gobierno macrista, neoliberal; empezamos a trabajar esos espacios por la necesidad. Muchos niños y niñas y hasta ancianos también, personas que estaban sin trabajo y venían a almorzar, a merendar, como espacios de contención que derivó, también, en espacios para actividades educativas, culturales, deportivas, con los niños. Se amplio lo que comenzó como un espacio de contención de la situación del hambre.

-¿Están en toda la provincia?
-En más de 50 municipios hay desarrollos de grupos de distintas unidades productivas, de comedores, de merenderos, de esta variedad de actividades que comenté. Mas o menos estamos trabajando con 300 comedores y merenderos que implican unas 20 mil personas en situación complicada. A nosotros, como organización no nos parecía bueno tener que abrir comedores y merenderos porque la gente no tenía qué comer. Fue por necesidad, que sigue y que tampoco alcanzan los recursos. Cada día hay un pedido para abrir un merendero en otros barrios; es una necesidad donde las compañeras están al frente de esta tarea que la hacen con mucha dedicación. A pesar de la pandemia los merenderos siguieron funcionando porque sino era dejar de alimentar a un montón de gente que estaba yendo a esos espacios. Tuvimos que aprender cómo nos cuidábamos con la salud, con la ayuda de muchos compañeros que se han formado en cuestiones de salud comunitaria.

-Sos médica. ¿Desde tu profesión, qué trabajos hacen con estos sectores?
-Siempre trabajé en el ámbito rural, en comunidades campesinas, en Centros de Atención Primaria de la Salud, en el campo, en comunidades guaraníes. En Comandante Andresito hay dos comunidades donde siempre atendí. Conocí un sector de la población que era el que más problemas tenía, y con el que además sentía que estaba poniendo parches a cuestiones más profundas como la desigualdad, la falta de oportunidades, de no acceso a los derechos básicos de mucha gente. Eso me impulsó a pensar que tenemos que trabajar, organizarnos, estar unidos buscando soluciones para estar mejor.

-¿Cómo se sustentan? Porque son 20 mil personas a las que hay que alimentar.
-En general todas las organizaciones sociales tratamos de gestionar esos recursos. Desde la Nación con el Ministerio de Desarrollo Social siempre hubo apoyo para desarrollar esto, porque es una realidad que también la ven los gobiernos. No abrimos merenderos por deporte ni porque tengamos ganas sino porque realmente es necesario. Acá en la provincia se planteó una Ley de Emergencia Alimentaria, que también fue impulsada por las organizaciones sociales, que tenía que ver con lo que faltaba, lo que no alcanzaba con lo gestionado ante la Nación y se necesitaba un acompañamiento de la provincia, pensando en incorporar alimentos frescos y otra calidad de alimentación en los merenderos. Donde además se pueda fortalecer la producción local de alimentos, y que iba a generar un mayor impacto en ese sentido.

-Y ese trabajo es conjunto, porque trabajan también con la producción de alimentos…
-Sí, hay muchas unidades productivas. Yo te diría que alrededor de un 70% de las unidades productivas que venimos trabajando son de producción de alimento justamente. Entre producción avícola, aviar, de cerdos, lácteos: hay producción de leche en una escala y un volumen muy importante. Hay zonas donde se produce queso y también se comercializa. Una amplia variedad de producción y a distinta escala. Porque si uno piensa la cantidad de unidades productivas podemos hablar de unas 500 unidades productivas. Le decimos unidad productiva a un grupo de personas que se juntan para trabajar en alguna actividad. En este caso hablamos de la producción de alimentos. Puede ser en una huerta comunitaria, en un gallinero comunitario o en alguna otra actividad. Logramos, de a poco, que esos espacios se formalicen como unidades productivas. Hay otros espacios con menos trayectoria y con menos gente. Es variado. Hay algunas cooperativas con más desarrollo que están pensando cómo agregar valor a la producción primaria. También otras con las que se trabaja en la producción sana, sin químicos, diferente a esa producción de paquete, de agro negocio, con los venenos.

-¿Es fácil llevar adelante una producción sana en Misiones?
-No, no es fácil porque nos impusieron ese modelo. Y por más que no tengamos una producción de soja como en La Pampa donde está naturalizado, hay muchas producciones donde usan veneno porque da la falsa sensación de que es más fácil, más rápido. Pero en realidad, donde usaron veneno, capaz están con serios problemas de salud. Hay sí, una toma de conciencia de pensar en volver a los conocimientos ancestrales. De ahí también el cuidado de la semilla, recuperarla, porque algunas variedades se perdieron y otras se están recuperando. Trabajamos en eso para no tener que comprar la semilla; es importante para tener independencia en cuanto a qué queremos producir, cuánto, de qué forma, para quién.

-¿Qué otras actividades tienen en esas unidades productivas?
-Hay muchos talleres textiles, en los lugares más urbanos donde no hay un pedazo de tierra donde cultivar y donde producir alimentos; carpinterías, metalúrgica…

-Todo forma parte de la economía popular…
-Si, porque acá no hay un patrón, sino que es el trabajo que hacen los mismos compañeros y compañeras, y que tratan de avanzar, de apostar a un trabajo autónomo y que genere un ingreso a las familias que están vinculadas a esa unidad productiva.

-¿Tenés presente la cantidad de trabajadores que viven de sus propias producciones?
-Podríamos decir que hay unas 500 unidades productivas, con diez o 20 personas en promedio porque no son todos los casos iguales. Con eso ya tenemos entre 10 mil y 20 mil personas que se están sustentando. No es fácil; es un camino largo que requiere un apoyo del Estado en cuanto a incorporar herramientas, medios para poder producir y avanzar más rápido. Quizás contamos con algunos apoyos del Estado, pero a veces es muy difícil. No es que de un día para el otro uno empieza con unidades productivas y ya puede vender todo lo que produce y sacar algo extra, sino que va haciendo un proceso, y que a veces quisiéramos que fuera más corto y no tan largo.

-¿Cómo te involucraste con todo esto a nivel personal?
-Cuando terminé la carrera decidí que no quería quedarme en la ciudad, no me sentía cómoda en un lugar donde sentía que había muchos médicos y que no necesitaban. Tenía la idea de que me tenía que ir a otro lado, equivocada quizás porque en las grandes ciudades también hacen falta. Conocí el trabajo de algunas organizaciones y quedé vinculada a este trabajo, queriendo ponerle fuerza a esto, pensando que es la salida.

-¿Viniste directamente a Misiones?
-Primero estuve en Santiago del Estero donde conocí al Mocase, el Movimiento Nacional Campesino Indígena, aprendiendo sobre todo porque nunca había militando antes; después, por razones familiares nos fuimos a Córdoba con mi compañero, donde hice una residencia, una especialidad médica porque sentía que solo con el título de médica no podía ayudar como quería, y decidimos después venir a Misiones, siempre pensando en el trabajo con el sector campesino, en una provincia con mayor densidad de población en el campo, donde había -hay-, mucho por trabajar y desarrollar. Con esas ganas vine.

RP – Misiones Plural