El documental de Yuval Abraham y Rachel Szor reconstruye, a partir de 24 testimonios anónimos de militares y agentes de inteligencia israelíes, los mecanismos utilizados para seleccionar y ejecutar ataques en Gaza. Su reconocimiento en Venecia reabrió además una discusión sobre la legitimidad que adquieren las denuncias palestinas cuando son confirmadas por voces provenientes del aparato de poder israelí.

Lunes 14 de septiembre de 2026. El documental de los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor reúne testimonios de 24 integrantes de los servicios militares y de inteligencia de Israel y reconstruye los mecanismos utilizados para seleccionar objetivos y ejecutar ataques en Gaza. La película recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia y desató una fuerte reacción de funcionarios israelíes, que cuestionaron su contenido y a sus realizadores.
NAZA llegó a la 83ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia como una investigación de 80 minutos producida por The Guardian y JW Films. La Bienal incorporó la película a la competencia oficial y la presentó como una investigación sobre los sistemas utilizados para la muerte de civiles palestinos en Gaza.
El documental se construyó a partir de tres años de investigación y de entrevistas con 24 soldados y miembros de los servicios de inteligencia israelíes que aceptaron declarar de manera anónima. Según sus realizadores, los testimonios permiten reconstruir desde dentro el funcionamiento de los sistemas de vigilancia, identificación de objetivos y autorización de ataques utilizados durante la guerra.
Uno de los aspectos centrales de la investigación es el uso de sistemas tecnológicos y de inteligencia artificial para localizar y clasificar objetivos. Los testimonios describen un sistema en el que la información generada por esas herramientas interviene en la selección de personas y lugares que pueden ser atacados, mientras los mandos militares establecen los parámetros para las operaciones.
El título de la película alude precisamente a un término utilizado dentro del aparato militar israelí para referirse a la cantidad de víctimas civiles que puede producir una operación. La película intenta mostrar así que las muertes de civiles no aparecen solamente como una consecuencia posterior de los ataques, sino que pueden formar parte de los cálculos realizados antes de ejecutarlos.
Los realizadores sostienen que varios de los mecanismos expuestos por los entrevistados ya habían sido investigados y publicados por medios de comunicación. NAZA busca reunir esos elementos en un relato audiovisual y sumar el testimonio directo de personas que participaron de los procedimientos.

Una recepción excepcional en Venecia
La presentación en Venecia convirtió rápidamente al documental en uno de los acontecimientos políticos de la edición de este año. La película recibió una prolongada ovación durante su estreno y, al cierre del festival, el jurado le otorgó el Premio Especial del Jurado. La Bienal confirmó oficialmente ese reconocimiento el 12 de septiembre.
El premio colocó la investigación en el centro de la discusión internacional sobre la guerra en Gaza y amplificó el alcance de testimonios que hasta entonces habían circulado principalmente dentro del periodismo de investigación.
Abraham y Szor ya tenían una trayectoria reconocida por su trabajo sobre el conflicto. Ambos fueron parte del equipo que realizó No Other Land, el documental codirigido junto con los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal que ganó el Oscar al mejor largometraje documental en 2025. La Bienal recordó ese antecedente al incorporar NAZA a su programación.

La reacción del gobierno israelí
El reconocimiento internacional tuvo una respuesta inmediata dentro de Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu calificó NAZA de “incitación” y cuestionó la representación que hace de las Fuerzas de Defensa de Israel. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, también rechazó las acusaciones y planteó posibles acciones legales. Los realizadores sostienen, en cambio, que las declaraciones reunidas durante la investigación fueron verificadas y que las fuentes permanecen protegidas por razones de seguridad.
El ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, fue más lejos y pidió estudiar la revocación de la ciudadanía de los dos cineastas. También los acusó de traición. La reacción política se produjo incluso antes de que algunos de los críticos reconocieran haber visto la película completa, según informó The Guardian.
El conflicto entre el documental y el gobierno israelí se concentra así en dos cuestiones diferentes. Una es la veracidad de las acusaciones que presentan los testimonios. La otra es la libertad de los realizadores para investigar y difundir información sobre las operaciones militares de su propio país.
La primera requiere contrastar cada afirmación con documentos, registros y otras fuentes. La segunda ya forma parte de la controversia política provocada por la película.

Qué aporta el documental
El principal aporte de NAZA es la procedencia de sus fuentes. Desde el comienzo de la guerra en Gaza, organizaciones palestinas, periodistas, médicos, trabajadores humanitarios y familiares de las víctimas han documentado ataques, desplazamientos y destrucción. Esas evidencias forman parte de investigaciones de organismos internacionales y de numerosos trabajos periodísticos.
El documental incorpora otra clase de fuente: personas que, según sus propios testimonios, estuvieron dentro de las estructuras militares y de inteligencia que participaron de las operaciones.
Esa diferencia explica buena parte del impacto de la película.
Un periodista palestino puede documentar la destrucción de una vivienda. Un médico puede describir las heridas que llegan a un hospital. Una familia puede contar cómo perdió a sus integrantes. NAZA intenta reconstruir qué ocurrió antes de ese momento: quién identificó el objetivo, qué información recibió el sistema, qué decisión adoptaron los mandos y qué cantidad de víctimas civiles se contempló antes del ataque.
Son niveles diferentes de información y no deberían competir entre sí.
El testimonio de un integrante de las fuerzas israelíes puede aportar información interna que un periodista ubicado fuera de la cadena de mando difícilmente pueda obtener. Pero eso tampoco convierte automáticamente ese testimonio en una prueba suficiente. Las declaraciones anónimas, como cualquier otra fuente, necesitan corroboración independiente.

Una discusión que excede a la película
La repercusión de NAZA vuelve a plantear una cuestión sobre la forma en que el mundo recibe las noticias procedentes de Gaza.
La población palestina lleva años registrando los efectos de la guerra y de la ocupación a través de periodistas, organizaciones locales, trabajadores sanitarios y organismos internacionales. Durante la actual guerra, esa tarea se desarrolló además bajo condiciones extremas.
El acceso de periodistas internacionales a Gaza ha estado severamente restringido. Esa situación obligó a buena parte de los medios internacionales a depender de periodistas palestinos que trabajan dentro de la Franja para obtener imágenes, testimonios y registros de los acontecimientos.
La cuestión que deja abierta la repercusión de NAZA es por qué determinados testimonios adquieren una capacidad de circulación mucho mayor cuando aparecen respaldados por una fuente situada dentro de la estructura de poder israelí o cuando reciben reconocimiento de una institución cultural internacional.
No se trata de afirmar que la prensa o los festivales occidentales desconozcan sistemáticamente las voces palestinas. La propia trayectoria reciente de Venecia demuestra lo contrario: en 2025, La voz de Hind Rajab, de la directora tunecina Kaouther Ben Hania, recibió el Gran Premio del Jurado y una importante repercusión internacional.
El problema es otro. La recepción de NAZA muestra el peso que puede adquirir una fuente interna cuando confirma, desde el otro lado de la estructura de poder, hechos que las víctimas y los periodistas palestinos vienen denunciando desde hace años.
La película no debería hacer menos creíbles esas denuncias anteriores. Puede, en cambio, aportar nuevos elementos para investigarlas y contrastarlas.
Ese es el punto central que plantea NAZA: no quién tiene derecho a contar lo que sucede en Gaza, sino qué mecanismos determinan qué testimonios consiguen ser escuchados, cuáles reciben reconocimiento institucional y cuáles necesitan una confirmación proveniente de alguien situado dentro del poder para alcanzar una audiencia global.
La investigación de Abraham y Szor puede y debe ser sometida al mismo estándar que cualquier investigación periodística: verificar sus fuentes, contrastar sus afirmaciones y separar los hechos demostrados de las interpretaciones.
Pero ese estándar debería aplicarse también a las voces palestinas. Porque una denuncia no debería adquirir mayor valor periodístico por el origen nacional de quien la confirma.