Rovira volvió a recurrir a la razón como facultad para consensuar acuerdos de convivencia en cualquier sociedad humana. No es casual el énfasis que puso cuando consultores de campaña confiesan sus modus operandi. Apelan al cerebro reptiliano que está por debajo del más evolucionado. Es el más primitivo. No entiende de datos ni lo intangible y no tiene memoria, ni futuro, ni pasado. Es la base de la violencia. El cerebro de la grieta. Psicólogos de Unidad Ciudadana sostienen que allí apela Durán Barba. Para Rovira los avances de la neurociencia no son una novedad, pero sigue confiando en los argumentos y la humanización de una realidad que se puede transformar. Marca así una diferencia política sustancial con la moda que explica también a Bolsonaro.
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