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Pasó el ministro Dietrich por Posadas y dejó anuncios de obras públicas. Pero hay un detalle, el ministro es de Trasporte. Revela que el gobierno de Macri no tiene otro camino que “gastar” en obra pública y no “ajustar” para poner en marcha la economía ya que la “lluvia” de dólares en inversiones todavía no llega a la Argentina. Pero hasta ahora se han subejecutado los 180 mil millones previstos en el Presupuesto 2016.

Posadas (Viernes 10 de junio) El gobernador Hugo Passalacqua recibió ayer la visita del ministro de Trasporte de la Nación, Guillermo Dietrich. La foto es quizá el dato central de la jornada de trabajo y trasciende la agenda. Una vez más el gobierno de la Renovación y del PRO ponen en evidencia “la buena predisposición para el diálogo y el trabajo en conjunto y valoraron las coincidencias en la visión de acciones que tienen como fin específico la mejora de la calidad de vida de los misioneros, y de los argentinos, en el plano nacional”, como señala el comunicado de la Subsecretaría de Prensa.
Los anuncios que hizo Dietrich ya estaban considerados en anteriores visitas del ministro de Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio. Por ahora, son más anuncios que realidades. Todavía no se revirtió el desfinanciamiento ni se han pagado los certificados de obras pendientes del último trimestre del gobierno del FPV.
Mientras Dietrich estaba en Posadas, recibía críticas lapidarias desde el interior de las alianzas de Cambiemos. La legisladora porteña Graciela Ocaña denunciaba que “Dietrich estuvo 8 años a cargo del área de transporte de la ciudad y no ofreció ninguna solución”. Fue en respuesta al rechazo del ministro a la iniciativa de reservar vagones en exclusividad para mujeres en los subtes.
Estas intolerancias en los posicionamientos al interior de Cambiemos, aún en temas menores como el propuesto por Ocaña, que evidentemente anda con tiempo de sobra, son la punta del iceberg. Abajo, se vive el desconcierto por la falta de claridad estratégica del rumbo de la economía. Dietrich viene a Posadas y pisa sus anuncios con formulaciones ya realizadas por Frigerio y aún más, por el coordinador de la Provincia con la Nación, el diputado Alfredo Schiavoni. Es cierto que estableció una agenda con la Provincia para el desarrollo de obras de infraestructura de comunicaciones, pero no habló de hidrovías, combustibles, ni siquiera del ferrocarril. Hablar de ciclovías en Posadas, parece un chiste. No es una obra de envergadura para una agenda de las relaciones Nación – Provincia.

Mientras llegue la lluvia de dólares
La expresión: “la oferta crea su propia demanda” puede resumir claramente el cambio de rumbo impuesto en la política económica por el gobierno de Macri. Apuesta a lograr el crecimiento con medidas que incrementen la oferta agregada mediante una eliminación de barreras para la producción en bienes y servicios, tales como la reducción de impuestos y desregulaciones, especialmente en el mercado del trabajo. Crear condiciones para la inversión demandó, también centralmente, sincerar la relación de los precios relativos. Entre ellos, nuevamente, el valor de los salarios en dólares. Los mismos aliados del modelo admiten que se está lejos todavía del equilibrio anhelado y responsabilizan a la herencia. Y es cierto si en esa herencia se computa la decisión de los sectores del trabajo que se muestran dispuestos a no ceder las conquistas alcanzadas en los últimos catorce años. La resistencia popular a los incrementos en las tarifas de los servicios públicos y el retroceso del gobierno es un claro ejemplo para ilustrar las tensiones del escenario político social, que al mismo tiempo desalienta todavía las inversiones esperadas por el macrismo.
Mientras espera esa “lluvia” de dólares anunciada por varios de los gerentes que ocupan hoy funciones públicas, al Gobierno no queda otra que reactivar la economía a través del “gasto” en obras públicas. Es la mejor manera de mover el empleo y el consumo de los sectores más precarios del trabajo asalariado y por supuesto toda la economía del sector. La obra pública tiene además la ventaja estratégica de dar respuestas a los gobernadores que, como Passalacqua se muestran dispuestos a apostar al éxito y no al fracaso del gobierno.
Los funcionarios más políticos del gabinete nacional, como Frigerio y Ricardo Delgado, un economista ligado desde hace años al peronismo de la provincia de Buenos Aires y que está en el Frente de Massa, reconocen que la economía está en recesión y que el plan con más impacto sobre la calle ahora mismo consistirá en “echar a andar la maquinaria de la obra pública” mientras esperan las inversiones extranjeras.
Sin embargo, los datos del primer cuatrimestre revelan que se ha registrado una subejecución del monto destinado a obras en el Presupuesto 2016, sancionado el año pasado, que es de 180.000 millones de pesos. Según la Cámara Argentina de la Construcción, entre enero y abril sólo se utilizaron sólo el 13 por ciento, algo menos de 25 mil millones cuando, sin actualizaciones, lo previsto era de 60 mil millones de pesos. A pesar de la concreto de estos números, los funcionarios de Macri siguen llegando a las provincias con anuncios y hasta afirman que el monto destinado del Presupuesto a obras públicas será ampliado a 220 mil millones de pesos. Se calcula que el área que más recursos obtendría sería Vialidad que recibiría unos 50 mil millones. Luego seguirán los gastos en vivienda y recursos hídricos.
En la Casa Rosada justifican la subejecución en función de la herencia y en la necesidad de revisar todos los contratos y licitaciones. Aunque esto sea cierto, el fondo de la parálisis es que el “gasto” en obras públicas pone en tensión la lógica del “ajuste”. Las presiones sociales, que son un dato inexistente en la teoría económica neoliberal, hace chocar con la realidad la idea de que puede haber un gobierno “generoso” con todos los sectores. La visión de un escenario donde todos salen ganando es una ilusión ya que las políticas económicas nunca son neutrales e implican transferencias intersectoriales de recursos. Bajar las retenciones a la soja beneficia a un sector y disminuye el financiamiento del Estado que se queda con menos recursos. Las apelaciones al “diálogo y consenso” no eliminan la puja distributiva. La lógica de funcionamiento del sistema capitalista es que los trabajadores pretendan mejoras salariales y que, como contrapartida, los empresarios pujen por beneficios más elevados. El grado de intensidad de esa puja distributiva es variable y depende de elementos institucionales e históricos: la relación Nación – Provincias, conciencia social, combatividad de los sindicatos asociados a los niveles de empleo, negociaciones paritarias y poder político. Es donde los gobiernos provinciales como el Renovador se suma al diálogo, pero sumando su voz en favor de los misioneros

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