La Universidad de Misiones, en forma generalizada, se viene movilizando contra el modelo neoliberal que desfinancia la universidad pública. Humanidades a la vanguardia ha ganado el espacio público para librar en la sociedad la batalla cultural  por el sentido común donde anida el huevo de la serpiente

Posadas (Martes, 13 de diciembre) La Universidad de Misiones y particularmente la Facultad de Humanidades han ganado centralidad en el espacio público en defensa de la educación estatal. Asambleas, conferencias, jornadas de debate, presentaciones de libros, movilizaciones que disputan la calle, y otros  actos realizados durante el año, si bien tienen significación en sus propias realizaciones, al mismo tiempo descubren un hilo conductor que los convierte en sucesos, que desde Badiou, podríamos decir constituyen un acontecimiento político. No pasa desapercibida la decisión de la decana Gisela Spasiuk de sacar la academia de los claustros para protagonizar el debate en el escenario político de una manera tan abierta y decidida como no se conoce en la Universidad desde su fundación. Esa ruptura o quiebre si se prefiere con tradiciones ecumenistas constituye el acontecimiento con el que emerge una verdad no considerada por el sentido común: la suerte de la Universidad está ligada a la suerte del país y de un modelo de inclusión.
En las últimas semanas este sitio vino informando sobre estas movidas. La última fue la presentación del libro “No a la Argentina conservadora” de Norberto Alayón, referente nacional del trabajo social, que en la reunión vinculó, precisamente, el desarrollo de la profesión con un Estado presente en la sociedad y regulador de los abusos del mercado. Anteriormente pasaron por el aula magna, dirigentes sociales y políticos de la talla del Ongaro del siglo XXI Adolfo Barga, el mítico Fernando Vaca Narvaja, y Fernando Esteche de Quebracho, lo que ilustra la amplitud del debate abierto en Humanidades.

¿Qué está pasando en el continente?

Como se lo plantea  todo el arco de centro izquierda en la Argentina, los debates realizados en Humanidades fueron recorridos por un fantasma, que opuestamente al del Manifiesto de 1848, es el de la restauración conservadora en América Latina.
Este interrogante merece darle espacio al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera que, en el cierre del 2° Foro Internacional “Horizontes de la Educación en Nuestra América” desarrollado durante el 24 y 25 de agosto en la Universidad Nacional de Santiago del Estero, recibió el Doctorado Honoris Causa.
En el desarrollo de su exposición se formula retóricamente: ¿Qué está pasando en el continente? Y sostiene que “es la pregunta que recorre la preocupación de activistas, de líderes sociales, de políticos, de comentaristas, de jóvenes que ven un continente que está cambiando y no necesariamente para bien sino en algunos casos para mal. Atrás quedan diez, quince años de grandes transformaciones del continente entero, del país y de nuestros países que nos habían acercado a lo que podíamos denominar un Estado social que garantizaba derechos y que amplía un conjunto de beneficios colectivos.
“Si comparamos lo que sucedía el año 2006 o 2010 con lo que sucede hoy 2016 el panorama político del continente se ha modificado drásticamente…Hoy América Latina ha detenido su avance de grandes transformaciones de unidad, ha detenido su avance en expansión e irradiación de gobiernos pos-neoliberales y más bien se está produciendo una especie de resaca de retroceso hacia posturas res­tauradoras y cada vez más conservadoras.
La pregunta que uno tiene que hacerse es “¿por qué?” ¿Y por qué es importante responder al por qué? Porque solamente si entendemos las causas de estos retrocesos será posible remontarlos, explicar es una forma de superar decía Hegel, explicar el movimiento, explicar la contradicción ya es una forma de superar la contradicción, y esa es la obligación que tenemos desde la academia, des­de el ámbito político, desde el ámbito de la investigación, desde el ámbito de la dirigencia social estamos obligados a explicar por qué el continente se detuvo, por qué en algunos países se está retrocediendo, por qué en otros países todavía se mantiene la fuerza y el vigor pero en otros se ha retrocedido y se ha perdido política y socialmente”. Considera que “hay una dimensión subjetiva de la objetividad y si queremos que las condiciones objetivas transformen, estas conllevan a una responsabilidad de la subjeti­vidad actuante y de la subjetividad pensante”.Precisamente, esta obligación académica es la que parece asumir Humanidades.

Fin de ciclo no explica nada

Como respondiendo a la ortodoxia economicista que cree en la inexorabilidad de los ciclos en la Argentina, en el péndulo de Diamand, García Linera afirma: “fin de ciclo no explica nada, sólo nos reduce a la impotencia, fin de ciclo quiere naturalizar este retroceso y las personas que estamos en la academia, que estamos en el movimiento social, que estamos en la investigación, que estamos en los sindicatos sabemos que la historia también la hacemos los seres humanos, también la historia y la objetividad lleva la carga de la subjetividad y de la capacidad transformadora de los se­res humanos”.
Y vuelve a las preguntas metodológicas: “¿qué se hizo para poder enfrentar las inevitables crisis que se dan a nivel de precios de exportación y de los commodities? Era claro que iba a venir una crisis, ya la habíamos vivido el año 2008 cuando el petróleo se disparó a 130 dólares y luego cayó a cerca de 35 dólares, ya vivimos una expe­riencia, duró poco, fue terrible, por suerte duró poco y remontamos mediante mayor producción y un restablecimiento de los pre­cios de mercado…Cuando llegamos a gobierno evidentemente sigue contando la importancia de la movilización, sigue contando la importancia del discurso pero adquiere prioridad para un gobierno progresista y revolucionario la gestión económica, sin una buena gestión eco­nómica que garantice un ingreso mínimo y procesos crecientes de redistribución la le­gitimidad de un gobierno revolucionario se pone en cuestión.
“Uno dirá “Álvaro pero hemos llegado, hemos triunfado contra el neoliberalismo gracias a la conciencia del pueblo”, por supuesto, hemos triunfado gracias a la organización, por supuesto, pero ese compañero con conciencia, ese compañero organizado que salió a la marcha, a las barricadas, que votó por el cambio luego va a su casa y luego confronta la realidad de su hijo, y luego tiene que pagar el alquiler de su casa y luego tiene que planificar la escolaridad del niño y de la niña y luego tiene que pagar la atención médica de la madre o del hermano, es decir, tiene que confrontarse con la vida práctica, con la vida ya no heroica ni épica de la gran movilización pero con la vida continua, necesaria y prácti­ca de la cotidianidad y ahí es donde se pone a prueba el gobierno revolucionario. Es importante, es decisivo el tema de la gestión y de la redistribución de la riqueza.
“Yo creo que algunos líderes revolucionarios que asumieron en momentos de gran asenso popular la gestión de gobierno sí la tomaron en cuenta a la economía, pero muchos o algunos se dedicaron como a reproducir las estructuras fundamentales de la economía, cuando lo que se requiere es transformar las estructuras fundamentales de la economía para garantizar procesos de igualdad y de justicia internamente pero a la vez procesos de blindaje a las fluctuaciones de la economía internacionales…En previsión a lo que va a suceder, en previsión que en la economía un gobierno revolucionario juega su fuente de legitimidad cotidiana está claro que la principal tarea que tiene que asumir un gobierno es transformar la economía, garantizar el mercado interno, ampliar procesos de producción y con ello ampliar procesos de dis­tribución de la riqueza”.

La victoria cultural es previa a la política

Sin embargo, en su meduloso análisis García Linera no descuida otros frente. Pone también como problema a remontar, la necesidad de incorporar al proyecto a todas las clases sociales, pero sin ceder la dirección desde núcleo popular del movimiento transformador. Pero hay un eje en su disertación en Santiago como la que formuló días antes en otras universidades. El vice de Bolivia termina articulando el “qué hacer” de los gobiernos populares con la lucha por el sentido común. Palabras que dan sentido al cambio de paradigma en la gestión Spasiuk de Humanidades y descubren la significación de la ruptura con la tradición de discutir al interior de los claustros.
Dice García Linera: “no puede haber victoria política, sin previa victoria cultural, no puede haber victoria, sin previa victoria simbólica, no puede haber victoria política sin un nuevo sentido común que emerge y germina en el barrio, en la ama de casa, en el joven estudiante, en el profesional, en los centros académicos, toda victoria política está precedida de una victoria cultural, esa victoria cultural permite armar una predisposición colectiva de masas para formar un bloque histórico que obtiene una victoria cultural y política, muy bien, se instauran los gobierno progresistas, pero ¿Qué es lo que pasó después?, comenzamos para asumir la gestión de Gobierno.
“Fruto de la victoria, comenzamos a descuidar la lucha cultural, comenzamos a con­centrar la prioridad en las decisiones ad­ministrativas, se comenzó a priorizar en la gestión de gobierno, importante, pero no exclusiva, y poco a poco los espacios de los medios, del debate sindical, los espacios de la academia fueron abandonados, fueron debilitados por esta ultra concentración de las decisiones en el ámbito Estatal del Ejecutivo, incluso muchos compañeros que se desenvolvían en la academia o el sindicato, pasaron la gestión política, a gestión estatal, desguarneciendo el sindicato, el medio de comunicación, la batalla cultural, a la larga, eso nos cobrará factura, porque es sobre ese descuido de la batalla cultural, que la derecha empezó a anidar discurso, es sobre ese descuido de los espacios de la lucha cultural que le dimos tanta importancia previa a la victoria política y cultural que la derecha aprendió también de su derrota, comienza articularse, y para ella es más fácil, porque es posible que ella gatille el sedimento con­servador acumulado en la población a lo lar­go de siglos y décadas.
“El revolucionario tiene que instaurar un nuevo principio de orden cultural, un nuevo principio de orden simbólico, la derecha simplemente tiene que desempolvar el viejo principio de orden sedimentado durante décadas en el alma y la conciencia cultural, para ellos es más fácil, para ellos es más rápido, la derecha también es gramsciana, aprendió de su derrota, y comenzó a utilizar los espa­cios culturales.

El monopolio del sentido común

“Este descuido es terrible,  hemos mejorado las condiciones de vida de las personas en muchos países, hay un aumento de la clase media, disminuyó la pobreza, pero es una clase media despolitizada, es una nueva clase media o una nueva generación despolitizada, que es lo mismo que decir, con un sedimento político conservador que es lo que hemos heredado durante siglos, en nuestras almas y cuerpos, este es un error, ha de ser posible la transforma­ción política, vamos a poder estabilizarnos y aumentar e irradiar los procesos revolucio­narios en la medida en que nunca, nunca, pero nunca descuidemos las luchas cultura­les, previas a la victoria política, después de la victoria política, para nuevas victorias polí­ticas, para nuevas transformaciones.
La política en el fondo es el monopolio del sentido común, la política en el fondo es la lucha por los preceptos, por el orden moral que tienen las personas, un descuido en ese escenario es catastrófico, las revoluciones emergen porque hay disponibilidad al nuevo sentido común, pero nunca olvidemos que es el nuevo sentido común revolucionario tiene que horadar y combatir no un día, años, décadas, en algunos casos siglos, conjunto de prejuicios anidados en la cotidianidad, en el preconsciente del ser humano, lo que Durkheim llamaba preceptos ilógicos con la que cotidianamente ordenamos la vida y el mundo, y no es un tema de leer textos, no es un tema de conciencia es más fuerte que la conciencia, y si no el proceso no logra transformar el mundo preconsciente de la sociedad, su victoria es efímera, la victoria puede ser reversible, como está sucediendo en algunos países de América Latina.
“¿Qué queda ahora?, luchar, ¿Cuál es el destino?, luchar ¿Hasta cuándo?, quien sabe, quizás una semana más, quizás un mes más, un año más, diez años más, no lo sabemos, nadie puede definir cuándo habrá una nueva oleada, como nadie pudo definir o calcular la oleada revolucionaria de principios de siglo, pero hay una certeza, la derecha, las fuerzas conservadoras no tienen horizonte, sólo reciclan el pasado, sólo hacen una réplica cotidiana de los muertos vivientes, de esa serie televisiva que la vemos a diario, eso son.
“A diferencia de la etapa neoliberal, que emergió con un horizonte que despertó expectativas a nivel mundial, hoy el neoliberalismo, se presenta como un proyecto cansado, aburrido, agotado, descolorido en el mundo, no es un proyecto que articule la esperanza, la emoción y el sacrificio de la gente”.

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