Diez años después del tractorazo que ocupó el centro de Posadas por cerca de siete meses, en 2007, este miércoles 22 volvieron los tractores a la capital misionera como señal de protesta por la falta de respuesta y la incapacidad del Instituto Nacional de la Yerba Mate de resolver el problema.  Una reunión está en marcha en el Inym, a partir de esta media mañana.

Por Raúl Puentes.

Posadas (Miércoles 22 de marzo). Diez años después del tractorazo que ocupó el centro de Posadas por cerca de siete meses, en 2007, este miércoles 22 volvieron los tractores a la capital misionera como señal de protesta por la falta de respuesta y la incapacidad del Instituto Nacional de la Yerba Mate no solo de resolver el problema aplicando las leyes, sino siquiera de poder sostener una reunión pactada por ellos mismos y desarmada horas después.

¿A qué juega Alberto Ré, el presidente del Inym? ¿Por qué provoca tensión? En la protesta, los ánimos están caldeados y los productores, tareferos y trabajadores del agro están cansados pero también molestos. Ya no le creen ni a los funcionarios de la Nación y tampoco a los directores del Inym, pero apuestan a una rápida solución de este conflicto porque quieren volver a sus chacras, pero solo volverán, aseguran, con la respuesta de lo que vinieron a buscar.

Pero el titular del Inym, o por argucias o por desbordes, bien o mal asesorado, según los intereses que defienda, sigue tensando la cuerda. La Nación, desbordada en este problema exactamente de la misma manera en que está desbordada con las economías regionales de todo el país, no encuentra el Norte. O si lo encuentra, ya que hasta ahora, aplica con lógica el manual del neoliberalismo: beneficiar a las empresas y a las grandes industrias en detrimento de los eslabones más chicos y más débiles de esta cadera productiva, una de las más importantes actividades económicas de Misiones.

Una verdad reveladas: nadie quiere que desaparezca el Inym, o casi nadie, porque los productores que llevan adelante este reclamo lo repiten a cada rato, en cada reunión con los funcionarios que sean, ante los medios de prensa, y lejos de los micrófonos, a los vecinos de Posadas que se acercan al campamento a interiorizarse o a manifestar su acompañamiento.

La otra verdad revelada: los productores no se van a ir sin soluciones, pase el tiempo que pase: la última vez, tozudos, se quedaron siete meses sobre la Plaza 9 de Julio y frente a la entonces calle Félix de Azara que cruzaba entre esta plaza y la Casa de Gobierno. Y si siguen los dilates, van a mantener cerrado el instituto por el tiempo que sea necesario, para evitar que los empleados del organismo trabajen y puedan liberar las autorizaciones para las compras de las estampillas, esas que la industria necesita para colocar los paquetes de yerba en el mercado. Encontraron así, un elemento de presión más efectivo que cortar las rutas (que no descartan) o bloquear a las grandes empresas que son las responsables de esta situación, al burlar las leyes (no pagan el precio laudado) y al adulterar documentaciones de pago que constituyen delitos en sí mismo (pagan la mitad de lo establecido y los presionan a firmar por el precio pactado).

Estas denuncias son permanentes pero el organismo que cuenta con las herramientas para evitarlas, mira para otro lado. Ese es uno de los focos de tensión que trajeron a los colonos a la capital misionera para revertir la situación. Vinieron para revertir la situación, para reclamar que los dejen de embromar, en todas las acepciones del término. Pero en lugar de sentarse a resolver el problema, tanto el directorio, como el propio presidente de ese directorio y los funcionarios de las áreas competentes del Gobierno de la Nación, “no sabe, no contesta”, o se ponen a operar para dividir o desestabilizar.

Lo que ya quedó claro en esos siete días de protesta, es que no hay intereses políticos detrás y si los hubiera, todos los actores de la política vernácula tienen sus intereses creados en esta obra, a la que miran -desde sus propios intereses-, como drama, sainete o comedia. Pero los que están ahí, en la calle, durmiendo a la intemperie y en condiciones precarias, son trabajadores del agro, la gringada que no quiere salir de sus chacras y que le evita a Posadas hasta para las actividades recreativas. Pero acá están, hace siete días ninguneados por los directores que arman y desarman reuniones, dicen y se desdicen, acuerdan y desconocen, tensando la cuerda.

La polacada –como ellos mismo bromean- está cansada y se quieren volver. Pero como no hay solución, entre la tarde y la noche del martes salieron a buscar los tractores que hoy, miércoles, volvieron a Posadas, con la promesa de quedarse y seguir aumentando la cantidad de manifestantes para mostrar el respaldo, pero también la indignación que tienen.

Con los tractores en la ciudad, sobre la media mañana de este miércoles, por primera vez en esta semana se protesta, comenzó una reunión que puede dejar alguna solución.

Las noticias de las próximas horas comenzaron a escribirse.

 

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