Los ejes para la reforma permanente anunciados este mediodía por Mauricio Macri incluyen una nueva relación fiscal entre Nación y Provincias. Si bien dejó el cómo a definir en las mesas del diálogo y en el Congreso, el encuadre del Presidente desliza el desconocimiento de las responsabilidades del gasto en salud y educación a cargo del interior. Es el turno de los gobernadores que no la tienen fácil.

Posadas (Lunes, 30 de octubre) Ahora será el turno del diálogo. Mauricio Macri acaba de establecer tres ejes fundamentales para avanzar en un “reformismo permanente”, plebiscitado el 22 de octubre. Abarca las políticas fiscales, de generación de empleo y de calidad institucional, generalidades que no pueden negarse como necesidad de abordaje político. Pero si bien el Presidente marcó un rumbo claramente identificable con las utopías liberales se cuidó de anunciar el cómo y sólo se limitó a informar que en los próximos días presentará en el Congreso de la Nación las propuestas concretas.
En el primer eje referido a las reformas fiscales puso la relación Nación – Provincias en el centro del debate, con deslices que le restan credibilidad a un discurso emparentado con las prédicas religiosas. Macri gobernó dos períodos la Ciudad Autónoma con una presión impositiva superior a la media nacional a pesar de las afirmaciones de Fundaciones amigas, presión que incluso avanzaba sobre la producción primaria de provincias como la nuestra. Además, dejó comprometido el Presupuesto de la Caba en un 10% para el pago de intereses de las deudas que tomó con las entidades financieras. Un porcentaje similar al que ya tiene la Administración Nacional que en los primeros 18 meses del gobierno de Cambiemos creció un 23% y ascendió a 192.000 millones de dólares.
En este contexto ¿qué les reclama a las provincias? En forma genérica Macri cuestionó el déficit fiscal, que no cumple en la Nación, y que cuestiona a las provincias y municipios, sin diferenciar los distritos como Misiones, que en los últimos quince años no sólo se desendeudó sino que logró el equilibro de las cuentas públicas en función de una política fiscal firme que con los ingresos brutos cubrió el desfinanciamiento generado por la restricción de los recursos nacionales. Le faltó a Macri admitir que las provincias son las que tienen la responsabilidad de sostener la salud pública y la educación. Cuando habla de equidad debería incluir el sentido del gasto. Paradojalmente, mientras el liberal Macri administró su distrito incrementando el déficit y el endeudamiento, aquí, Carlos Rovira resignificó el sentido progresista del equilibrio fiscal. Digamos que le robó las banderas al discurso liberal con gobiernos que en la práctica nunca lo aplicaron.
Antes de hoy y ni bien concluyó su discurso, los medios hegemónicos porteños traducen la convocatoria de Macri como un gesto “generoso” (Clarín, La Nación, TN) porque entienden que la victoria electoral del 22-O le habría dado un poder político suficiente para avanzar unilateralmente con las reformas. Pero poder electoral no es poder político. Como nunca ha sucedido en la Argentina pos dictadura, el gobierno nacional no tiene mayorías en el Congreso de la Nación. En consecuencia, el llamado a formar consensos no es un gesto de voluntad política sino de puro realismo. Si Macri pretende introducir reformas de fondo, como lo sostuvo en el discurso, necesita inexorablemente la concurrencia de las fuerzas representadas en las dos cámaras del parlamento nacional y en consecuencia con acuerdos con los gobernadores.
El Presidente adelantó que pretende establecer una nueva relación fiscal entre Nación y Provincias y las encuadró en una distribución equitativa de los recursos. Es el eje que sostienen los gobernadores. Ingresos Brutos podrá ser el impuesto más injusto del mundo, pero mientras la Nación se quede con más del 70% de la recaudación, a las provincias no le queda otra. El Presidente, desde su cosmovisión liberal piensa al Estado como un aparato enfrentado, o al menos obstaculizador, de la actividad privada. Desde las provincias, la relación Estado sociedad, pasa fundamentalmente por la prestación de los servicios esenciales de salud y educación, que desde la calidad de lo público opera como redistribuidor de ingresos en favor de los más humildes.
Por las palabras de Macri hoy, los gobernadores no la tendrán fácil en la mesa del diálogo. Más allá de las voluntades revestidas de la prédica new age, en todas las sociedades existen intereses contrapuestos. El discurso negador de las diferencias de clase e incluso de la dependencia, “nuestro único enemigo son los problemas” dijo Macri, favorece la negación de las necesidades del interior. Se podría concluir en esta lectura rápida del discurso del Presidente, que la cuestión de fondo de los problemas argentinos no puede abordarse desde la visión anti-política que pone en el desarrollo tecnológico el motor de la historia.

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