La desvergonzada monserga de Alfredo Leuco en el acto de entrega de los Martín Fierro dejó al desnudo la vinculación del cierre de medios y fuentes de trabajo con la abolición de la ley de medios que limitaba el poder de los monopolios. Menos voces menos pluralismo, menos libertad de expresión. Desnudó además la crisis de credibilidad por la que atraviesa el periodismo hoy dominado por la lógica del mercado.

Posadas (Lunes, 13 de noviembre) La verdadera naturaleza de los medios de comunicación va quedando al desnudo. Pareciera que no falta mucho para que llegue un 2001 al periodismo y la sociedad pida que se vayan todos.
La desvergonzada monserga de Alfredo Leuco en la entrega de los Martín Fierro este fin de semana es sintomática de la grave enfermedad que aqueja al periodismo argentino, fundamentalmente al que se exhibe en el centro de gravedad de la política nacional, es decir en el puerto de Buenos Aires.
Como vedettes que necesitan del escándalo para ganar la atención se mezclan periodistas de trayectoria con improvisadas y licencéfalas presentadoras o estrellas de la televisión que promovidas por los dueños de los medios irrumpen en horarios centrales de emisión en los canales para darle rostro a una labor más parecida a la de los trolls que a la tarea de un periodista.

El periodismo y las empresas

Yendo por partes, el sábado por la noche se celebró la entrega de los premios Martín Fierro que otorga la Asociación de Periodistas de la TV y la Radio Argentinas (APTRA) en una réplica de los Oscar traspolada a la cultura argentina.
La situación por la que hoy están atravesando los trabajadores de distintos medios con despidos, cierres y pagos atrasados de sueldos, fue un tema que irrumpió en la ceremonia gracias el planteo de distintos premiados. Belén Badia, Marcela Ojeda, Andy Kusnetzoff, Mauro Szeta y María O’Donell, entre otros, hicieron mención a los trabajadores del Grupo Indalo, Grupo 23, Radio Rivadavia, Radio Del Plata y DyN. Reynaldo Sietecase no estaba presente en el momento en que fue consagrado. Por esa razón la locutora Verónica Castañares, de su equipo, leyó un mensaje en el que Sietecase, después de solidarizarse con los compañeros, pidió al gobierno que intervenga ante la situación de incertidumbre que atraviesan muchas radios.
Al recibir su galardón, Leuco le respondió sin nombrarlo y justificó la situación por la que atraviesan muchos trabajadores de medios al enfatizar que “hay que saber elegir bien quién es el tipo que tiene que estar en los medios de comunicación. No han dicho una palabra de los dueños de los medios y la verdad lamento traer esto a una fiesta, pero creo que hay que tener equilibrio y justicia. Si ustedes creen que Szpolski, López y Electroingeniería no tienen nada que ver con los despidos, creo humildemente que se han equivocado”.
Mientras el periodista, que trabaja para Mitre y TN, y no disimula su fuerte y acrítico alineamiento con el gobierno macrista decía sus palabras en el escenario, recibió algunos gritos de reproche desde la mesa de los productores de Víctor Hugo Morales que le señalaron que estaba omitiendo hacer mención a la situación de medios como DyN y Clarín y que además él trabaja para Héctor Magnetto, denunciado nada menos que cómplice de la dictadura genocida.

La enajenación en las redacciones

Leuco, sin proponérselo, porque su intención manifiesta fue defender al gobierno de Macri montado en las operaciones de desprestigio de los funcionarios del gobierno de CFK con el latigillo de la corrupción, sin proponérselo, decíamos, puso sobre la superficie la tensión intrínseca que existe en el ejercicio del periodismo en un sistema capitalista entre los trabajadores y los propietarios. Se dirá que es propio del sistema de propiedad privada, pero a diferencia de lo que sucede, por ejemplo en una fábrica, en una redacción no es tan fácil que la enajenación del trabajo se tan categórica. Aquí en Posadas, el empresario de transporte, Pepi Wipplinger, lo sintió en la piel cuando se compró un diario. Enojado y confuso confesó una vez que le era más fácil manejar su empresa de camiones. “A los choferes vos les decís que vayan para allá y ellos van en esa dirección, un periodista –comparaba- sale disparado para cualquier lado”.
Esta tensión no es nueva: alcanza con repasar frases famosas:
Thomas Jefferson: “El hombre que no lee nada en absoluto está mejor educado que el hombre que sólo lee periódicos”.
Honoré de Balzac: “El periódico es una tienda que sólo venden al público las palabras del mismo color que la quiere”.
Arturo Jauretche: “No existe libertad de prensa, tan sólo una máscara de libertad de empresa”.
Hay un sinfín de citas que se pueden mencionar para comprobar que tanto en los tiempos de la independencia de los Estados Unidos, como en la Francia pos revolucionaria, y en la Argentina, desde siempre, los medios de comunicación no son “independientes”. Tanto Mariano Moreno, como Bartolomé Mitre, cuando fundaron diarios se dispusieron a crear un espacio de difusión doctrinaria. No se propusieron ser “objetivos”.
Leuco lo sabe. Eso de periodismo independiente enfrentado al periodismo militante del kircherismo no fue más que la apropiación de un espacio simbólico sólo existente en los mitos republicanos.
Lo que dice entonces, subyacentemente, es: “elijan bien a sus patrones”. Él lo eligió a Magnetto, eligió el poder permanente, y no advenedizos como López. En Radio Mitre y en TN puede decir lo que quiere con toda libertad, claro mientras esa libertad no se interponga con los negocios de Magnetto.
Leuco fue del ERP y fue del Movimiento Todos por la Patria. Trabajó para Timerman en La Razón cuando se volvió matutina. Escribió por encargo de Freddy Storani un libro sobre La Coordinadora con el objetivo de destruir a Coti Nosiglia. Son antecedentes suficientes que demuestran que sabe de qué se trata. Leuco hace un periodismo militante. Integra el aparato de difusión del poder económico hoy apropiado del poder político. Víctor Hugo, por ejemplo, también hace periodismo militante, hoy contra-hegemónico. La diferencia es que no lo oculta.
Hay otra frase famosa: “periodismo es escribir sobre algo que el poder no quiere que escribas, lo demás es propaganda”. Se inscribe en esta línea

Los despidos y la ley de medios

Esa comunicación política, propagandizada, que es propio de la grieta y que hoy acapara la atención de un lado y del otro, sin embargo no es todo el periodismo.
Ya que estábamos con las citas, vale hacer referencia al dogma del Chicago Tribune. “Si su madre dice que lo quiere. Verifíquelo”. Es el periodismo que nunca afirmaría nada sin estar convencidos. Así como la ciencia trabaja con observaciones para elaborar hipótesis que después deben ser corroboradas empíricamente, ese periodismo indaga debajo del mundo de pseudoconcreción para descubrir la esencia de los fenómenos.
Pero ni esta actitud digamos, de búsqueda de la verdad de las cosas se puede encarar sin pararse en un lugar. Los inmaculados no existen. Lo que sí se puede lograr es la pluralidad de todo el espectro. Que haya diarios de izquierda, populistas y de derecha. La pluralidad en el espectro radial y televisivo se da en la diversidad de propietarios. Pero si hay concentración y monopolios, las voces se van silenciando.
Leuco puso sin proponérselo el dedo en la llaga. Está describiendo un escenario  consecuencia de la abolición de la ley de medios. Y les dice en la cara: “yo elegí bien. Elegí al monopolio y no a medios alternativos, y el monopolio es dominante”. Pues la ley de medios garantizaba más diversidad y más posibilidad de elegir dónde trabajar.

Los despidos de Radio Nacional y Telam

Se olvidó también Leuco en su reproche a los compañeros que consiguieron trabajo en medios que son propiedad de empresarios de ocasión, mencionar los despidos en Radio Nacional y Telam. ¿Qué dice del Estado metido a informar?
Nuevamente, no se puede abordar la situación de los trabajadores cesanteados de los medios del Estado sin tener un claro posicionamiento sobre la naturaleza del Estado.
Entendemos que el Estado no es neutro. Que tiene un rol preponderantemente marcado por la política. La línea editorial de sus medios forzosamente será distinta en un gobierno popular que en un gobierno de elites. Un gobierno popular, que no tiene otra herramienta más que el Estado, pecaría de ingenuo si no utiliza los medios para crear conciencia. Un gobierno de la clase dominante no los necesita porque tiene a disposición la cadena de medios hegemónicos del poder permanente.
En los dos casos, la línea la marca el ministro o la Dirección del medio, no el trabajador que si confesa una ideología diferente deberá adaptarse y encontrar espacios para no traicionar sus convicciones. Claro, en una conducción facista no habrá refugios posibles en algún rincón de la Redacción. Por algo países como Italia financia por ley la edición de periódicos de todo el arco de representación política.
¿Olvidó Leuco en su monserga los despidos en el Estado? No es creíble. Entiende bien, por su trayectoria que desnudaría la existencia de un Estado facista. Lo que no pudo ocultar es el esquema de medios, empresarios y periodistas todos en el mismo barro, va restringiendo los espacios de expresión cuando predomina la lógica del mercado. Menos voces, menos libertad de expresión. Quizá por eso le molestó el mensaje de Sietecase. La escenita melodramática de su hijo, que después intentó banalizar el antisemitismo y colocarse en el lugar de la víctima, no debe ocultar el trasfondo de la monserga de Lewkowicz.

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