Carrió premió anoche a Morales Solá. Desde la plataforma del Instituto Hannah Arendt le reconoció el respaldo de TN a su candidatura. La foto del columnista sentado en la mesa con Peña, la primera dama, Vidal, Carrió y Negri, desnuda la relación entre la política y los medios y la hipocresía de los que se dicen “independientes” y acusan a compañeros de militantes.

Posadas (Jueves, 30 de noviembre) La lógica de la pos-verdad quedó al desnudo anoche cuando Elisa Carrió premió a Joaquín Morales Solá. Fue en el Instituto Hannah Arendt que la diputada fundó en 2004.
Antes que nada, el neologismo pos-verdad, que el mismo poder difunde, no es más que una manera de encubrir algo tan viejo como la disociación entre los discursos públicos y los hechos reales. Lo nuevo, es el aporte de la tecnología para dar velocidad a la circulación del discurso mentiroso que, antes del tiempo necesario que lleva su sedimentación para abrirse a la reflexión, queda superado por otra operación mediática. Es decir que la pos-verdad no es nueva en la historia de la a humanidad. Es la manipulación de la información, que por ejemplo justificó el ingreso de los Estados Unidos a la Segunda Guerra, o las imágenes televisivas que confunden los bombardeos a los países de Medio Oriente con un festival de fuegos artificiales para esconder el asesinato masivo de civiles.
Hecha la aclaración, volvamos a lo que descubre el impúdico premio que Carrió le dio anoche a Morales Solá. El operador político que se esconde detrás del oficio de periodista y la diputada, son dos sujetos centrales en la construcción, digámoslo con todas las letras, del relato del político de la Alianza Cambiemos.
Carrió es un personaje creado a medida y desde la videopolítica. Su imagen y su militancia tienen una dependencia absoluta de los set de la TV. Más precisamente de TN y Canal 13. Sin ir más lejos la reciente campaña para las elecciones del 22-O, en las que obtuvo uno de cada dos votos de los porteños, tuvo centralidad en los programas de TN. Se puede decir que se convirtió en columnista permanente del programa, precisamente de Morales Solá, en los que se tratan de Lilita y Joaquín.
Esta relación que es explícita y ha quedado al descubierto con el premio de anoche, es bastante generalizada aunque es asimétrica. El poder lo tiene el medio. ¿Qué pasaría con Carrió si Clarín la silenciara un año? Nadie lo duda, dejaría de existir y sus delirios no tendrían el eco que tienen hoy en día. Por eso nadie duda que Carrió es un producto de los medios, es la diputada de Magentto.
Esta relación Carrió – Morales Solá, Lilita – Joaquín si se quiere, pone también en la superficie el mecanismo que ya en la España de los primeros años del gobierno del PSOE, Felipe González bautizó como “el sindicato del crimen”. Este sindicato que no mata sino que destruye el prestigio de los dirigentes políticos, opera como operan aquí, incluso en Misiones cierta dinámica circular de los noticias. Ejemplo: Acto 1°: un medio desliza un rumor determinado. Acto 2° un diputado pide informes por lo que dice el medio y en su afán proselitista en discurso ya condena. Acto 3°: el medio confirma la información desde lo que dice el diputado.
Acto 4°: se opera para que la difamación salga publicada en un medio nacional o de otra región. Acto5°: se reconfirma la denuncia porque salió en la nación. Y así.
Esta dinámica es la que descubrimos en la relación Carrió – Morales Solá.
La foto que difundió el Instituto de Carrió tiene también otra significación. Morales Solá, sentado en la mesa con Peña, la primera dama, Vidal y Mario Negri, no deja de ser un sinceramiento de su posición ideológica. Aunque desde la impunidad de pertenecer al poder concentrado de la política y la economía, sigue sintiéndose “periodista independiente”. No tuvo empacho tampoco en victimizarse. Dice que sufrió un “exilio personal” durante el kirchnersimo. Falta que explique qué clase de exilio es ese. Pero ya que estaba en el Instituto que llamaron Hannah Arendt podría repasar el concepto de “banalidad del mal”.

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