El dirigente sindical Aníbal Velázquez reveló hoy la existencia de reuniones entre dirigentes sociales de base para consolidar lo que llaman el 7 a 3 e impedir que la Alianza Cambiemos pueda llegar a gobernar la provincia. Consideran que el pronunciamiento popular de octubre puso de manifiesto que el 70% de los misioneros votó en contra de las políticas neoliberales de Macri. Llaman a no confundir a la Renovación como el adversario cuando se pretenden defender derechos sociales.

Posadas (jueves, 18 de enero. Por Aníbal Velázquez) La información, divulgada hoy por varios medios nacionales, de que el presidente Macri bajó línea a sus ministros para que atiendan con toda disposición los reclamos de los gobernadores, entre los que se encuentra Hugo Passalacqua, parece un dato alentador y fruto de la comprensión política del momento que atraviesa la Argentina después de los pronunciamientos en las urnas de noviembre de 2015 y el último 22 de octubre. Son momentos que no pueden analizarse con los parámetros de un país bi-partidista que quedó sepultado después de la crisis de representación de 2001.
Por eso decidimos revelar conversaciones que venimos teniendo entre dirigentes sociales y sindicales.
Empezamos a reunirnos con motivo de la criminalización de las protestas sociales y la detención de militantes populares perpetradas durante la represión frente al Congreso nacional en diciembre. Hubo reuniones con referentes de distintas agrupaciones para evaluar la coyuntura y sus consecuencias. Son reuniones informales todavía, movidas por el mismo espíritu intacto del compromiso social de militantes de hoy y de ayer que siguen vivos, tanto en sus convicciones como en la necesidad de reconocerse en la mirada del otro.
“Todo pasa y ésta no es distinta a otra etapas, incluso hasta es más leve”, fue un concepto que, entre los muchos puesto en consideración que mueve a la reflexión. Un recorrido por los hechos históricos, desde la Patagonia trágica en 1921 para llegar a Santiago Maldonado, pasando por el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos de León Suarez, los treinta mil desaparecidos, Kosteki y Santillán. “La derecha es ésa, siempre es la misma”, muertos de 19 y 20 de diciembre del 2001. “Setenta días presos es nada” (pensando en el ex vicepresidente).
Un reconocido dirigente en distintos frentes como Oscar Mathot, que participa de estas reuniones, después de escuchar relatos y teorías, en su intervención cambió todo el eje de la discusión en curso para decir que el caso nuestro, el de los misioneros, es totalmente distinto a las realidades de otras provincias y más aún de los problemas de los compañeros en los grandes centros urbanos. Acá – reflexionó- primero hay que partir del hecho de que ganó la Renovación que pudo detener la avalancha de la ola amarilla. “Se le ganó a la Alianza Cambiemos”, remarcó casi como axioma para hacer una observación fáctica que es obvia, pero que no es tenida en cuenta lo suficiente para pensar en estrategias y en el qué hacer. Subrayó en ese sentido que “en Misiones se le ganó a Macri 7 a 3”.
Lejos de hacer una apología del gobierno de la Renovación ni del Gobernador, destacó que Hugo Passalacqua tiene un gobierno totalmente distinto al del gobierno nacional y del gobierno que hipotéticamente haría si en la Provincia gobernara el PRO.
Observó que en la Cámara de Representantes, se nota con claridad que el 7 a 3 funciona para resolver los conflictos institucionalmente. Siempre se puede pedir más, pero en el Gobierno y en la Cámara, hay una disposición a la escucha de la que, aseguró, son testigos los dirigentes sociales de base como él.

Cuanto peor, peor, no mejor

En estas reuniones, nunca están ausentes las referencias a la violencia como método, incluso a la respuesta a la violencia institucional que se expresa no sólo con la represión de Gendarmería sino también con las políticas anti-sindicales y de desempleo. No es casual que el tema forme parte de la prédica del Papa Francisco, que ayer en tierra mapuche le puso el cuerpo a los atropellos contra los pueblos originarios y condenó la violencia del régimen de Pinochet y la que siguen perpetrando los gobiernos democráticos chilenos. Pero Francisco les advierte que la violencia como respuesta es inconducente. Reconoce que es cierto que la violencia llama a la violencia, pero les advirtió que “la violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”. Desde nuestra experiencia setentista, sostenemos también y corregimos la consigna de esos años de revolución: “cuanto peor, mejor”. La historia, nuestra historia ha demostrado que cuanto peor, peor, no mejor. Hemos aprendido que las crisis no generan revoluciones, sino descensos en la calidad de vida que terminan pagando los más pobres.

Consolidar el 7 a 3 en las calles

La referencia al discurso del Papa abona el debate al interior de los movimientos sociales de nuestra provincia, o al menos de las reuniones, todavía informales. Porque la observación de Mathot en los debates, fueron, aunque tímidamente puestos en cuestión por los dirigentes más radicalizados. Pusieron sobre la mesa la relación del gobierno provincial con el nacional que, argumentan, conduce a tener que firmar el pacto fiscal y votarlo en la Cámara. El esquema “son lo mismo”, no tuvo fuerza a pesar de los gurkas, que quedaron callados cuando se desgranaron algunos datos concretos a favor de Misiones como resultado de la relación institucional que tiene Passalacqua con Macri. Se mencionaron los recursos para el IPS y la inclusión en el presupuesto nacional de todas las obras diseñadas por el gobierno de la provincia, la promesa del pago de los 250 millones de pesos que Nación debe a los misioneros por la ley 25.080 de promoción forestal, y otros.
“Si son lo mismo estamos en el horno”, les dijimos para aferrarnos a las diferencias como esperanza de que “no pasarán”.
Fue lógico así que la conversación girara después sobre el concepto del siete a tres. El resultado de octubre, se insistió, refleja meridianamente lo qué piensan los votantes misioneros. El problema escapa a los nombres, aunque inevitable, y pone en el centro al “sistema”, un sistema neoliberal perverso. La defensa de las conquistas populares se deben defender en la calles pero eso solo no alcanza. Habrá que buscar líneas de acción que trabaje la unidad del campo nacional y popular que una a todos los que expresen la resistencia al poder del capital financiero. En ese análisis caben los que tienen concepciones productivistas como Duhalde y Lavagna, los tibios como Massa y Camaño, y los perdedores como Pepo (gobernador de Chaco) y Schiaretti (gobernador de Córdoba). No sirve actuar como talibanes impolutos como los jóvenes de La Cámpora. Esto ya pasó con la “Tendencia” en la década de los setena y le pasó a la Coordinadora con Alfonsín. Se debe actuar con razonabilidad y valentía.
El siete a tres muestra eso. Cuando por algún motivo los militantes de las agrupaciones no querían votar con el oficialismo local se buscaba elegir otro partido que no fuera Cambiemos. El mínimo voto logrado por una lista distinta a Cambiemos abonaba ese siete a tres. La falta de traducción de ello en las calles se manifiesta en los votos de Posadas, contaminados por el bombardeo mediático hacia la clase media y media baja. Ese tipo de incoherencia llegó a manifestarse también en las internas entre agrupaciones oficiales enfrentadas por espacios, lejos de la “contradicción principal”.
Luego se discurrió entre las expresiones de Garbois y su llamado a defenderlo todo, con la visión puesta en la negociación y la urgencia del necesitado. Los más teóricos recordaron todavía la historia de Mao y su participación en defensa de su China ante el ataque Nipón o las recomendaciones del Comandante Fidel a los compañeros nicaragüenses en el llamado a elecciones generales de aquel país. En términos históricos lo que está sucediendo es muy alentador pero no servirá de consuelo para Milagro Salas, Luís D´Elía, Fernando Esteche y menos a los que hoy quedaron sin trabajo y aquéllos a los que no le alcanza para un mendrugo de pan.

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