“Hay que hacer ajuste fiscal: Nación mucho más que Provincias”, sostiene Economías y Regiones. En el último informe que adelanta un escenario de estanflación destaca que los empleados públicos de las provincias se dedican mayoritariamente a brindar los servicios esenciales: educación, salud, seguridad y justicia. “Queda claro el esfuerzo en materia de ajuste de empleo debe recaer más en Nación que en Provincias”, subraya.

“Hay que hacer ajuste fiscal: Nación mucho más que Provincias”

Buenos Aires (Lunes, 28 de mayo. Informe de Prensa de Economía y Regiones) De acuerdo con lo expresado por el Jefe de Gabinete en Diputados: “El Gobierno fue al Fondo porque no había otras posibilidades”. Es más, explicó que se fue al FMI porque “es el prestamista de última instancia diseñado por el sistema multilateral para ocupar este rol.”
Según nuestro análisis, las palabras de Marcos Peña muestran que Argentina se quedó sin mercado voluntario de deuda para financiar su actual programa fiscal. Concurrir al FMI prueba que el gradualismo fiscal de Cambiemos fracasó, no sólo por sus resultados económicos (baja actividad, falta de crecimiento, insuficiente inversión, elevada inflación, etc.), sino porque es infinanciable.
En este marco, se acude al FMI porque nadie nos presta y el monto que se necesita y en consecuencia no queda otra que ir al prestamista de última instancia. Sin embargo, el mayor problema es que con las últimas metas anunciadas por Hacienda, que plantean una meta de déficit primario de -2,7% (2018) y -2,2% (2019), el financiamiento del FMI está lejos de alcanzar para cerrar el programa financiero 2018/2019; o sea hace falta “conseguir más dinero”.
En otras palabras, se necesita un mayor ajuste fiscal y consecuentemente, el gobierno nacional diseñará un ajuste fiscal con metas de déficit primario más ambiciosas. Sin embargo, no es lo mismo hacer el ajuste fiscal ahora, que en 2016 o comienzos de 2017.
No hacer lo que se debe hacer (ajuste fiscal) en el momento que se tiene que hacer (2016) tiene costos. O sea, hacer tarde y a los “apurones” lo que se debería haber hecho antes y “bien”, no conlleva a los mismos resultados, sino a peores. Puntualmente, el ajuste fiscal era expansivo en 2016, pero ahora es recesivo en 2018; aunque no queda “otra” que hacerlo.
En 2016 el ajuste fiscal era expansivo porque si se lo hacía “bien”, la baja del gasto y del déficit fiscal terminaba siendo más que compensada por incrementos de la inversión, que potenciaban tanto la demanda como la oferta agregada sacándonos de la estanflación. Por el contrario, en 2018 el ajuste fiscal es recesivo porque la baja del gasto y del déficit no es acompañada por más inversión, y en consecuencia el nivel de actividad termina contrayéndose.
Sin embargo, aunque el ajuste fiscal sea recesivo, al gobierno no le queda otra que ajustar. Es más, aun siendo recesivo, el ajuste fiscal es la mejor alternativa para el gobierno. Si la política económica no ajusta, las dinámicas macroeconómicas ajustarán, y el resultado será el peor, y el más contractivo todos.

Cambiemos debe cambiar

No hay margen. El escenario estanflacionario está descontado. Lo mejor es ajustar cambiando las políticas fiscal y monetaria por decisión propia. Cambiando las políticas y haciendo lo que hay que hacer, tendremos alta inflación y estancamiento por algún tiempo. Por el contrario, sin hacer lo que hay que hacer, tendremos más inflación y aún peor nivel de actividad; y por más tiempo aún.
En pocas palabras, no hay peor escenario que no ajustar desde la política y, por omisión, dejar ajustar al mercado. Es simple, la estanflación con ajuste de mercado será más pronunciada que la estanflación con ajuste de política fiscal y monetaria.
En este marco, si se cambia la política fiscal y la política monetaria ajustando lo que hay que ajustar, se abren dos escenarios:
1) pueden perder las elecciones, pero se mejoran los fundamentos de la macroeconomía y  2) si son reelectos, harán mejor segundo mandato. Por el contrario, si no cambian la política fiscal y monetaria o lo hacen en formas insuficientes, también emergen dos escenarios:
3) enfrentarán un año y medio mucho más difícil hasta terminar su gobierno
4) si (aún) fueran reelectos, terminarán haciendo un ajuste mayor y más doloroso más adelante en el tiempo.

Recursos de las provincias

El gobierno nacional comete un error si pretende trasladar el ajuste fiscal completamente hacia las Provincias. El argumento del Gobierno Nacional es que las Provincias tienen equilibrio fiscal gracias a que se les ha restituido parte del 15% de la coparticipación de impuestos que la administración central retenía para el financiamiento de la ANSES. Según este argumento: “ahora a las provincias les toca asumir su parte, que es bajar el gasto para reducir su déficit fiscal”.
Pero hay que destacar que la devolución de estos fondos es gradual (con excepción de los casos de las provincias de Santa Fe, Córdoba y San Luis) y recién se desafectaron 9 de los 15 puntos, y se completará en 2020. A su vez, si bien las Provincias reciben más recursos que antes, continúan recibiendo menos de lo que legalmente les corresponde.
En 2018 (32%) las Provincias recibirían +4p.p. más que en 2015 (28%) del total de la torta tributaria, pero continuarían percibiendo -2p.p. menos de recursos que el mínimo legal que les corresponde por ley. En pocas palabras, Nación continúa girándoles a las provincias menos recursos que los que debería transferirles.
Los datos son contundentes. En 2016 (-0,8%) y en 2017 (-0,9%) las provincias tuvieron el mismo déficit fiscal que en 2009 (-0,9%) y 2011 (-0,8%), lo cual muestra que el “buen” resultado fiscal provincial actual no es “gracias” a la mayor cantidad de recursos que las provincias están ahora percibiendo. Puesto de otro modo y mirando el vaso medio lleno, hace diez años que el sector público provincial consolidado tiene siempre un déficit fiscal inferior a -1,0% del PBI.
Desde un lado negativo y mirando el vaso medio vacío, las provincias se gastaron todos los recursos adicionales recibidos durante todos estos últimos años, es decir, los recursos devueltos por el gobierno nacional no han sido utilizados para mejorar las cuentas públicas.
En otras palabras, el sector público provincial no está eximido de “culpas” fiscales, pero dichas “culpas” son menores que las que le cabe al gobierno nacional. En este sentido, durante los últimos 8 años el gobierno nacional siempre y todos los años aumentó el déficit fiscal en forma sostenida.
En contraposición a lo que ocurre en la esfera provincial, el déficit fiscal del gobierno nacional crece sostenidamente a lo largo de los dos mandatos de CFK y durante los dos primeros años de Cambiemos, pasando de -0,6% (2009) a -6,8% (2017) del PBI.
Resumiendo, comparando el déficit fiscal del gobierno federal contra el déficit fiscal de los gobiernos sub-nacionales, se concluye que la mayor (menor) parte del ajuste fiscal debe ser ejecutado por el gobierno nacional (provincias).
Los datos de gasto público también muestran que Nación tiene que ajustar más que Provincias.
Aún neto del gasto en jubilaciones, que es 9,7% para Nación y 2,1% del PBI para Provincias, el Gasto de Nación (16,0%) es +15% superior que el gasto de Provincias (+13,6%) en términos del PBI. Es más, las provincias gastan un -15% menos que Nación haciéndose cargo de los servicios públicos esenciales como educación, salud, justicia, y seguridad.

Salud y Educación

Los maestros, médicos, enfermeros, policías y jueces (no federales) son provinciales. En este marco, no debe sorprender que el Estado Provincial (2.350.0001) tenga más empleados públicos que Nación (740.7002).Más allá de que los servicios públicos esenciales sean prestados por las Provincias y que se necesitan empleados (maestros, médicos, enfermeros, policías y jueces) para poder hacer frente a dichas prestaciones, las provincias no están completamente eximidas de culpa en materia de exceso de empleados y de gasto salarial.
El aumento del empleo estatal provincial está muy por encima de la dinámica poblacional. En 2004 había 37 empleados por cada 1000 habitantes; y actualmente dicha cifra alcanza los 52. El aumento de la planta de personal público provincial supera en un+36% al crecimiento de la población. De hecho, si la planta de personal hubiera crecido al mismo ritmo que crece la población, hoy en día habría 600.000 agentes provinciales menos. Los extremos cardinales del país se encuentran entre los que tienen más empleados públicos por habitante. La provincia más norteña tiene 113 empleados públicos por habitante. La más sureña tiene 110 cada 1000 habitantes. En este contexto, queda claro y no se puede discutir que las provincias deben ajustar sus plantas de personal.
Sin embargo, la dinámica del empleo público en la esfera nacional es peor que en la esfera pública provincial, lo cual pone sobre el tapete que Nación también debe ajustar más que las provincias en materia de empleo público. Nación tiene menos empleados que Provincias porque no tiene a su cargo escuelas, hospitales, comisarías y juzgados; sin embargo el empleo público nacional creció mucho más que el empleo público provincial durante los últimos años.
En números, el ritmo de contratación de empleados públicos en Nación superó por casi 1 punto porcentual anual al ritmo de contratación en Provincias, ya que la planta federal (subnacional) se expandió a un ritmo de +3,2% (2,3%) promedio anual en 2012/2016. Luego en 2017 la planta provincial creció +2,4%, mientras que la planta nacional se redujo -3,7%. Sin embargo, esta reducción de empleados públicos nacionales de -3,7% no es tal. Este número no tiene en cuenta a los monotributistas incorporados, los que probablemente hayan sido algo menor que la cantidad de empleados formales cesanteados.
En este marco, el gasto salarial de Nación prácticamente no bajó nada cuando se compara 2017 contra 2015. Por otra parte, el gasto en personal de Nación se comporta exactamente igual que el gasto en las provincias, porque ambos bajaron tan sólo -0,2% del PBI en estos dos últimos años.
Resumiendo, el empleo público de Nación creció mucho más que el empleo público de las provincias en los últimos 10 años. Paralelamente, en los últimos dos años, el gasto en personal de Nación se comportó exactamente igual que el gasto en personal de Provincias. Si a este comportamiento se le suma que los empleados públicos de las provincias se dedican mayoritariamente a brindar los servicios públicos esenciales (educación, salud, seguridad y justicia), queda claro el esfuerzo en materia de ajuste de empleo público también debe recaer más en Nación que en Provincias.
Ambas esferas deben recortar empleo público, pero Nación tiene que recortar más que Provincias. En definitiva, todo el análisis fiscal comparativo entre Nación y Provincias ya sea encarado a través del déficit, los recursos, el gasto y/o la planta de personal, muestra que la responsabilidad de hacer el ajuste fiscal debe recaer mucho más sobre Nación que sobre Provincias, lo cual no quiere decir que los gobernadores y las provincias no deban ajustar, sino que las Provincias tiene que ajustar, pero Nación está obligada a ajustar mucho más.

gasto por finalidad y función de las provincias

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