El acuerdo con el FMI adelanta el escenario más temido. Constituye una derrota del ala industrialista del PRO. La respuesta tiene todo los ingredientes ideológicos de la ortodoxia. Sin definir un modelo de desarrollo claro y consistente carga el ajuste a las provincias y en los gastos de inversión. Lleva a un límite la relación institucional con los gobernadores. Macri instaura un orden conservador con asistencialismo para contener las protestas. Hace pagar el ajuste a la clase media que lo votó

Posadas (Viernes, 8 de junio) Desde lo que conocemos en Misiones, se puede afirmar que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional constituye una derrota del ala industrialista del gobierno nacional. Aquí, la dirigencia del PRO no esperaba que el ajuste se hiciera desde la ortodoxia que ha fracasado siempre como salida de las crisis.
Como se sabe, el Gobierno de Macri ha recurrido al FMI para frenar la corrida contra el peso, que desnudó el límite de las políticas de endeudamiento externo en reemplazo de los recursos que antes se conseguían con las retenciones y otros impuestos. El acuerdo le permite al gobierno nacional tener más dólares, 15 mil millones en mano, y 50 mil en total como garantía. Podrá cumplir con así con los compromisos externos, pero no alcanza para resolver el problema de fondo. El acuerdo anunciado anoche por el ministro de Hacienda y el presidente del BCRA, abundó en medidas monetarias y en programas que “permitirán transitar las turbulencias internacionales minimizando el impacto sobre la economía argentina”, según reza en el documento difundido anoche.
Y aunque anuncia que Argentina presentó el plan económico a implementarse durante el programa, ese plan no se conoce. No se vislumbra una revolución de inversiones productivas. Como lo hace siempre la ortodoxia, busca la consistencia desde la más notria doctrina monetarista. dujovne sturzzeneger
A la gente común le tiene sin cuidado las restricciones que se le ponen al Banco Central para comprar dólares y emitir en consecuencia. Lo que preocupa no es quién gerencia las divisas, si el BCRA o el Tesoro. Lo que le interesa es cómo influirá el acuerdo en la generación de empleo y en el sostenimiento de su nivel de ingresos. Y desde esta perspectiva no hay nada alentador en el anuncio aunque faltan las precisiones más finas. Por lo pronto, el documento que se difundió adelanta que la reducción del gasto primario apunta groseramente a las transferencias corrientes a las provincias y al gasto en capital, es decir en inversión pública.
Con estos datos, el acuerdo tensa al límite la relación institucional que ha establecido la Casa Rosada con los gobiernos de provincia. Hugo Passalacqua que no dudó en respaldar el derecho político e institucional del Presidente de acudir en ayuda del Fondo para frenar “las turbulencias” que generó la puja por el ingreso entre devaluacionistas y dolarizadores en el mercado cambiario en mayo, había adelantado, sutilmente, en el aniversario de la Patria, que el legado de los próceres de Mayo de 1810, de Andresito y de Güemes, es la libertad, en que “nadie de afuera nos diga lo que tenemos que hacer”.
Sin embargo, como está claramente establecido en la planilla de Reducción del gasto primario, la carga del ajuste se trasfiere a las provincias, las transferencias corrientes caerán en un 74% y el gasto en capital en 81% en términos reales. El ajuste ya se inicia durante el presente ejercicio. Es decir que son borradas las previsiones hechas en el presupuesto
Otro ajuste indirecto es el anuncio formulado por Dujovne cuando admite que este año la economía crecerá por debajo del 1% y que con suerte podría crecer medio punto más. Esto afecta el pacto fiscal ya que las reducciones aplicadas en los ingresos brutos tenían la perspectiva de compensar con crecimiento los menores ingresos.
El programa que reitera en varios párrafos la palabra consistencia, no presta atención a la evolución de la economía real. El modelo de crecimiento del gobierno nacional no es claro y no es consistente. La decisión de reducir la inversión pública traduce una falta de visión productivista. No aparece en el documento ni una idea para diseñar políticas estratégicas de crecimiento.
Aunque la corrida cambiaria pase con el soporte financiero del Fondo, las causas de la crisis siguen presentes. Nadie discute que es fundamental atacar el déficit fiscal. Lo contrario de ajuste es desajuste. Nadie apuesta por el desajuste. Pero desde hace muchos años que se sabe que la inflación argentina no es un fenómeno puramente fiscal y monetario, sino que responde en el fondo a insuficiencias estructurales de la oferta de bienes y servicios de la economía en su conjunto, y que el déficit fiscal y la emisión monetaria son efectos y no causas. Por lo tanto, la política antiinflacionaria que se limite a combatir el “gasto” no tiene buen pronóstico. Diríamos que el anuncio, revestido con una sonrisa “progre” de Ministro, de haber conseguido flexibilidad en el ajuste para aumentar el gasto en asistencialismo, lo confirma. Podría decirse que si hasta ayer Macri era tironeado desde sectores desarrollistas y neoliberales al interior del PRO, el acuerdo con el Fondo lo acerca al viejo conservadurismo popular de los gobernadores bonaerenses que fueron los introductores de las prácticas clientelares en la política nacional: sostener el orden conservador con asistencialismo para contener las protestas. Paradojalmente, Macri le hace pagar el ajuste a la clase media que lo votó.

 

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