El economista Gustavo Grinspun, especializado en el sector financiero y que en los 80 formara parte de los equipos del Gobierno de Raúl Alfonsín, cuando se negoció la deuda externa contraída durante la dictadura militar con el FMI, advirtió que las políticas de ajuste actuales impactan negativamente en todos los sectores.

Posadas (Viernes 13 de julio). En una visita a Posadas, y en declaraciones a Misiones Plural, el economista Gustavo Grinspun, actualmente al frente de la Fundación Alem de la Unión Cívica Radical, (UCR), no ocultó su preocupación por la crítica situación económica del país en la que -dijo- a causa de la política económica que impulsa el Gobierno nacional, y particularmente desde que se acudió anticipadamente y sin una razón evidente a un préstamo condicionado del Fondo Monetario Internacional (FMI), “hoy hay gente que la está pasando realmente muy, pero muy mal. Y hay situaciones de limitación muy drásticas y muy dramáticas para las economías particulares, de amplios sectores de la población”.
El economista, especializado en el sector financiero y que en los 80 formara parte de los equipos del Gobierno de Raúl Alfonsín, cuando se negoció la deuda externa contraída durante la dictadura militar con el FMI, advirtió que las políticas de ajuste actuales impactan negativamente en todos los sectores.
“Y no solamente en los sectores más vulnerables, que quizás están un poco más atendidos, sino también a los sectores medios, y aun en los sectores del capital, que ven disminuidos sus niveles de actividad, incrementados sus costos, licuados sus patrimonios y los valores de sus empresas o sus negocios”. Grispun opinó que el gobierno actual “no tiene una visión estratégica del desarrollo creo que por su ideología” y cuestionó severamente la política respecto a la inflación. Enfatizó que las políticas de ajuste producen una licuación generalizada” en la que pierden todos y los únicos beneficiarios son los capitales especulativos. ¡Lo que es tan frustrante es que habiendo vivido lo que se ha vivido, digamos para no ir más atrás en los treinta y pico de años de democracia, no hayamos aprendido que estos son procesos de licuación!”, subrayó.

El antecedente de haber participado de las negociaciones con el FMI en la década de 1980, en la que tuvo parte de negociaciones de nivel internacional, y en no menor medida por tratarse del hijo de Bernardo Grinspun, reconocido político radical y ministro de Economía de Alfonsín que lideró las negociaciones con el Fondo e impulsó iniciativas como la formación de un Club de Deudores o la suspensión del pago de intereses en base a la consideración de una ilegitimidad de origen del endeudamiento que explotó en los 80, no solamente en Argentina, sino en numerosos países latinoamericanos.
En la entrevista a Gustavo Grispum fue inevitable la referencia -comparativa- entre lo actuado en el marco del gobierno del presidente Raúl Alfonsín frente a los condicionamientos vinculados al acuerdo con el Fondo Monetario y la situación actual, en la que el Gobierno del presidente Macri se dispone a profundizar una dura política de ajuste neoliberal para cumplir con el organismo multilateral.
“Aquel fue un acuerdo -que finalmente se logró- en base a preceptos que el gobierno había establecido, yo recuerdo, por ejemplo que el acuerdo que finalmente se terminó de concretar hacia septiembre del año (1984) se hizo sobre la base de suba y no compresión de los salarios reales. Y el salario real en el año 1984 terminó incrementándose en un 26%. ¡En pleno acuerdo con el Fondo!”, recordó Grinspum, quien tiene en su haber un paso por el BID y estudios en Estados Unidos sobre el sector financiero, y que actualmente, además de integrar la Fundación Alem de la UCR, trabaja como asesor de empresas pymes.
“Era una situación distinta, prosigue, una situación de crisis de deuda generalizada. El pago de los intereses de deuda representaba en aquel entonces unos 6 puntos del producto bruto, y había que contraer nuevo financiamiento para poder pagar parte de los intereses, el excedente de dólares que generaba la economía no era suficiente ni siquiera para poder pagar la cuenta de intereses, Había que endeudarse para poder cumplimentar ese pago de intereses, y por lo tanto era una suerte de círculo vicioso de endeudamiento. Nosotros lo intentamos cortar y propusimos ya anticipadamente algunas ideas que luego se tomaron como base en lo que luego cuando la crisis ya, efectivamente, eclosionó como se había vaticinado, terminaron siendo parte de los programas de rescate de deuda. Los entonces llamados Plan Baker y Plan Brady, etcétera, tomaron algunos de estos preceptos y parte de esto se incorporó, también, a las soluciones finales, de incorporar mecanismos de quita a las soluciones de la deuda que finalmente se terminaron concretando. Fue, creo yo, un hito importante en el sentido en que se puso en cuestionamiento definitivo a las políticas del Fondo”.

-Se incorporó la cuestión de ilegitimidad. Que se había prestado muy alegremente y el reclamo fue muy severo…
-Sí se habló en ese momento sobre el concepto de legitimidad de deuda se habló sobre el concepto de corresponsbilidad. Claro, es que había una responsabilidad del deudor y una responsabilidad del acreedor también, y había corresponsabilidad del deudor porque había procedimientos de deuda espúrea, el concepto de ilegitimidad no era un concepto estrictamente político, como a veces después se lo intentó usar; era también un concepto técnico porque la deuda era ficticiamente contabilizada para generar mecanismos de fuga de capitales. Eran deudas que en realidad tenían colaterales afuera que estaban en situación no declarada, y que para ser declarados y evitar los costos -el gobierno de aquel entonces no había aceptado en aquellos años, después sí lo hubo, un blanqueo de capitales- generaban un proceso artificial de endeudamiento para que el repago de ese endeudamiento blanqueara el dinero que finalmente quedaba depositado y era el colateral originario a ese endeudamiento contable, ficticio. Es decir, el concepto de legitimidad no era solamente un concepto político, era un concepto técnico de deudas que como habían sido nacionalizadas por el seguro de cambio, terminaban siendo deuda pública. Ante eso también hubo una fuerte presión, y una iniciativa concreta, de establecer un impuesto extraordinario a ese tipo de endeudamiento, a la deuda privada con seguro de cambio.

-Una herencia sin comparación…
-Pero bueno, fueron procesos también complejos, de extrema crisis, el país salía de una guerra, en fin, las cosas que sabemos. Y la situación heredada no tenía comparación con las declamaciones de herencia que hubo a posteriori, más allá de que cada período tuvo sus problemas. Para dar una idea de magnitud, el déficit fiscal en aquel entonces representaba 18 puntos del producto bruto, y hoy estamos tirándonos de las barbas por 6 puntos del producto bruto…

-¿Ese es el déficit total?
-Es el déficit financiero de la administración central, el consolidado con Provincias estará en el orden del 8 puntos del producto , y si le sumamos el défícit cuasi fiscal que se ha generado con la pelota de Lebacs, estamos en 10 puntos. Bueno, estábamos en casi el doble en aquel momento, solamente en el déficit de la administración central. Claro que no tiene comparación una situación con otra, es sólo hacer una referencia ya histórica más de añoranza de lo que se vivió en aquellos años, por decirlo así.

-¿Siempre se vuelve en estos ciclos a complejizar la forma de integración al mercado mundial?
-Este es un gobierno que no tiene visión estratégica, creo que ideológicamente los gobiernos de este signo no tienen una visión de largo plazo, una visión estratégica. Es más, este Gobierno no tiene una visión estratégica del desarrollo, a mi modesta manera de ver, ellos definen el crecimiento como una consecuencia derivada de, primero, hacer un ajuste de precios; el combate a la inflación por sí solo generaría las condiciones de recreación de la dinámica de crecimiento, y que, por lo tanto, es un prerrequisito. Y creo que eso es parte del problema. Si uno aplica una política de precios relativos, tendiente a la estabilización de los procesos inflacionarios, sin generar un sendero de crecimiento en paralelo, las pujas distributivas que esa recomposición de precios relativos genera se internalizan en el seno del programa económico y la situación social de contorno. Y la puja distributiva siempre ajusta luego al alza de precios. Cuando un precio se atrasa, y el salario real se atrasa hay una pelea por subir el salario y cada precio, o recomponer tarifas, o recomponer tipo de cambio. Entonces, siempre la puja distributiva ajusta al alza de precios. Y si se internaliza la puja distributiva, es muy difícil llevar adelante un plan de estabilización de precios en medio de una puja distributiva de ingresos que ajusta al alza de precios y va en sentido contrario. Entonces, es necesario que esa puja distributiva aminore. Por eso el argumento de consensos necesarios para respaldar estos programas, de manera tal de que, mientras crezca la torta, las cargas se vayan distribuyendo de manera un poco más equitativa; los esfuerzos que haya que hacer no sean solamente unilaterales, o de unos más que otros. Que se sepa de qué magnitud es el esfuerzo el de al lado, y no me exijan sólo el esfuerzo a mí. Porque es muy difícil encontrar una disposición a un esfuerzo necesario si uno no sabe cuál es el esfuerzo del resto ni para qué se lo usa. Por el contrario, lo que llama es una reivindicación propia fortalecida, y entonces, es una situación de vuelta de orden circular, en una Argentina circular y postergada que hemos visto tantas veces.

Falta un horizonte definido

-Siempre se cae en el mismo callejón sin salida por no integrar los diferentes sectores.
-No hay una salida virtuosa. Digamos que si hay que recomponer reservas, entonces disminuimos el nivel de actividad y castigamos las condiciones de vida de la población; si se mejoran las condiciones de vida de la población, entonces generamos desequilibrios macroeconómicos. En realidad, la forma de poder conciliar una cosa con otra es que haya un horizonte claramente definido, que haya un reparto de esfuerzos; con un compromiso concreto de inversión, un compromiso concreto de incremento de productividad del trabajo, un compromiso concreto de reducción de impuestos por parte del Estado, es decir que los distintos actores comprometan su esfuerzo en relación al esfuerzo del otro en un horizonte estratégico trazado en común para todos. Entonces el agente que está dispuesto a hacer ese esfuerzo, sabe qué esfuerzo hace el de al lado y hacia dónde va. Si todo esto no está y se le pide un esfuerzo a algunos mientras hay otros que se enriquecen violentamente, como sucede hoy, y… la reacción es esta donde estamos ahora. Y si la solución que se propone desde el gobierno es más de lo mismo, más rápido y más profundo, y bueno, entonces, empezamos a rayar niveles de crisis. Y de vuelta empieza a hablarse de sensaciones de crisis, de corridas, volatilidades y de inseguridades. Inclusive de volatibilidades políticas.

-¿Cómo se ve, en este sentido, la realidad actual?
-Hoy estamos ante una situación de altísima sensibilidad. Hoy hay realmente gente que la está pasando muy, pero muy mal. Y hay situaciones de limitación muy drásticas y muy dramáticas en las economías particulares de amplios sectores de la población. Y no se trata únicamente de los sectores más vulerables, que quizás están un poco más atendidos -aunque digamos que también han sido licuados por estos procesos-. Porque estos son procesos de licuación generalizada, donde los únicos que se ven beneficiados son estos capitales migrantes que terminan llevándose pingues niveles de rentabilidad financiera, y que terminan llevándose los recursos de vuelta a sus lugares de origen, porque este es un proceso de licuación generalizada que termina llevándose el patrimonio de todos. No solamente (los afectados) son los sectores más vulnerables, sino que lo son también los sectores medios, aun los sectores del capital, que ven disminuidos sus niveles de actividad, que ven incrementados sus costos, ven licuados sus patrimonios y los valores de sus empresas o sus negocios. En fin, estos son procesos dramáticos, y de esto estamos llenos en la historia argentina. Lo que es tan frustrante es que habiendo vivido lo que se ha vivido, digamos para no ir más atrás en los treinta y pico de años de democracia, no hayamos aprendido que estos son procesos de licuación. Y que en vez de buscar consensos, y buscar un terreno en terreno común, volvamos a recaer en versiones subjetivas, auto referenciales y medias mesiánicas, de creer que somos refundacionales cada vez que llegamos al poder ¡Estas cosas son de una gran frustración!

grinspun2.jpeg

Anuncios