Las nuevas locomotoras del trencito del Parque son propulsadas por baterías recargables, con la misma tecnología que un auto eléctrico. El martes inauguraron la segunda. Pero aún tienen cuatro locomotoras que funcionan desde 2001 con Gas Licuado a Petróleo (GLP), uno de los combustibles menos dañinos pero que de todas formas emite gases de carbono. Quieren remplazar todas. El director de Turismo de Iguazú, Iván Piedrabuena, participó de la inauguración en nombre del Ministerio de Turismo de Misiones.

Por Micaela Papatino.

Puerto Iguazú (Domingo 2 de septiembre). La tierra colorada llama la atención desde la ventanilla del avión. Los ríos se vuelven rojizos y hay cuatro o cinco tonos de verdes, todos brillantes, como saturados por el contraste con el cobrizo. De pronto: la maravilla. La tierra se corta y miles de litros de agua se desploman en simultáneo por enormes abismos que terminan en una bruma sostenida.
Las Cataratas de Iguazú, en Misiones, son un espectáculo magnético y su encanto se refleja en la cantidad de visitas que recibe. Esta semana alcanzó un récord de turistas para esta altura del año, pero la zona, como área protegida, demanda un cuidado especial para su conservación. Por eso la inauguración de la segunda locomotora 100% ecológica para el Parque Nacional Iguazú y el Día Nacional del Árbol fueron celebrados casi con la misma fuerza en la provincia.
La tecnología de las nuevas locomotoras que llevan a los circuitos por donde pasan los 275 saltos están a tono con el sitio que en 2012 fue declarado una de las nuevas maravillas del mundo. Son propulsadas por medio de baterías recargables, con la misma tecnología que un auto eléctrico, y evita el uso de lubricantes que son potenciales contaminantes. Pero al Parque aún le quedan cuatro locomotoras que funcionan desde 2001 con Gas Licuado a Petróleo (GLP), que es uno de los combustibles menos dañinos pero que de todas formas emite gases de carbono. La idea es, de a poco, ir desplazando esa tecnología, y ya anunciaron que el año que viene incorporarán la tercera.
Las mariposas parecen hojitas voladoras en el Parque. Se las ve de a decenas, como pequeños torbellinos, y hasta se posan sobre las cabezas de las personas. También por todos lados se ven a los coatíes, que, acostumbrados a recibir (y conseguir por sus propios medios) comida de la gente, ahora padecen enfermedades propias de los humanos. Pero la cantidad de flora y fauna que hay en esta región excede la simple vista. Allí se encuentra más de la mitad de la biodiversidad del país. Esta riqueza natural extraordinaria demanda tecnología de punta para resistir el flujo de turistas sin dañar al medioambiente, tan castigado históricamente por la humanidad.
El Día del Exceso de la Tierra este año cayó el 1 de agosto. Según los especialistas, en esa fecha se llegó al tope de consumo de la naturaleza y todo lo que se extraiga de ella hasta fin de año es más de lo que el planeta puede brindar. Y hay un dato aún más preocupante: cada año, la fecha se adelanta.
En este esquema, los árboles cumplen funciones ecosistémicas vitales. Su cuidado es una de las vías que ayudan a reducir los efectos del cambio climático. Misiones cuenta con más de 1,6 millones de hectáreas de bosques nativos y, para la provincia, que haya una política de forestación controlada es un tema central. Por eso, durante la celebración del Día Nacional del Árbol, Bergman hizo hincapié en ForestAr 2030. El programa tiene el objetivo de llegar a forestar a 2.000.000 hectáreas de bosque implantado para 2030 y forestar 20.000 hectáreas anuales de bosque nativo. Es decir: que todo ese territorio se destine a plantar árboles para ser utilizados como materia prima. La idea es producir puestos de trabajo y fomentar el desarrollo económico de la actividad forestal sin descuidar la Tierra, y en consecuencia, a la humanidad.
Los pueblos guaraníes originarios de la región noreste argentina tenían (y algunos aún hoy lo utilizan) una trampa típica para cazar animales llamada aripuca. A pocos kilómetros de las Cataratas del Iguazú hay un parque que tomó esa idea y la llevó a gran escala: con enormes árboles rescatados, crearon una gran estructura con la forma de ese mecanismo para impulsar la toma de conciencia. Si no se cambia el rumbo, el ser humano está construyendo su propia trampa, dice la autora de esta nota, Micaela Papatino, es un escrito para el diario Clarín.

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