De nuevo, el turismo rural vendría a inyectar recursos a las empobrecidas economías regionales. Es que la filosofía de esta actividad busca contribuir con un modelo de desarrollo rural integrado, complementario a la actividad productiva, potenciando los recursos naturales y culturales propios. Los experimentos individualistas del pasado no funcionaron. Sin embargo ahora apuestan a avanzar de manera organizada y en conjunto, como región.

Por el magister Jorge Posdeley (*), para Misiones Plural.
Posadas (martes 18 de septiembre). El turismo rural resurge en la región, de nuevo, como una alternativa para paliar la debilitada economía de los pequeños productores locales, una situación o una experiencia que ya la transitamos como para contar con esa experiencia.
Están frescos los antecedentes de emprendimientos locales que comenzaron a abrir sus puertas al turismo en la década de los 80 y principios de los 90, en plena y similar crisis, a pesar que a la fecha quedan operando muy pocos de esos históricos emprendedores; siguieron –con suerte- y pudieron sobrevivir los que estaban mejor preparados al cambio de hábito y de costumbre y quienes mejores se adaptaron al cambio y a las necesidades de la demanda.
La problemática del turismo rural para Misiones no es nueva. Hubo, a lo largo de más de 30 años, varios intentos con programas de fortalecimiento de la actividad a partir de la consolidación del emprendedurismo de productores rurales que vieron, en la actividad turística, un paliativo económico capaz de ayudar con los costos fijos o que esos ingresos provenientes del turismo vayan a la alcancía de la que saldrían, por lo menos, el pago a los servicios básicos. Sin embargo pocos de los primeros emprendimientos se mantienen hoy como oferentes de servicios y son menos aún los que ingresaron al mercado o las cadenas de comercialización. Sin embargo, son muchos más los emprendimiento que a largo de este tiempo desaparecieron como oferente en actividad turística.
Esta actividad surge en Misiones a finales de los 80 y a principios de los 90, en pleno modelo de recesión económica, de ajustes y de un fuerte deterioro social. La pérdida del valor de los productos rurales de la región fue la moneda corriente que afectó a todos nuestros productores; las asimetrías con los países vecinos se volvieron cada vez más incontenible y acuciantes.
Es en este escenario político social de crisis se escucha, por primera vez, el concepto del Turismo Rural como actividad. Esta nueva experiencia del turismo alternativo, entonces desconocido, surge del desembarco y del acompañamiento por parte del Inta a través de su programa de extensión Cambio Rural y de técnicos de la entonces Secretaría de Turismo de la Nación –después Ministerio y ahora, Secretaría nuevamente- a un grupo de productores entusiastas en comenzar a desarrollar el turismo rural. Las primeras experiencias con acompañamiento se localizaron en Oberá y en Comandante Andresito. La mayoría de aquellos primeros emprendedores lo juntaba (termino bien misionero, sinónimo de nucleaba) la necesidad de incorporar a sus hogares un ingreso económico extra, porque los ingresos eran insuficientes y las familias empezaban a perder calidad de vida y, también, como una manera de frenar la emigración de sus hijos hacia las ciudades (salían de las chacras para ir a las ciudades de referencia). Fue cuando surgió la propuesta de incorporar sus emprendimientos al mundo del turismo rural, una alternativa muy viable por entonces.
De esta manera y con acompañamiento técnico asistencial, comenzaron a formar las primeras asociaciones de hecho de emprendedores de turismo rural en Misiones y a las de Oberá y de Comandante Andresito se sumaron, a partir del 2004, los emprendimientos de agroturismo de Capioví, San Vicente, El Soberbio, Aristóbulo del Valle, Dos de Mayo y Colonia Aurora, por citar algunos lugares, que llegaron a aglutinar a unos 90 emprendedores nucleados en la red de agroturismo Unefam (Unión de la Familia agrícola de Misiones), el programa que contó con el financiamiento internacional de la comunidad italiana y con el apoyo del Instituto Sindical para la Cooperación para el Desarrollo ISCOS Liguria (Instituto Sindical para la Cooperación y el Desarrollo- Cisl, Región Liguria-Italia), Iscos Lombardía (Cisl), Cospe (Cooperación para el Desarrollo de los Países Emergentes de Italia).

Sin embargo…

Pero estos productores (siempre asociados a un modelo) nunca pudieron formalizar su asociación civil de manera formal y legal y sólo resultaron un grupo de entusiastas trabajadores conducidos sin personería jurídica. Al desaparecer el acompañamiento formal, técnico y económico, no pudieron soportar la orfandad o la falta de paternalismo. Los propietarios de los emprendimientos, desilusionados, perdieron el optimismo y la voluntad más allá de haber recibido cursos, capacitaciones y, en algunos casos, hasta financiamiento para obras de mejora en la infraestructura básica de sus hogares, siempre con la idea de optimizar el recibimiento de turistas.
Más acá en el tiempo, a mediados de 2015, el organismo de aplicación provincial intentó una vez más reposicionar al Turismo Rural y retomar el liderazgo inyectando nuevamente una batería de optimismo a un grupo de emprendedores. Esta vez la convocatoria tuvo otro perfil, diferente y opuesto a lo que se había hecho: a esta reunión –numerosa pero más selectiva- asistieron los referentes del turismo rural con emprendimientos que apuntaban a un target de servicios y actividades de alta gama.
La inyección de optimismo resulto ser, más tarde, la entrega de subsidios a varios de los emprendedores, de la construcción de un modelo provincial o de la implementación de políticas al sector, la creación de un registro provincial, la elaboración de normativas del sector o la clasificación de las actividades, pero seguían siendo una materia pendiente olvidada en el rol del Estado. De esta manera la actividad, lejos de acercarse, se alejó de la agenda política institucional.
Hace pocos días llegó a su fin en Posadas un nuevo foro turístico destinado al segmento del turismo rural (Turismo en el Espacio Rural), organizado por el Ministerio de Turismo de Misiones y con el auspicio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) y la Ruta de la Yerba. Estuvo destinado a emprendedores, prestadores de servicios, técnicos profesionales y funcionarios de estados vinculados con la gestión política de esta actividad.
Este evento quizás no resultó ser uno más de los tantos que hubo en Misiones sobre esta temática sino que contó, por primera vez, con la participación de emprendedores de otras provincias del Litoral (Chaco, Formosa y corrientes) e, incluso, la intendenta chaqueña de la localidad de Puerto Tirol, quien buscó un acercamiento a la problemática de la actividad consciente de que la capacitación es una de las primeras herramientas necesaria e imprescindible para poder dar los primeros pasos para ir incorporándose paulatinamente al mundo del turismo rural y su gestión local.
Pero a pesar del paso de los años, de los vaivenes propios de la actividad y frente a un nuevo escenario de profunda crisis económica nacional y regional, el turismo rural resurge tranqueras afuera del emprendimiento y se presenta, de nuevo, como una alternativa económica viable para contrarrestar la crisis y aportar a la economía familiar dinero extra que proviene de otro sector económico.
Este foro tuvo, esta vez, representantes de la región. Fue un escenario de reunión regional propicio para analizar los errores detectados que arrastra la actividad y proyectar un cambio de mentalidad emprendedora conforme a los tiempos modernos.
Al final de tanto tiempo y tanto recorrido al momento de presentar propuestas se perfila una atmosfera diferente. El colectivo concuerda que los esfuerzos individuales provinciales (muchas veces egoístas sin conducción técnica y profesional) para el progreso de la actividad será mucho más difícil que de manera organizada y en conjunto como región.
También concuerdan que la actividad debe incorporarse a la agenda de la política de Estado nacional y la reunión de Posadas contó con referentes de gran parte de la región turística del Litoral, quienes coincidieron en la necesidad de que el turístico rural se incorpore como producto turístico al Ministerio de Turismo de la Nación o a su nueva figura política, ahora degradada como secretaría, como un gran desafío de cara hacia el futuro inmediato.
De nuevo, el turismo rural intenta –de la mano de los productores- reconvertirse económicamente sin abandonar el sector primario de la producción y convivir con el sector de los servicios, buscando una fuente de ingresos extra.
Para ellos cuenta con ventajas sustanciales. Esta actividad permite poner en valor el patrimonio turístico de cada lugar, revitaliza las costumbres de las comunidades locales, fomenta la participación regional a las fiestas populares, promueve la comercialización de artesanías propias del lugar, revaloriza la gastronomía local, fomenta la preservación y conservación del medio ambiente, además promueve el patrimonio histórico tangible e intangible.
El fenómeno del turismo rural puede contribuir con el desarrollo de otras actividades complementarias, relacionadas con la producción de actividades culturales, deportivas, de entretenimiento y de ocio.
En definitiva, la filosofía del Turismo Rural intenta contribuir con un modelo de desarrollo rural integrado, complementando la actividad agraria, aprovechando y conservando los recursos naturales y culturales existentes en el propio ambiente rural. Pero habrá que apresurarse a fortalecerse frente a crisis que se está llevando por delante a todos; habrá que repensar nuevas estrategias y solicitud de apoyo político.
La crisis ya se llevó puesto al Ministerio de Turismo de la Nación.
Pero el turismo rural persiste ante cada crisis económica, lejos de los mercados y muy cerca de las necesidades.

(*) Magister en Gestión de Desarrollo de Destinos Turísticos y Licenciado en Turismo.

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