Macri volvió a condenar las políticas de los últimos 70 años. El parte del guión de la Oficina de Propaganda de la Alianza Cambiemos para instalar el antiperonismo en la campaña. La astucia es asumirse como gorilas que no sólo ensanchan la grieta sino que trabaja subliminalmente la identificación de parte de la clase media que aspira a diferenciarse de cualquier cosa que huela a popular. Trabajar la antinomia es una vieja práctica política, lo nuevo es el uso de las Tics y la complicidad de los medios hegemónicos.

Posadas (Lunes, 7 de enero) Mauricio Macri volvió a condenar la política de los últimos 70 años. La frase, como todo lo que dice el Presidente, que es muy orgánico, está guionada. La Oficina de Propaganda del Gobierno que utiliza viejos métodos con herramientas nuevas, como las redes, con la novedad 2018 de spam en whatssap y el panóptico imaginado por Orwell, ha instalado como concepto esa revisión crítica de los últimos 70 años. En Villa la Angostura, donde se encuentra de vacaciones, porque Macri y Awada asumen que ser presidente es un trabajo, “mi marido vuelve a casa a las ocho y deja el trabajo en la oficina” llegó a decir con toda liviandad la primera dama, que no es Juliana, sino Awada, banalización desnudada también en Macri cuando confesó que, ya no lee, porque a la salida del trabajo se junta con la familia a ver Netflix, razón por la cual, admite, ya no lee; en Villa la Angostura, decíamos, donde Macri está de vacaciones, vacaciones defendidas de la críticas porque ser presidente estresa, allí, en Villa La Angostura, Macri repitió el libreto: “los argentinos comprendimos que de setenta años de fiesta no se sale en tres”.
Evidentemente será uno de los ejes de campaña además de la bolsonarización de la agenda que manejan e imponen con maestría. Ya en el centro del debate colocaron a Bullrich, a ella, sus pistolas de ciencia ficción y su candidatura a Vice. Y se entra en el juego y se discute. Se discute lo que Peña, Durán Barba y Clarín deciden que se discuta.
La condena a las políticas de los últimos 70 años es una elucubración desde un profundo conocimiento de la historia, de los intereses en pugna y de las miserias de la sociedad argentina. Los que elaboraron la estrategia para las campañas y las tácticas para cada coyuntura, saben. Esta es una derecha ilustrada, aunque Macri y Michetti para mencionar la fórmula, como sostiene Beatriza Sarlo, sean dos ignorantes sin capacidad de la abstracción necesaria para complejizar los problemas y el hijo vergonzante de Rozitchner ande desvariando en tono budista.
Como ya se venía agotando el anti kirchnerismo, los estrategas del anti tomaron las críticas al discurso dominante para reforzarlas. Llevar la antinomia a los últimos 70 años es lo mismo que convocar al anti-peronismo. Y es difícil no caer en la trampa dialéctica del juego. Si la crítica los categoriza como gorilas, la Oficina, lo toma y la acentúa como una caricatura de la realidad. Y sale alguno y dice “somos gorilas y qué”, porque el anti K, que es la versión siglo XXI del anti peronismo es la forma en que los miserables, ¿cómo era que les decía Jauretche?, esos medio pelo que tienen su inconciente a flor de piel, diríamos que promiscuamente expuesto a disposición del deseo, esos miserables, decíamos, se reconocen o pretenden serdiferentes a todo lo que huela a popular. La Oficina, toma la crítica, la caricaturiza y refuerza la identidad del puto gorila. Y cualquier suceso se convierte en acontecimiento para abonar el falso esquema binario. Fue evidente en River o Boca, y más delicado la reacción #mirácomonosponemos ya que sutilmente las tapas de Clarín la utilizaron para abonar la grieta. La grieta como método de aproximación a la realidad. Ahora utilizada con las pistolas Taser.
Con mucha habilidad dejan el campo minado a la crítica. Denunciarlos de gorilas, de vendepatrias o de autoritarios o fachos no sólo refuerza la táctica electoral de la Oficina, sino que desnuda la propia impotencia de homologar la grieta y reproducir los mismos dispositivos en la lucha cultural.
Alcanza con googlear “la fiesta de los últimos 70 años” para encontrar cientos de respuestas que no sólo son reactivas sino argumentativas.
Se empieza por restar para descubrir que se iniciaron en 1948. Gobernaba Perón. Dos más dos: la Oficina instala el antiperonismo y su victoria de 1955.
Muchas de la notas hacen referencia a Eduardo Basualdo, que en “Estudios de Historia Económica Argentina”, marca que durante el período 1946-1955 se plasmó una divisoria de aguas en el desarrollo económico, social y político del país. Por el cambio en la matriz productiva con el desarrollo de la industria liviana y fundamentalmente el aumento de la participación de los asalariados en el ingreso nacional y la institucionalización de los derechos de los trabajadores.
La decadencia de la que habla la propaganda de la Oficina de Peña y Durán Barba, en realidad, se inició en 1976 con el plan Martínez de Hoz, respaldado por la dictadura, de volver a la matriz primaria exportadora y fundamentalmente abrir la economía al capital financiero con la reforma de 1977 y desindustrializar la producción. Precisamente, los tres años del gobierno de Macri tienen semejanzas con las políticas económicas de la última dictadura militar.
No hay argumento que resista la nueva categoría electoral. Pero penetra. No es fácil para la gente común resistir la prédica de los medios hegemónicos. Lo sostienen intelectuales de Unidad Ciudadana cuando desnudan las prácticas de la campaña reducidas a consignas agresivas por su reiteración que no tratan de convencer por la razón sino que están destinadas a la parte del cerebro más primitiva, la reptiloide, que reacciona ante los estímulos en defensa de su espacio vital.
Es en este contexto, en el que el poder ejerce una enorme capacidad de imponer su agenda y de influir en el imaginario de la gente común, que vale la pena rescatar un cuadro que circula en los medios alternativos

la fiesta de 70 años incluye

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