Como si fueran observadores de la ONU economistas de la Fundación Mediterránea dan cuenta de la caída del consumo en supermercados. ¿Qué esperaban? Hace menos de un mes, Marcelo Capello, el presidente del IERAL había dicho se sale de este ciclo de pobreza e inflación a través de incrementar las exportaciones y no del consumo interno y recomendaba seguir el modelo de Chile. Esto abre interrogantes sobre el rol de las ONGs que pretenden ser la voz de la verdad y de la autonomía relativa de los intelectuales que les permite una adscripción al proyecto histórico de las clases subalternas a través de motivaciones ético-culturales, más que económicas.

Martes, 22 de octubre 2019. Como si fueran observadores de la ONU economistas de la Fundación Mediterránea en el último informe de coyuntura dan cuenta de la caída del consumo en supermercados medido en términos reales.
¿Qué esperaban?
Hace menos de un mes, Marcelo Capello, el presidente del Instituto de Estudios Económicos de la Fundación, en una reunión en Córdoba a la que asistió Alberto Fernández, había dicho que en diciembre la pobreza llegará al 35% de los argentinos y que se sale de este ciclo de pobreza e inflación a través de incrementar las exportaciones y no del consumo interno. Fue un contrapunto con el candidato que aseguró: “tenemos que generar dólares y los dólares se generan con las exportaciones. Pero también debemos decir que el 70% de lo que producimos los argentinos va al mercado interno. ¿De dónde salió que alentar el consumo interno y promover las exportaciones son conceptos antagónicos? Hay que empezar a promover el consumo; porque lo que más afectó a la economía es esa idea de que el único camino para combatir la inflación fue restringir el consumo”.
También fue muy claro al decir que “este gobierno del PRO, del radicalismo, de Cambiemos generó este daño. Restringieron el consumo al restringir el salario. Si ganan menos, consumen menos; entonces la demanda sube y los precios bajan. Pero hubo restricción en el consumo y se duplicó la inflación: rompieron todos los moldes de la teoría monetarista”.
No son las recetas de la Fundación Mediterránea. Insisten con sus precnceptos pero después se horrorizan con los resultados. No se dan por aludidos. Capello es autor junto a otros conocidos economistas del grupo de una divulgación con pretensiones evidentes de defender el rumbo de las políticas de Macri ante empresarios. Hace pocos meses aconsejaban seguir las políticas de Chile. “Países exitosos lo hicieron siempre creciendo hacia afuera, con alto crecimiento en inversiones y exportaciones”. Y agregaba “Argentina intentó crecer siempre “hacia adentro”, lo que recurrentemente terminó en una crisis externa y/o fiscal”.
Por supuesto que el power point elogia la apertura comercial de Martínez de Hoz y de los 90 cuando el miembro más famoso de la Fundación, Domingo Cavallo, manejaba las políticas económicas del país, para deslizar que el modelo de Mauricio Macri estaba en el camino correcto y que si alguna falla había no era del modelo sino de los errores o desvíos responsables del Palacio de Hacienda o el Banco Central.
Este mecanismo de denunciar solapadamente describiendo los resultados de las políticas que recomiendan no es inocente. En la Argentina, muchas de las fundaciones y ONGs que trabajan ya sea en el área de la economía o de la educación, están integradas por grandes empresas industriales y de servicios, bancos, emprendedores de renombre, y algunas incluso financiadas desde el exterior. Mediante sus acciones, buscan orientar la economía y hasta la educación hacia el mercado.
Estas fundaciones y organizaciones no gubernamentales tienen destinados en el Presupuesto de la Nación de 2019,nada menos que 7 mil millones de pesos. Pero fuera del manejo del Estado, es el método que utiliza el poder económico para financiar su tropa o sus punteros en la construcción de sentido común en la lucha cultural. Un  claro ejemplo fue el de Laura Alonso quién desde el llano, desde la Fundación Voces Vitales Argentinas reclamaba por la “libertad” en la Argentina El diario económico BAE, en su edición del lunes 21 de enero de 2016, publicó que “el especulador financiero Paul Singer, jefe del fondo NML, donó 100.000 dólares a, la ONG que comanda la diputada nacional del PRO, Laura Alonso”. Lo que es irrefutable es que su Fundación es “representante local de Vital Voices Global Partnership, organización que promueve el “progreso de la mujer” en ámbitos políticos y que funciona desde 1997. Allí es cuando ingresa Paul Singer y su fundación a financiar a Voces Vitales y estrechar la relación con la hoy funcionaria nacional. Además, la fundación internacional dotó a los Fondos Buitres de la funcionaria norteamericana, Madeleine Albright, para el litigio contra el país”, como sostiene Infobaires. Es un ejemplo tenebroso que ilustra la dimensión de la infiltración de doctrinas antinacionales en el escenario político.
El crecimiento de Fundaciones y ONGs, por un lado es promovido por intereses extranjeros, pero lograron ocupar el centro de la opinión pública en la política argentina en los años en que la dictadura de Videla y Martínez de Hoz prohibió toda actividad política en el país.
Con la recuperación de las instituciones democráticas y la vigencia de los partidos políticos, las voces de las Fundaciones, de todo tipo, pretenden ser ecuménicas, que abarcan todo el mundo en defensa de verdades absolutas y corridas de las luchas por el poder que lleva a los políticos al barro.
Este rol de las ONGs escapa a los profesionales que trabajan en ellas, que pueden ser serios y sólidos en sus conocimientos. Son intelectuales que juegan un rol de relevancia en la elaboración de las ideas que transmiten a la sociedad. Pero después de Gramsci sabemos que el ser intelectual no es un significante vacío. Según algunos representantes del pensamiento crítico, los intelectuales no son una clase sino una categoría social, cuya definición no se determina por su ubicación en la estructura productiva sino por la función social que cumplen en tanto creadores de productos ideológico-culturales. Tienen, por lo tanto, una autonomía relativa que les permite una adscripción al proyecto histórico de las clases subalternas a través de motivaciones ético-culturales, más que económicas.