“Todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos…” dice la norma pero aún, adentrado el Siglo 21, “todavía estamos reclamando” que se cumplan derechos que están en los papeles pero que las sociedades resisten, sobre todo cuando están relacionados con las mujeres. La columnista de Plural TV, Myriam Duarte, repasa la concepción de los DDHH y su evolución.

Sábado 28 de agosto de 2021. Los derechos humanos surgen como derechos para los varones libres, en 1789, y mucho después incorporan a las mujeres y a los esclavos, recuerda Myriam Duarte, columnista de Plural TV -programa periodístico emitido por Canal 4 Posadas-. Surgieron como Derechos Hombre, “como se los llamaba en ese momento”, en la Francia de 1789, en el contexto de la Revolución Francesa. “Se declararon como derechos naturales de los hombres, que los tenían de manera innata, por el solo hecho de nacer. De allí aparece la noción de derechos inalienables e irrenunciables”, explicó.
La declaración dejó afuera a las mujeres y a los esclavos. A estos no los consideraban humanos sino una propiedad. Durante la revolución francesa, la revolucionaria y escritora prolífica de su tiempo, Olympe de Gouges, emuló el tratado los Derechos del Hombre y escribió los Derechos de la Mujer: fue guillotinada, a pesar de que era considerada por sus compañeros de lucha como una parte importante de la revolución.
Recién en el año 1948 se publica por primera vez la carta de los Derechos Humanos, donde aparecen nociones elementales la igualdad, la equidad de derechos ante la Ley, de derechos jurídicos, para todos los seres humanos. “Que obviamente las mujeres no tenían ninguna posibilidad de reclamar ningún tipo de derecho porque al no ser reconocidas como ciudadanas, por no tener derecho a otra cosa, que es la posibilidad de tener propiedades, de tener bienes o de heredar, quedaban fuera de muchas de las formas de la estructura jurídica del momento”, explicó Duarte.
Asimismo, la columnista hizo referencia a que muchas personas no comprenden que los Derechos Humanos no son solamente para los ciudadanos que cumplen la ley, sino para todos, “aunque la quebranten de la forma que sea, de ahí surgen dichos como: ‘por qué el delincuente tiene más derechos humanos que la víctima’, siendo que no es así, sino que tienen los mismos derechos humanos, aclaró Duarte. Debido a esta incomprensión que muchas personas tienen, resulta muy importante educar a la ciudadanía desde la escuela, para que comprendan esta cuestión”, explicó.
Duarte abordó, desde el comienzo de sus columnas en Plural TV, distintos temas que se inscriben en la lógica de los Derechos Humanos, a los que considera “una partida fundamental para explicitar por qué es importante que, en el uso del lenguaje, que lo que se quiere decir se diga; no que parezca que se quieren decir las cosas y entonces las damos por dichas, justificando cierto uso del lenguaje desde esa lógica. Por ejemplo, el hecho de que la palabra ‘hombre’ involucraría a todo el género humano y sostiene la idea -desde el feminismo- que si hay un salón con 200 mujeres y entra un varón, y a partir de ese momento empieza a ser ‘los’ asistentes; en masculino. Si fuera a la inversa, ni pensarlo. Bueno, el lenguaje dice lo que quiere decir. No quiere decir otra cosa, y no hay que darlo por hecho de esa manera”.

-Derechos humanos y lenguaje…
-Lo que permite llegar a esta conclusión de manera sencilla es analizar dónde nace el concepto de Derechos Humanos: a partir de la Revolución Francesa. E instaura la noción de derechos del hombre y del ciudadano que se declama de tal manera, como Derechos Universales, provenientes del Derecho Natural, y se trabaja con el concepto de Derecho Natural de aquello que, por el hecho de ser humano, a vos te corresponde por naturaleza. Que no hace falta que haya un derecho jurídicamente escrito, conocido como derecho positivo. Esto es como el origen de la concepción de los Derechos Humanos, pero luego cuando se sancionan -después de la Revolución Francesa- dejan de lado a las mujeres y a los esclavos, que todavía no tenían la categoría de humanos. Es decir que habla explícitamente de los varones, de los hombres, y de los hombres franceses en particular. Pero del movimiento revolucionario participa una mujer con trayectoria, que tiene un rol preponderante en todo el movimiento revolucionario francés: Olympe de Gouges, que luego de publicados los Derechos del Hombre y del Ciudadano se tomó el atrevimiento de emularlos y escribir el Derecho de las Mujeres y las Ciudadanas. Esto la lleva a múltiples confrontaciones de sus compañeros -que sí la veían hábil y habilitada para ser una revolucionaria-, pero no para reclamar derechos. La declaran traidora y fue guillotinada. Claramente cuando se habló de Derechos del Hombre, hablaban de derechos de los hombres, no del género humano. Con el tiempo, estas normas se modifican. Desde fines del Siglo XIII evolucionan sobre todo después de las guerras mundiales del Siglo XX, cruentas y con millones de muertos, con un nivel de crueldad ejercido sobre las poblaciones invadidas. Acá ingresa la violación como manera de tortura. En la Europa del Este -Serbia, Kosovo-, una de las herramientas de tortura habituales es la violación de las mujeres por parte de las tropas, que se ven obligadas a parir hijos de sus enemigos. Esa es una lógica perversa de un mecanismo de guerra que evidencia de una manera muy concreta el por qué la violación es una forma de tortura. En 1948 se publica por primera vez la carta de los Derechos Humanos y si bien hay más noción, tampoco es muy explícita. Las cuestiones específicas de las mujeres aparecen en décadas posteriores, pero sí aparecen nociones elementales como las que reclamaba Olympe de Gouges: la igualdad, la equidad de derechos ante la Ley, de derechos jurídicos. Obviamente las mujeres no tenían ninguna posibilidad de reclamar ningún tipo de derecho porque no las consideraban ‘ciudadanas’ ni tenían derechos a tener propiedades o a heredar; quedaban afuera de la estructura jurídica del momento. Sin embargo, la Carta reconoce la igualdad de derechos ante la Ley, la igualdad con la que nacemos. Dice el artículo primero: todos nacemos libres e iguales en dignidad y de derechos…

-‘Pero’… Ya sé que no dice ‘pero’, aunque el ‘pero’ es cultural…
-Exactamente. El “pero” es lo que después implica trabajar sobre ese “pero” para que ese derecho pueda, en algún momento, ser un derecho real. No solo declamativo. De hecho, en esa lucha todavía estamos; recordamos los derechos reconocidos hace muy poco que es el derecho de las mujeres sobre los hijos. La posibilidad de engendrar, de parir, de criar; la obligatoriedad cultural de educar, de alimentar, de criar sin ningún derecho sobre los niños hasta finales del Siglo XX en Argentina. Ahí vemos que hay un intento de evolución que toma más de 40 años, que se empieza a implementar en algunos países de manera esporádica. Y en esa instancia, la primera desde 1948, lo primero que se plantea son los derechos civiles y políticos, entre otras cuestiones: la igualdad jurídica ante la Ley, con los derechos ante la denuncia, sobre maltratos y sobre los derechos civiles. Primera instancia con derechos de primer orden; los de segundo orden son los económicos, sociales y culturales, derechos mucho más evolucionados donde se nos ofrece a todos los seres humanos la misma posibilidad de acceso a un factor que para mí es fundamental, que son los bienes culturales. A partir de ahí se empieza a trabajar. Estamos hablando a finales de la década de los 70, 76 cuando se publican y a partir de ahí se empieza a trabajar sobre los derechos económicos, sociales y culturales. La posibilidad de acceder a un trabajo digno, que no cuestione la dignidad del ser humano. Hablamos también del derecho a la producción, a la difusión, y al disfrute de los bienes culturales, que es una cosa ya, muy de avanzada.

-Derechos humanos cuando se trata del Estado…
-Es un aspecto fundamental; revisar por qué cuando hablamos de los Derechos Humanos estamos hablando de los Estados y no de las personas. El Estado es el garante de los Derechos Humanos, y digo esto porque suelen cuestionar por qué valen más los Derechos Humanos de los presos que de las personas que sufren delitos. No, no valen más, los Derechos Humanos son Derechos Humanos. Una persona que va detenida a una cárcel, va preso por cometer un delito, porque hay un Estado que dicta normas, que vigila su cumplimento y que sanciona su incumplimiento. Entonces, si cualquiera de nosotros secuestra y asesina a una persona, va preso de por vida porque nos convertimos en delincuentes que han cometido delitos de secuestro, de tortura, de muerte, dependiendo de la situación. A partir de ahí el individuo, o individuos, se convierten en delincuentes. Ahora, si el Estado, que es el que legisla, el que tiene que vigilar el cumplimiento de esas normas, sancionar su incumplimiento, agrede todas las normas que redacta el propio Estado, ¿quién defiende al ciudadano ante esa situación? Hay una indefensión total. Por eso, todo lo que trate sobre Derechos Humanos es un reclamo que se le hace al Estado, y el Estado es el único que puede garantizar y tiene la obligación de hacerlo. Por eso es el Estado el que debe intervenir en la formulación de normas, en la ampliación de derechos. Y ampliación de derechos implica esto: nadie está obligado a hacer una cosa, sino que amplían las posibilidades de otras personas a hacer cosas que antes no podían. Y en estas cosas entran cuestiones como lo que tiene que ver con el derecho a la identidad, que se inicia en Argentina con las Abuelas de Plaza de Mayo, y que después evoluciona a otros ámbitos; también hablando de la diversidad sexual y de género, donde también se reconoce el derecho de la persona a su propia identidad.

-Me parece importante resaltar esta cuestión: para el ciudadano que mata -por ejemplo- a un policía está la justicia común. Pero si un policía mata a un ciudadano, están los Derechos Humanos. Tiene que ser así porque se trata del Estado actuando en contra de la población…
-Es así porque el policía no es un funcionario más, es un funcionario público al que, además, el Estado le delegó un rol que tiene que ver con la seguridad, el cuidado y la integridad de los bienes del ciudadano: por eso le da el derecho legal de utilizar un arma de fuego. Entonces tiene una condición que cualquier ciudadano no tiene. Y además, cualquiera que es funcionario público tiene otra función ante la Ley y ante el cumplimiento de este tipo de normas al compararlos con cualquier ciudadano común que no forme parte del Estado. Entonces, esto es muy importante, salir de esa lógica que se trata de confrontación de sectores de la sociedad. Porque quien debe garantizar, aplicar e implementar, y en todo caso, sancionar los incumplimientos en materias de Derechos Humanos es única y exclusivamente el Estado. No hay otra instancia. Por eso cuando se transgreden los derechos a nivel de Estados nacionales, hay cortes supranacionales que sancionan a los países, que sancionan a los Estados por el incumplimiento, o por la transgresión de estas normas que son su obligación.

-Cuesta mucho que se entienda esto ¿no?
-Cuesta mucho pero me parece que hay escaso trabajo todavía en concientizar respecto a esto; creo que una herramienta fundamental que no se está utilizando lo suficiente es trabajar en estas concepciones, sobre todo, desde la infancia en las escuelas. En el sistema educativo, muchas veces estos conceptos no están claros, y si no se los transmite a temprana edad, quedan siempre como una cuestión difusa o como una cuestión peyorativamente ideológica, o ideologizada. Pero en realidad es un acuerdo común establecido por unos 170 países; creo que son 170 en este momento. No es algo individual ni particular. Es un acuerdo del Estado, de normas que se obligan a cumplir.