Mientras el radicalismo insiste en analizar la economía misionera desde una crítica a la política fiscal, se conoció ayer un trabajo de Moody`s, la calificadora de riesgo internacional, que elogia la administración en la provincia de Misiones. En esta nota, el economista misionero Federico Villagra habla de crecimiento argentino pero recuerda que “crecimiento no es desarrollo.
Por Federico Villagra.

 

Posadas (Colaboración especial). El gobierno de Mauricio Macri anunció una doble dirección económica. Por un lado la política antiinflacionaria y en contraposición, reducir el déficit fiscal del 5,8 por ciento del PBI. Sin embargo, los primeros pasos fueron únicamente por la política inflacionaria, aumentando las tasas de interés alrededor del 40 por ciento a costa de una caída en la actividad económica por el encarecimiento del crédito.
Se rebajaron y eliminaron las retenciones a las exportaciones agropecuarias, se elevó el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias y se incrementó el gasto social. A ello se sumaría el programa de reparación histórica a jubilados y pensionados, agravando aún más el déficit fiscal.
Todo esto enmarcado en la necesidad de retorno a una economía de mercado. Este cambio de paradigma, indispensable para que sea el sector privado y no el gasto público el que tome la iniciativa y empuje la economía, tuvo efectos adversos para la economía con una inflación rozando del año pasado del 40 por ciento anual, aunque descendiendo su velocidad, y un déficit fiscal por las nubes en 2016.
Este comportamiento de mala política fiscal y la acumulación de déficits fiscales insostenibles que se financian alternativamente con impuesto inflacionario (emisión monetaria “de más”) y/o deuda, son la explicación de la decadencia argentina y su pérdida de PBI per cápita.
Esto no es culpa del gobierno de Macri sino de una acumulación de desidia de 50 años de mala política fiscal.
La historia de Argentina y Chile de los últimos 50 años tiene el mismo comienzo: el problema del déficit fiscal. Ambos países poseían déficit fiscal en la década del ‘60 y ‘70. Sin embargo, lo que para Argentina continuó siendo constante, en Chile fue un firme cambio de comportamiento. Desde 1961 a la fecha (56 años), Argentina tuvo déficit fiscal el 93% de ese tiempo, mientras que Chile sólo el 57%. Pero el gran cambio se da en los últimos 30 años.
Las políticas fiscales opuestas (deficitaria contra superavitaria) conducen a resultados también opuestos en materia de inflación y PBI per cápita. Permanentes y crecientes déficits fiscales llevan a elevada inflación con estancamiento económico y caída del PBI per cápita. Por el contrario, superávits fiscales llevan a crecimiento económico “en serio” con aumentos de PBI per cápita. Es más, el ahorro público acrecienta la masa total de ahorro disponible en la economía permitiendo que la inversión pública sea financiada con recursos genuinos (ni deuda, ni inflación) sin generar crowdingout del sector privado ni volatilidad del tipo de cambio.
En resumen es clave que la Argentina vaya acortando la brecha del déficit fiscal para que el crecimiento sea puro y sostenido. En este 2017 es probable que la economía crezca porque se derribaron las barreras que impedían el crecimiento (subsidios, alta emisión monetaria, cepo cambiario, presión fiscal, etc) pero, hay que entender que crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y la gran pregunta es si el desarrollo de largo plazo vendrá.
La realidad es que el déficit ha aumentado en todo el 2016 porque el gasto está creciendo alrededor de 10 puntos por encima de los ingresos, poniendo bajo riesgo el cumplimiento de la meta de superávit primario de 2017 (5% del PIB), por otro lado la inercia inflacionaria viene bajando pero la mayoría de las estimaciones coinciden en una inflación anual del 20%, 2% por encima del límite superior propuesta como meta por el BCRA.
Es difícil en un año de elecciones contener el gasto público, pero el diferimiento de pagos de 2017 y el blanqueo fiscal darán un aire fresco a las finanzas públicas para ir disminuyendo paulatinamente el déficit fiscal enquistado del Gobierno anterior.

La obra pública no será el motor del crecimiento

Definitivamente la obra pública viene cayendo y no será el motor pujante del crecimiento. El Gobierno apunta a los objetivos bilaterales (reducir la inflación y el déficit fiscal), en estos dos objetivos que tiene el gobierno la batalla contra la inflación la viene empatando pero la batalla para reducir el déficit la viene perdiendo pero se espera que al menos la empate al finalizar el 2017.
Asimismo al estar ensimismado con estos dos objetivos centrales necesariamente se les va escapando el nivel de actividad. Como al tratar un cáncer, esta quimioterapia en la cual se está tratando al paciente deja con efectos adversos en el nivel de actividad y de empleo del País.
En este marco, si se tiene en cuenta que la elevada presión tributaria ahoga al sector privado y no deja que la economía crezca es imprescindible seguir bajando impuestos para que la economía recupere vitalidad para empujar al desarrollo.
En cuanto a la inflación, hay dos temas a tener en cuenta: la puja distributiva y la inflación inercial. Ambas conspiran directamente contra el objetivo de Federico Sturzenegger, en el cual se ha fijado como objetivo primordial como lo dice la carta orgánica del BCRA, que es “preservar el valor de la moneda”.
Sturzenegger se ha obsesionado por bajar la inflación a cualquier precio y de hecho lo está haciendo, pero hay dos factores que presionan a la alza el sistema de precios:
1. El acostumbramiento durante más de 8 años a una inflación promedio del 25%, hay contratos pautados, obligaciones por cumplir con inflaciones calculadas en períodos anteriores.
2. La puja distributiva: si un sector pide un aumento de salarios probablemente otro sector menos productivo pida el mismo aumento para equipararse con los demás. Caso que vemos a los gremios pujando por un salario cada vez mayor independientemente de cuánto será la inflación. Si el empresario debe aumentar salarios, esos aumentos necesariamente van a ir a los precios.
Sin embargo en todos los escenarios posibles la inflación va a ceder, no existe ninguna consultora económica que no haya proyectado una inflación superior al 22%.
Esa inflación de todos modos, tiene un efecto inercial en Misiones, donde las asimetrías son un problema adicional.

Asimetrías internacionales:
Es el diferencial entre precios de los distintos países que se deben al tipo impositivo que cobra cada país y al tipo de cambio real.

Asimetrías interprovinciales:
Es el diferencial entre precios entre las distintas provincias que se deben al tipo impositivo que cobre cada provincia y/o municipio.

El caso misionero

Estos efectos negativos se están evidenciando en la provincia de Misiones en los últimos años. En particular, esta ciudad pasó de ser el distrito con menor desocupación a caer al 10° lugar[1] en el período 2015 – 2016, dato muy relevante ya que implica que los individuos quieren trabajar, buscan trabajo y no encuentran. Además, desde el punto de vista comercial, se tiene que más de 150 comercios han dejado de estar en actividad en Posadas e Iguazú en lo que va del año 2016. Asimismo, la provincia tiene la presión fiscal más alta de todo el país[2], lo que resulta negativo tanto para el productor o comerciante como para el consumidor, ya que para los primeros implica mayores costos y un desincentivo a invertir y, para el segundo, mayores precios por los mismos productos o cambios en sus hábitos de consumo. En este sentido va a contramano de la constitución provincial que dice en su artículo 30 capítulo primero: “El trabajo es un derecho y un deber de carácter social. La Provincia promoverá la creación de fuentes de trabajo y asegurará al trabajador las condiciones económicas, morales y culturales para una existencia digna”.
Por otro lado las exportaciones de la Provincia de Misiones para el primer trimestre del 2016 ascendieron a US$ 76.319.742. Esto representa una caída del 21,5% respecto al primer trimestre del 2015. Por su parte, las cantidades exportadas disminuyeron un 20,6% respecto al año pasado.[3] Esto impacta de lleno a la actividad económica por las asimetrías intranacionales, es decir, Misiones es la única provincia que tributa ingresos brutos a las exportaciones, de esta manera se desincentiva la radicación de empresas en territorio misionero.
Hay que entender que los misioneros sufrimos ambas asimetrías encontrándonos en un callejón sin salida que nos lleva a un precipicio si no se toman cartas en el asunto.
Las medidas deben ser de fondo y coordinadas entre nación, provincias y municipios.
Por un lado se debe atacar a la inflación para que exista una depreciación real de la moneda y por otro lado se deben bajar todos los impuestos en todos los estamentos del estado fronterizo para que las empresas puedan ser más competitivas y así no exista tal brecha entre los precios.
La solución debe abarcar un plan integral que involucre a todos los niveles de gobierno, en el cual, Misiones debe proponer un Plan Estratégico Económico a la nación pidiendo algunos beneficios impositivos para luego ser devueltos con verdadera producción.
La realidad es que todos los misioneros no invierten en Misiones porque no creen y no ven una recuperación. La mayoría de las inversiones son financieras y especulativas, porque invertir en la economía real en Misiones no es negocio por la presión fiscal y el diferencial de precios con las fronteras.

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