La actividad política desplegada ayer y hoy por Hugo Passalacqua puede ser rescatada como paradigmática de la época y el contexto en que le toca gobernar. Del G-20 que es una de las caras del mundo globalizado regresó al interior de la provincia para rescatar la gesta emancipadora de Andresito. Aquí la Renovación se siente heredera de las grandes tradiciones populares y refuerza sus raíces en la historia local. Es un contraste con el macrismo que anula la historia en su afán fundacional. Los billetes con animales en lugar de próceres es el mejor relato de época.

Posadas (Viernes, 1° de diciembre) La actividad política desplegada ayer y hoy por Hugo Passalacqua puede ser rescatada como paradigmática de la época y el contexto en que le toca gobernar. A la mañana de ayer en Buenos Aires participó junto a otros mandatarios provinciales, miembros del gabinete nacional, parlamentarios, y empresarios de la asunción “pro tempore” del presidente Mauricio Macri al frente del G-20. Horas después, a la tarde, descubrió un busto de Andrés Guacurarí, el héroe misionero, en Santa Ana donde se realizó un desfile cívico-militar. Hoy firmó un convenio de cooperación con la Eurocámara Argentina (ECA) para trabajar en oportunidades de inversión de empresas de capitales italianos y otras misioneras.
Tres actos que separados podrían pasar desapercibidos entre obligaciones protocolares, pero que unidos en el campo de la política y puestos en contexto se muestran cargados de profundas significaciones. El contraste entre los imperativos de un Mundo globalizado y el rescate de la gesta de Andresito con anclaje en el proyecto de los Pueblos Libres revela la existencia de una dinámica dialéctica entre lo global y lo local. No son dos caras de Passalacqua, son las dos caras de la realidad secular que el Gobernador sintetiza al insertar en una realidad inexorable, que no se puede cambiar desde aquí, el proyecto misionero. Se puede apelar a “Hombres en su siglo” de Octavio Paz en una aproximación a esa dialéctica entre tiempo y espacio, entre la sociedad del siglo XXI como tiempo y el territorio provincial como espacio.
El pensamiento de Passalacqua tiene un matiz cuando en el G-20 destacó que “abrirnos al mundo es lo mejor que nos puede pasar como país. Se trata de un gigantesco espacio de oportunidades que ahora nos espera y que el Presidente encabece el G-20 nos acerca aún más a una meta de intercambio que no debemos desaprovechar”. Y en el mismo tono hoy se sienta con el presidente de la Cámara Italiana Argentina, Giorgio Alliata Di Montereale con el objetivo de acercar inversiones y fortalecer las pymes. Muestra otro matiz cuando en Santa Ana, al pie del monumento dice emocionado “gracias a que Andresito sostuvo la frontera, no solamente es que somos misioneros, sino que gracias a eso San Martín pudo cruzar Los Andes y somos argentinos, esa es su gran obra. Darnos el concepto de ser misioneros… Andresito jamás tomaba decisiones porque sí, siempre preguntaba al pueblo qué era lo correcto. Sólo en función de las manos levantadas, Andresito se movía y ese legado súper democrático de Andresito, tenemos los misioneros”. Pero son matices que sintetizan una cosmovisión integral que apunta a potenciar las capacidades locales para dar respuestas a los problemas globales y a la inversa, dar respuestas globales a problemas locales.
Los gobiernos populares que en la última década, en nuestra región de América se propusieron ampliar derechos y mejorar la distribución del ingreso, han chocado con ese poder real del dinero. Si los gobiernos populares están ligados indisolublemente al mundo constituido por Estados-nación tal como lo conocemos desde hace 400 años y si quiere después de las revoluciones, francesa y americana, sus fracasos parecen inexorables. Sencillamente porque ese mundo se ha derrumbado. Lo dice el Papa Francisco cuando observa la calamidad del descarte de los trabajadores que han perdido las relaciones directas con el Capital que en las fábricas tenían anclajes territoriales. Hoy, los Estados-nación parecen prisioneros de las decisiones de otros actores internacionales que han acumulado un poder creciente desde la emancipación del capital, que ahora se reproduce a sí mismo independientemente del sector productivo. Por esto y por otra diversidad de causas entre las que hay que computar, la concentración económica y el poderío militar mundial, la vertiginosidad de los cambios tecnológicos; la liberalización de los mercados financieros, el flujo de información en unidades monopolizadas, no se puede negar que el principio de la soberanía de los Estados es cada vez más difuso y meramente enunciativo.
Este es el mundo en el que le toca gobernar a Passalacqua, y también a Macri. Si los actores tradicionales de la política internacional se han convertido en entidades menos autónomas, son evidentes las restricciones que tienen en la toma de decisiones.
En síntesis, la globalización es objetiva con toda su capacidad de destrucción incluida. No se puede ignorarla. Gobernar no es lamentarse sino aprovechar los nichos de oportunidades que genera.
Mientras el gobierno nacional establece alianzas con el sector financiero, con Wall Sreet, se puede decir para entender y por eso apostó por Hillary Clinton que expresa esos intereses, aquí en Misiones, la reacción ante los riesgos acentúa la pertenencia a un proyecto de emancipación provincial que está latente transversalmente en toda la sociedad misionera y sus representaciones sectoriales y políticas.

La historia y el contraste de proyectos

No es un dato menor el rescate de la gesta de Andresito. Junto al gobernador Passalacqua estaba en el acto un funcionario de la Casa Rosada. Allí de pie rindiendo homenaje al “indio”. El momento político tiene dos contrastes. La cuestión mapuche es una. La otra, justo ayer se puso en circulación el billete de 1.000 pesos impreso con la figura de un hornero.
Desde la aparición de la Renovación en la provincia como movimiento político de rupturas y de anunciamientos, se advierte una prédica recurrente en los discursos de Carlos Rovira y de los gobernadores, que tiene el propósito de construir una historia de Misiones, desde un abordaje misionero, desde sus propias fuentes y pensadores, para poner en tensión la tradición historiográfica y convertirlas en algo nuevo, diferenciada de la historia oficial liberal mitrista, pero también de la otra cara de la misma moneda en el que caen algunos revisionismos que no consiguen romper la lógica del centralismo porteño. Gran parte del discurso de Passalacqua da cuenta de su política como evocación del misionerismo artigueano, como un rescate y como una relectura del pasado misionero, regional y latinoamericano. Hay una manifiesta intención, estratégica y doctrinaria de dotar de sentido al movimiento renovador y su rumbo. Ese bucear en las luchas de Andresito y Artigas, constituye una forma de procesar la derrota de los proyectos emancipadores del siglo XX, en el país y en el continente, y a la vez indagar sobre las razones de la situación periférica de Misiones. Andresito habilita a la política misionera un sostén a las pretensiones autonómicas de hoy. El anclaje de la experiencia política en un pasado propio es revitalizador ya que revela el espíritu de una sociedad que, desde su heterogeneidad, encuentra su punto de unidad en los valores democráticos de la gesta de Los Pueblos Libres. Paradojalmente rompe con el pasado para rescatarlo e instala una alternativa, un proyecto popular atravesado por la historia.
Este desafío de sintetizar el ideario de igualdad social como herencia de los luchas por la emancipación de Misiones con la legitimidad electoral del sistema democrático para enfrentar las incertidumbres del mundo globalizado, contrasta con las rupturas con la historia que busca Macri en su pretensión fundante de un nuevo tiempo. La de Macri es una derecha que a diferencia del pensamiento conservador argentino que se siente heredero de la generación del 80 y custodio de los valores occidentales y cristianos, ha establecido una relación de negación con la historia. El macrismo no pretende legitimarse como heredero de tradiciones. Considera que no tiene historia como proyecto político. Paradojalmente, no son sus intelectuales los constructores del relato fundacional sino el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, que al presentar la serie de nuevos billetes con animales autóctonos, dijo: “nosotros vemos esta nueva serie como una celebración de la vida. Sacando esos billetes del siglo XIX, lo que vino después eran todos próceres muertos. Entonces, nosotros dijimos no: vamos a cambiar el foco, vamos a celebrar lo que está vivo, lo que está hoy con nosotros. Lo que estamos representando es un ser viviente, ¿ok? Ese es el primer punto. El segundo punto es que al representar un ser viviente estamos invitando a pensar en el futuro y no en el pasado…”

Hombres en su siglo

En términos futbolísticos podríamos decir que Passalacqua en Santa Ana está marcando la cancha. No elude los imperativos de una realidad compleja que en el mundo desarrollado genera reacciones como como el Brexit y el fortalecimiento del neo-nazismo como recurso desesperado contra el poder avasallante del Dinero, así con mayúsculas.
Octavio Paz, en la recopilación que hace en Hombres en su Siglo, no puede ocultar cierto clima de escepticismo o de melancolía al menos. Desde una escritura ensayística que no deja de lado al poeta, rescata las figuras que entiende han contribuido a la formación de las percepciones de la cultura occidental contemporánea. No se detiene en la biografía de Dotoievsky, Ortega y Gasset, Sartre, André Breton o Joan Miró. En las reflexiones acerca de estos hombres, aparece no casualmente, el análisis de la continuidad entre el pasado y el presente, los efectos deshumanizates de la tecnología moderna y una persuasiva desconfianza del totalitarismo.
Es el contexto en el que no parece casual que el gobernador Passalacqua después del G-20 vuelva al interior de Misiones a rescatar la gesta de Andresito. Es un posicionamiento político ante un mundo complejo y lleno de incertidumbres.

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