Las organizaciones sociales que se movilizan a lo largo y ancho de la provincia y el país ya se asumen como nuevos actores de la política. Ignorados por los partidos tradicionales se organizan para no quedar afuera de la toma de decisiones tirando siempre piedras. Es paso de la calle a palacio es una tendencia en las que está el 21F.

Posadas (Jueves, 13 de septiembre) Las organizaciones sociales, que pueden identificarse como protagonistas de las movilizaciones que se vienen registrando a lo ancho y largo del país en resistencia a la pérdida de derechos, se han transformado en nuevos actores de la política. No hay análisis sociológico que no lo registre. Sin embargo, la dirigencia de los partidos políticos tradicionales pareciera no percibir la profundidad de los cambios en el escenario social determinado por la existencia de una economía que desplaza al 30 por ciento de los trabajadores a la informalidad que, en consecuencia, quedan sin representación genuina.
Esa disociación, digamos entre la centralidad que ganado la calle y la toma de decisiones institucionales la perciben y la sufren esos trabajadores que son los más castigados por las políticas recesivas y destrucción del mercado interno. Lo pusieron de manifiesto Ana Cubilla y Fernando Lafere, que desde el Sindicato Único de Obreros Rurales y el Frente Patria Misiones, se han convertido en dos referentes de la militancia social en la provincia. Pero el proceso, digamos piquetero como sinónimo de lucha en rutas y plazas, está generando necesidades en las organizaciones sociales que ya entienden que no se pueden quedar meramente en la lucha reivindicativa.
En declaraciones formuladas a Plural, que se emite por Canal 4, los dos dirigentes de base intercambiaron experiencias con el ex diputado Hugo Escalada, de identidad alfonsinista que desde la Convención de Gualeguaychú se opuso a integrar la Alianza con Macri.

plural 10 de septiembre 2018 2 (2)
Revelaron que las organizaciones sociales han aprendido con la experiencia acumulada desde los ‘90 cuando se inició en la Argentina la fase más dura del neoliberalismo que es la destrucción del trabajo formal, que la lucha reivindicativa que siempre es impuesta por la coyuntura, no debe dejar de lado la necesidad de trasladarla al ámbito político. “Si no nos paramos en la política nos quedamos siempre afuera y golpeando puertas en la oficina”, reflexionó Lafere. “También lo entendemos desde el nuevo sindicalismo –agregó Cubilla- que debemos dar pie a la participación en la política”.
El referente del FPM destacó seguidamente que “los procesos no son fáciles, pero ya somos conscientes de que la única forma de canalizar los reclamos es influyendo en la toma de decisiones, es decir en la política”. En este sentido precisó que la articulación de lo social con lo político, ya es una tendencia y recordó la conformación del 21F como espacio, precisamente de articulación de lo sectorial con la política. “Nos hemos puesto a la cabeza de la organización que si bien prevalece camioneros por su magnitud, para terminar con el desencuentro de la calle con los partidos”. Admitió sin embargo que la anti-política existe como sentido común en las organizaciones y por eso mismo “el camino es arduo”.
En la charla, Escalada develó que al interior de los partidos políticos tradicionales, que se mueven en función de captar votos, existe una dinámica de la eficiencia siempre en función de sumar votos. Explicó que la concentración de gente en las grandes ciudades, mueve a una lógica que no tiene nada que ver con lo ideológico sino con lo práctico y por ejemplo calcular cuántos votos se pierden si se deja de recorrer el territorio en busca del voto de los tareferos para compensarlo en Villa Lanús o en el centro de Oberá. Fue en ese sentido muy crítico con la disociación entre ideología y acción política. Esa lógica que ganó a los partidos tradicionales, es la que motivó a los sectores más postergados a movilizarse, convertirse en piqueteros, con el propósito de visibilizarse y visibilizar sus demandas.
Alertó también el ex diputado de la práctica habitual de los partidos de cooptar dirigentes sociales para sumar votos pero luego marginarlos en las definiciones de las políticas.
Lafere señaló que la única manera de vacunarse contra la cooptación es precisamente trasferir la organización social a la política, y siempre en base a un programa. “De esa manera es más difícil que te amputen del movimiento”, enfatizó.
Cubilla, que integra la mesa provincial del 21F, coincidió en que en esa construcción política debe ser acompañada de una tarea sistemática de concientización. Pero admitió que es una tarea difícil, porque “muchos compañeros trabajadores rurales ni siquiera saben qué es un sindicato”. Explicó que a pesar del descuento que le hace UATRE, la metodología de la burocracia sindical de la que el Momo Vengas fue un exponente indiscutible, llevó a los trabajadores a no sentir la protección del sindicato. De todos modos se mostró optimista ya que dijo “la defensa de los derechos y cuestionar lo que está pasando lleva a los compañeros a entender que la lucha es necesaria”.
Con referencia a señalamientos del secretario general de Adunam, Aníbal Velázquez, cuando en la 9 de Julio en la concentración por la Universidad, y una plaza que empezaba a mostrar disidencias, dijo “hay que saber dónde está el enemigo y no está entre nosotros, hay que trazar una raya para dejar de un lado el campo popular y del otro el neoliberalismo”.
Cubilla subrayó: “nuestro límite es Macri”. Lafere agregó que “esa raya no es una abstracción, los compañeros la entienden bien claro de un lado puedo pagar la luz del otro no puedo, de un lado pudo pagar la comida o no puedo”.

La cuestión tareferos

Después de un repaso del cuadro de situación Cubilla sintetizó las demandas en lo urgente y lo estructural. Lo primero es defender la interzafra como un derecho y no un subsidio y que puedan cobrarlo los 7.500 trabajadores registrados. Comparó la magnitud del subsidio que el gobierno nacional le otorgó a Techint que sólo en julio, la petrolera de Paolo Rocca se llevó unos 22,3 millones de dólares, lo que representa más de la mitad de los subsidios totales que desembolsó el Estado Nacional, y los tareferos piden se les actualice los 2.300 pesos por mes y que se extienda a los seis meses sin cosecha.
Lafere sostuvo que, sin dejar de atender lo urgente, se deben buscar soluciones estructurales que dejen de lado los subsidios.
Cubilla reveló que siempre las cuestiones laborales chocan con que las regulaciones son nacionales y las cuestiones específicas de la economía yerbatera con que el Instituto es también nacional. Escalada sostuvo al respecto que es necesario que la provincia recupere la potestad sobre la economía yerbatera y recordó proyectos de Vanguardia Alfonsinista de crear el Instituto Provincial.
En la cuestión laboral, en su oportunidad había observado que la mitad de los trabajadores misioneros no están registrados en la economía formal y, dentro de los que aparecen registrados, una parte creciente está precarizada. Es decir que la mayoría de la población económicamente activa es informal o precaria. Se requiere entonces recrear las instituciones que regulan el trabajo que protejan, organicen y representen a esos trabajadores que son la mayoría. La cuestión de los tareferos es un ejemplo, del principio legal de equivalencia de salario: si va a existir una prestación laboral temporaria o flexible, esa flexibilidad no puede servir como pretexto para bajar los salarios, por eso el trabajador temporario o tercerizado tiene que percibir una remuneración equivalente a la del empleado estable similar. Y es lo que reclama Cubilla: dejar de trabajar a destajo, tener un salario que contemple todos los derechos laborales.

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