Los jefes comunales de las vecinas San Antonio (en Argentina) y Santo Antonio (Brasil) admiten que es imposible controlar los pasos clandestinos por donde circulan cientos de personas cada día. “Pasan a trabajar”: entre 600 y 800 argentinos están empleados en las textiles y comercios de Brasil. En Bernardo de Irigoyen aseguran que los pasos sí están controlados.

Lunes 25 de mayo de 2020. El intendente de la localidad misionera de San Antonio, Fausto Rojas, y el jefe de Gabinete de la municipalidad de Santo Antonio (Brasil), Jefferson Ávila, coincidieron que “es imposible controlar los 15 kilómetros de frontera e impedir que la gente cruce hacia y desde esas localidades. “Muchos ciudadanos que trabajan en las textiles ubicadas en Santo Antonio cruzan en forma clandestina para cumplir con sus tareas laborales”, reconoció el jefe comunal de San Antonio, Fausto Rojas.
La norteña San Antonio limita con la localidad brasileña de Santo Antonio, separadas apenas por un hilo de agua (el río San Antonio). En esta localidad del norte oriental de Misiones, la población vive del trabajo público, producción de yerba mate, comercio y la fuente laboral que ofrecen las empresas textiles ubicadas en la localidad brasileña.
De sus siete mil habitantes, cerca del 10 por ciento (un poco más de 600 personas) trabajan diariamente en las textiles brasileñas y otras 200, también según estimaciones extraoficiales, trabajan en comercios de la localidad del país vecino. La ciudad brasileña de Santo Antonio cuenta con una población de unos 25 mil habitantes. Es un polo industrial de confección de ropa, además de desarrollar la agricultura y la producción ganadera.

“Imposible controlar”frontera 4

El intendente de San Antonio, Fausto Rojas, insistió con que es imposible controlar toda la frontera. “Tenemos 15 kilómetros de frontera. El río San Antonio es un hilo de agua muy fácil de traspasar. Cuando comenzó la cuarentena debido al Covid 19 muchos ciudadanos que residen en San Antonio y trabajan en Santo Antonio alquilaron departamentos en Santo Antonio para seguir con su trabajo en esa ciudad. Dejaron a sus familias y se fueron a vivir temporalmente a Brasil” mientras que otros, “cruzan a diario por zonas fronterizas no permitidos. Los menos se quedaron en sus casas y son asistidos por el Municipio y la Provincia”, explicó el jefe de la comuna.
Desde el municipio, otro funcionario que solicitó la reserva de su nombre, confió a Misiones Plural que para impedir el paso de personas de una ciudad hacia otra solo hay cuatro gendarmes. “Es imposible que con esa cantidad de gendarmes se pueda cuidar los 15 kilómetros de frontera que tenemos con Brasil”, indicó.

“Imposible custodiar”

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Por su parte, el jefe de Gabinete de la Municipalidad de Santo Antonio, Jefferson Ávila, también admitió la imposibilidad de cuidar toda la frontera. “La frontera está cerrada, pero hay pasos clandestinos imposible de custodiar”.
En una charla telefónica con Misiones Plural, el funcionario brasileño dijo que “entre 500 y 600 ciudadanos argentinos trabajan en distintas industrias y comercios de Santo Antonio” y que “unas 2.000 personas -entre argentinos y brasileños- tiene relación comercial y familiar entre ambos países. Es imposible controlar toda la frontera”, insistió.
Según este funcionario, hasta el momento su ciudad brasileña “no tiene casos de coronavirus”.

Bernardo de Irigoyen

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Bernardo de Irigoyen y Dionisio Cerqueira (archivo).

Bernardo de Irigoyen, también ubicada en proximidades de San Antonio, en el nordeste de Misiones, es el punto extremo Este de la Argentina y limita con las localidades de Dionisio Cerqueira (estado brasileño de Santa Catarina) y Barracao (estado brasileño de Paraná): tiene frontera seca con ambas localidades.
Desde Bernardo de Irigoyen, su intendente Guillermo Fernández aseguró que incrementaron los controles en la frontera y “esto hizo que la gente no pueda cruzar tanto hacia Brasil ni desde Brasil hacia Misiones”.
Con respecto a la gente que trabaja en Dionisio Cerqueira y vive en Bernardo de Irigoyen, Fernández dijo que “trabajan en comercios, pero cuando se inició la cuarentena y se cerró la frontera, se quedaron en sus casas. Junto con el gobierno provincial reforzamos la asistencia”, dijo el jefe comunal.
En Dionisio Cerqueira se registró, el sábado 23, la primera muerte por coronavirus. Se trata de una niña de 13 años, según publica el portal de noticias Jornal Da Frontera.