La industria, que generaba unos 330 millones de puestos de trabajo y un 25% de los nuevos empleos, además de aportar el 10,3% del PBI global, empezó a detenerse y quedó paralizada para fines del primer trimestre, en lo que fue una crisis para el sector superior a la debacle financiera de fines de la década pasada. Ahora comienza su reapertura con nuevas pautas.

Jueves 17 de diciembre de 2020 (Gustavo Espeche Ortiz para Télam). Tras 10 años consecutivos de crecimiento del turismo mundial, esta actividad que aportaba más del 10% del PBI global se paralizó en 2020 por la pandemia de coronavirus, lo que demandó una acción combinada de organismos multilaterales, que involucró a Gobiernos y al sector privado, en un proceso de resucitación que ya logró reabrir destinos en 152 países.
Las perspectivas en el comienzo del año indicaban una tendencia ascendente similar a la de 2019, que fue del 4% y con unos 1.500 millones de llegadas internacionales -según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT)-, pero con la expansión mundial de la Covid-19 pronto esas expectativas comenzaron a corregirse a la baja.
La industria que generaba unos 330 millones de puestos de trabajo y un 25% de los nuevos empleos, además de aportar el 10,3% del PBI global, empezó a detenerse y quedó paralizada para fines del primer trimestre, en lo que fue una crisis para el sector superior a la debacle financiera de fines de la década pasada.
Las correcciones mencionadas planteaban tres escenarios en base a sendas fechas de reapertura gradual de las fronteras con caídas interanuales de llegadas de turistas del 58% al 78%, de las cuales se cumplió la más pesimista, que proyectaba la relajación de las restricciones de viaje para diciembre (las otras especulaban que ocurriera en julio o septiembre).
El parate no solo implicó que cientos de millones de personas dejaran de viajar por ocio y placer sino que comprometió seriamente las economías de muchos países, en particular los que dependen en gran medida del turismo, con la quiebra de los sistemas hoteleros, aeronáuticos, gastronómicos y de actividades periféricas.
Las pérdidas globales se sintetizan en la baja de 1.100 millones de llegadas internacionales (los 400 millones que cuentan este año corresponden a los primeros tres meses), más de 1,2 billones de dólares menos en ingresos por exportaciones del turismo y unos 120 millones de puestos de trabajo desaparecidos o en riesgo.
Un mes después de la paralización del turismo mundial, la OMT, organismo de Naciones Unidas (ONU) que agrupa fundamentalmente a los gobiernos, comenzó a plantear una salida global para el sector junto al Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, en inglés), que representa al ámbito privado internacional.
En base a indicadores históricos según los cuales después de todas las crisis contemporáneas fue siempre el turismo el primer sector de la economía en recuperarse, trabajaron con la vista puesta en la pospandemia, o en principio en la poscuarentena, y surgió el concepto del “nuevo turismo”, consecuente con la “nueva realidad” planteada a nivel general.
El turismo de naturaleza, la sostenibilidad, la reducción de los viajes masivos y la apertura de nuevos mercados caracterizarán a la etapa venidera, para la cual las empresas y los tour operadores deberán crear productos originales destinados a un turista distinto, cuidadoso de su salud y del ambiente.
En agosto, las dos grandes entidades coincidieron en la necesidad de una reapertura gradual de las fronteras internacionales mediante sendos reclamos, que en el caso de la OMT contó con la participación del secretario general de la ONU, António Guterres, quien dio a conocer el documento “Turismo y Covid-19”
El funcionario, que consideró imperativo reconstruir el sector turístico de manera “segura, equitativa y respetuosa con el clima”, apuntó cinco prioridades para este proceso, de las cuales la primera fue “mitigar los efectos socioeconómicos en los medios de vida, en particular el empleo y la seguridad económica de las mujeres”.
Las otras cuatro fueron: impulsar la competitividad y crear capacidad de recuperación, entre otros, mediante la diversificación económica y el fomento de las pymes; avanzar en la innovación y la transformación digital del turismo; fomentar la sostenibilidad y el crecimiento verde; y dedicar mayor atención a la coordinación y al liderazgo responsable.
El WTTC lo hizo a través de un documento expuesto durante el seminario virtual “El futuro de los viajes y el turismo global”, en el que pidió reabrir las fronteras internacionales, con controles sanitarios, bloqueos internos de zonas de riesgo en cada país y ayudas oficiales.
El consejo propuso cuatro acciones para la recuperación del turismo: apertura de fronteras y la eliminación de barreras; realización de pruebas para el control de la pandemia; adopción de protocolos de higiene y sanitización; y apoyo de los Gobiernos a trabajadores del sector y empresas.
En tanto, la OMT concretó acuerdos con organismos similares, como la Organización Marítima Internacional, para rescatar al sector de los cruceros; la Asociación de Transporte Aéreo Internacional, en el rubro aerocomercial, y la Organización para la Alimentación y la Agricultura, con vistas al desarrollo del turismo rural.
Poco antes de la cumbre del G20 en septiembre, que incluyó un segmento dedicado al turismo, la OMT firmó un memorando de entendimiento con el grupo para impulsar, junto a las mayores economías del mundo, el reinicio de la actividad mediante la generación de confianza en los viajeros y la sostenibilidad como eje de la recuperación y el crecimiento.
En la misma línea, durante la reunión que mantuvo en agosto el Grupo de los 7 más 3 (G7+3), un centenar de CEOs de la actividad turística agrupados en el WTTC pidieron a los 10 jefes de Estado participantes que establezcan medidas coordinadas para salvar a la industria del turismo.
Fue la primera vez que presidentes y consejeros de la entidad hicieron un reclamo de este tipo al grupo conformado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, más España, Australia y Corea del Sur.
Para devolver la confianza a los turistas, el mayor logro del WTTC fue la creación del certificado internacional Sello Viajes Seguros (Safe Travels Stamp), que garantiza que quien lo posee cumple con los protocolos estandarizados de seguridad sanitaria ante la pandemia de coronavirus.
El Sello, entregado paulatinamente a centenares de países, destinos internos, empresas y productos turísticos, fue elaborado según pautas de la Organización Mundial de la Salud y del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, con el respaldo de la OMT y más de 200 CEOs de los principales grupos empresariales del sector.
En el último mes del año, los registros de la OMT indican que hubo una flexibilización en las restricciones internacionales en 152 países, que representan el 70% de los destinos.
Ambas organizaciones esperan que con la distribución de vacunas y las nuevas regulaciones turísticas, las pérdidas se reduzcan a 1 billón de dólares al culminar 2020, y que para 2022 se concrete la recuperación y que el impacto económico del turismo en el mundo pueda crecer hasta un 25% respecto de 2019, el último período prepandémico.

La Muralla China, sin turistas.